Economia
Perspectivas de Ricardo Ávila: Recorriendo el Otro Lado del Charco

Luego de entregar el encargo en una vivienda del noroeste de Madrid, Leonardo Rodríguez se muestra dispuesto a responder un par de interrogantes. Relata que es originario de Venezuela y que arribó hace un año y medio a la Península Ibérica sin otro objetivo que el de subsistir y forjar el futuro que su nación no le ofrece.
“Ahora tengo documentos”, menciona, por lo que aspira a una ocupación superior a la de recorrer las calles de la capital española en bicicleta, un trabajo que se le ha vuelto más exigente en estos días a causa de una serie de jornadas frías y lluviosas. “Vamos hacia adelante”, finaliza sonriendo, justo en el momento en que se impulsa en los pedales y se desvanece en la penumbra de la noche.
Existen numerosos casos similares en un país cuya imagen se transforma a pasos acelerados debido a los movimientos migratorios. Hace un mes, el Instituto Nacional de Estadística de España reportó que la población residente en el país había alcanzado un récord histórico de poco más de 49 millones de personas al inicio de 2025.
De dicho total, 9,4 millones nacieron en el extranjero, lo que representa una participación del 19 por ciento. Hace diez años, la proporción era del 13 por ciento, lo que deja claro que ha habido una notable aceleración en tiempos recientes.
Son diversas las nacionalidades responsables de tal incremento. Sin embargo, indudablemente, el principal protagonismo lo tienen los latinoamericanos, cuyo impacto en las cifras es creciente y se aproxima a la mitad del total registrado.
Desde inicios de la presente década, Colombia es el país que más contribuye con migrantes a la “madre patria”. Según el INE, solo en el último trimestre de 2024 llegaron 43.400 oriundos del “país de la belleza”. En comparación, de Venezuela llegaron 30.500, de Marruecos 27.700 y de Perú 18.800, entre otros.
Al observar los totals acumulados, los marroquíes suman cerca de 1,1 millones, mientras que los colombianos superaron los 900.000, el doble con respecto a 2019. Más atrás, en este orden, están los venezolanos, rumanos, ecuatorianos y argentinos.
Este notable flujo provoca que la diferencia con el pasado reciente sea evidente. Por ejemplo, al comienzo del siglo, la cantidad de oriundos de América Latina que residían en la Comunidad de Madrid apenas superaba los 80.000. Ahora, la cifra asciende a más de un millón, es decir, uno de cada siete habitantes de la capital y sus alrededores. Comportamientos similares se observan en Barcelona o Valencia y sus aledaños, otros dos destinos importantes.
España no requiere visa a los colombianos para ingresar a su territorio. Foto:iStock
Nueva realidad
Detrás de esa transformación hay múltiples factores. Para empezar, un acceso privilegiado debido a razones históricas que se traduce en un proceso más ágil para obtener la nacionalidad: dos años de residencia para quienes provienen de las antiguas colonias frente a diez para los demás. Poseer un Documento Nacional de Identidad expedido por el Reino de España facilita el ingreso al mercado laboral en la Unión Europea, compuesta por 27 países.
A esto se suma una política pública de apertura hacia el inmigrante latinoamericano. Personalidades como el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, se encuentran en posturas ideológicas divergentes y no ocultan su antipatía mutua. Sin embargo, cada uno frecuentemente reconoce “a los españoles de ambos lados del Atlántico”.
En contraste con lo que sucede en otras naciones de Europa que reciben migrantes con un trasfondo distinto, tanto en términos de lengua como de costumbres o de religión,en el caso de los latinoamericanos la adaptación es más fácil. Esta rápida integración facilita sumarse con agilidad al ámbito laboral, sin ignorar que persisten obstáculos de acceso en diferentes sectores.
Por otro lado, surge la solución a un problema que representa un gran desafío en muchas sociedades. La llegada de individuos provenientes del continente americano es fundamental para equilibrar la disminución en la natalidad. La cifra más actual revela que en 2023 nacieron en el Viejo Continente 3,7 millones de bebés, casi la mitad que en 1964. En el caso de España, la cifra fue de 322.705 niños.
Al analizar las tasas de natalidad, la más baja en el bloque comunitario pertenece a la pequeña isla de Malta, seguida por España, con un promedio de 1,12 hijos por mujer. Este número está lejos del nivel de 2,1 que se requiere para mantener constante la población.
En otras palabras, si no llegaran personas de afuera, habría ocurrido una reducción en el número de habitantes. Es suficiente mencionar que el número de fallecimientos superó en 111.000 individuos a los nacimientos en 2023, según el Ministerio de Sanidad español.
Compensar el déficit se vuelve vital, entre otros motivos, para hacer sostenible el estado de bienestar que incluye un número de jubilados en constante aumento. Gracias a las aportaciones a la seguridad social que actualmente realizan alrededor de 22 millones de trabajadores en España, los pagos a los jubilados no están en peligro.
Además, la adecuada disponibilidad de mano de obra ha ayudado a solventar cuellos de botella en trabajos que requieren un esfuerzo físico considerable, como es el caso de los asociados a la construcción, la agricultura o la distribución de productos, además del cuidado de personas mayores. También hay suficiente personal en áreas como la gastronomía o la hostelería, fundamentales en un país que recibió 94 millones de turistas el año pasado.
