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Más agua fría: esta vez, un jarro

Al Atlético, que suele hundirse para defender el balón parado del rival, le dio esta vez por salir del área. Concedió ahí un espacio terrible para cualquier movimiento que no fuera colectivo a la hora de retroceder para ajustar las marcas o de adelantarse más aún para provocar el fuera de juego. Efectivamente, Rice la puso y Gabriel la remató mientras los rivales se miraban. Tirando de su arma favorita, el Arsenal se adelantaba en el marcador cerca de la hora de juego, ante un equipo que había plantado cara y que de hecho reaccionó con orgullo, rozando el empate en las botas de Giuliano.
Pero a Simeone le entró la prisa, o vaya a saberse qué. Y tiró de triple cambio de repente, sacando a Giménez del ancla o a Koke del timón por ejemplo, introduciendo a Ruggeri o Gallagher por ejemplo también. Menos de diez minutos después, el Arsenal había marcado otros tres. Es el de Arteta un equipo inmisericorde, que te aguanta el tiempo que haga falta, que te destroza después. En el segundo quedó en evidencia precisamente el inglés del Atlético, por bien que lo hicieran Lewis-Skelly y Martinelli, en los demás revivió Gyokeres, sospechoso en el Emirates hasta que el equipo del Cholo llegó a su vida.
Gol de Gabriel Magalhães (1-0) en el Arsenal 4-0 Atlético
Y por ahí se fue por el sumidero de forma sonrojante un partido nivelado hasta el gol y los cambios, en el que el Atlético recordó a golpes la pelota que había estrellado Julián en el larguero, ya en la segunda parte y sin muescas de los cañoneros aún que lamentar. Porque el resto corrió a beneficio de inventario, Griezmann y Almada al campo, Arteta completando a su vez la rueda para mostrar la profundidad de un plantel que parece mejor que el de enfrente, las cosas como son… aunque sin tanta diferencia.
Gol de Martinelli (2-0) en el Arsenal 4-0 Atlético
Para comprender los parámetros en los que se maneja ahora mismo la entidad inglesa, en todo caso, conviene atender a la titularidad de Eze, que costó 80 millones, uno detrás de otro, más o menos lo que Julián al Atlético, cuando en plena temporada ya, pero con el mercado abierto aún, la lesión de Havertz invitó a reforzarse. O sea, Berta ha hecho por un complemento desembolso similar al que un año antes había hecho por una referencia. Simeone, a todo esto, ha cogido el gusto a sorprender con Sorloth de salida justo después de que el noruego despache minutos horribles de refresco: lo hizo en el derbi pese a la expulsión de Mallorca, repitió en Londres tras ‘lo’ de Osasuna.
El arranque fue difícil por doble vía: porque la banda derecha del ataque local era un martillo pilón, con Timber y Saka haciendo la vida imposible a un Hancko demasiado lento y con escasa ayuda, y porque se repetían los errores en la salida. Uno de Giménez a las primeras de cambio, por ejemplo, derivó en un disparo de Eze que, desviado involuntariamente por Hancko, se endiabló hacia la portería para topar afortunadamente con el larguero. Por ahí se salvó el Atlético, que aún concedería un disparo raso y desviado de Lewis-Skelly.
Gol de V. Gyökeres (3-0) en el Arsenal 4-0 Atlético
Pero aquello no llegó a ser lo de Anfield. Ni hubo que lamentar daños ni tardó tanto en rehacerse una escuadra, la rojiblanca, azul en este caso, que a partir de la asociación fue ganando metros. La gran ocasión visitante tuvo otro origen, sin embargo, el de la extraña capacidad de Giuliano para pelear pelotas que nadie en su sano juicio pelearía. Aquella era de Raya, o eso parecía, pero el pequeño de los Simeone apretó para forzar un error que se tradujo en saque de banda y aún tuvo la inteligencia de ponerla rápido en juego para habilitar a Julián sin que al meta le hubiera dado tiempo a regresar. La Araña, para chasco de su compatriota, no picó por un palmo.
Gol de V. Gyökeres (4-0) en el Arsenal 4-0 Atlético
El partido se había nivelado, así que el árbitro optó por asumir el protagonismo. Primero con una tarjeta a Giménez que se pudo ahorrar perfectamente, después en una falta a Nico con la que se hizo el longuis para que Martinelli viera puerta asistido por Saka, para desgracia de ambos en fuera de juego. Luego, por el qué dirán, fue Zubimendi el que se llevó amarilla, en un tramo final del primer acto marcado por dos equipos que, a falta de algo mejor, ponían en el área saques de banda largos. Así que aquello estaba al descanso tal y como tres cuartos de hora antes. Luego pasó lo que pasó. Lo de Julián primero, la hecatombe después. Después de la ducha del lunes, más agua fría. Esta vez en forma de jarro. De cuatro jarros, para ser exactos.