Plaza ante la iglesia de la Sagrada Familia en Barcelona. Foto:Pau Barrena / AFP
Estos factores ayudan a comprender por qué la economía española fue una de las que exhibió mejor desempeño en 2024, con un crecimiento del 3,2 por ciento. Este dinamismo permitió que las nóminas alcanzaran un récord histórico y, a la vez, mantener la cifra de desempleados en su nivel más bajo desde 2008, a finales de febrero. Según el analista Rafael Doménech, “la inmigración se ha convertido en motor de la generación de empleo”.
Es innecesario decir que las transformaciones resultantes de un flujo en constante aumento serán significativas en muchos aspectos. Por ejemplo, el diario El País acaba de informar que, en 2023, y solo para la Comunidad de Madrid, los matrimonios entre una mujer latinoamericana y un hombre español experimentaron un aumento del 47 por ciento en comparación con los registros de 2019. Familias con raíces a ambos lados del Atlántico tienden a convertirse más en la norma que en la excepción.
Estos vínculos se traducirán en un mayor movimiento de personas e inversiones. Desde hace tiempo, los capitales procedentes de la Península Ibérica han estado presentes en América Latina, pero cada vez es más evidente el flujo en sentido contrario, tanto en el sector inmobiliario como en la industria y los servicios.
Un ejemplo es el anuncio de esta semana, relacionado con la formalización de una asociación entre Procafecol y el Grupo Trinity, de origen colombiano. Esta llevará a la apertura de 140 tiendas Juan Valdez en España en los próximos siete años, convirtiéndose en la iniciativa más ambiciosa de la marca en territorio europeo.
El Grupo Trinity, originario de Colombia, es propietario de las perfumerías Clarel y ahora ampliará su presencia con Juan Valdez. Imagen:El Tiempo / cortesía
Asimismo, es probable que la evolución de la geopolítica conduzca a una aproximación más cercana. Las decisiones realizadas por la administración de Donald Trump son percibidas en Europa como una ruptura del formato que emergió tras la Segunda Guerra Mundial, por lo que se anticipa un incremento en las relaciones hacia Centro y Suramérica.
Si esto se concreta, Madrid se establecerá como la principal entrada a la región, gracias a sus conexiones aéreas y el volumen de la diáspora. Los más optimistas llegan a afirmar que la capital española es el nuevo Miami, capaz de captar compradores y residentes latinoamericanos de alto nivel adquisitivo, tal como se evidencia por los acentos que resuenan en la calle Serrano.
Perspectiva local
Sin embargo, así como la migración transforma la apariencia de numerosos lugares que reciben a quienes provienen de otras regiones, en los países de origen también se observan cambios. Esto se evidencia en el caso de Colombia, que ha experimentado en años recientes la salida definitiva de muchos de sus ciudadanos, a un ritmo sin precedentes.
Según un informe reciente del Cerac, basado en datos oficiales, en 2024 la salida neta de colombianos por vía aérea fue de 391.406 personas. Aunque esta cifra es menor que en los dos años anteriores, sobrepasa con creces el promedio de la década pasada. En términos generales, aproximadamente 1,3 millones de individuos han salido del territorio nacional desde 2022, tres cuartas partes de los cuales tienen entre 18 y 49 años.
La creciente población en el extranjero, combinada con la dinámica de los mercados laborales en los lugares donde reside, se traduce en un aumento de las remesas. De acuerdo con el Banco de la República, el año pasado lo recibido alcanzó los 11.848 millones de dólares, lo que representa un incremento del 17 por ciento en comparación con 2023.
Estados Unidos es responsable de más de la mitad de las remesas que llegan a Colombia, mientras que España contribuye con el 15 %. Imagen:iStock
Dicha cifra equivale al 2,8 por ciento del producto interno bruto (en 2012 era el 1,1 por ciento) y al 12 por ciento de los ingresos corrientes del exterior. Actualmente se registran más de 2,1 millones de beneficiarios de estas transferencias, que ya representan el 3,9 por ciento del consumo de los hogares.
Por países de origen, Estados Unidos es la fuente de más de la mitad de los giros, seguido por España con el 15 por ciento. En términos geográficos, Norteamérica representa el 54 por ciento; la zona euro, un 22 por ciento; y América Latina, un 17 por ciento más.
Curiosamente, el aumento de la población colombiana en España no ha tenido un impacto significativo en las remesas que se envían desde la Península. Parte de la razón es que los procedimientos de reunificación familiar son más ágiles que en aquellos lugares a los que solo viaja un adulto para mantener a su familia desde la distancia.
Determinar si la tendencia actual se mantendrá resulta imposible, más allá de que en enero pasado se superaron por primera vez los mil millones de dólares en remesas recibidas durante ese mes, lo que representó un aumento de más del 10 por ciento. Entre las incógnitas está la política migratoria rigurosa promovida por la Casa Blanca, que incluye deportaciones masivas.
En lo que respecta a Europa, persiste la incertidumbre sobre si el abuso del concepto de asilo llevará a restricciones.para quien posea un pasaporte específico. Este fue el razonamiento utilizado por el Reino Unido a finales del año previo, que condujo a restablecer la obligación de una visa para los colombianos.
En este contexto, es razonable suponer que las naciones de la Península Ibérica experimentarán cierta resistencia en esa dirección dentro del bloque comunitario. Sin embargo, es innegable que las corrientes que recorren el Viejo Continente potencian la posibilidad de restricciones, especialmente tras las elecciones del mes pasado en Alemania y lo que pueda ocurrir en Francia en 2027.
Mientras tanto, las circunstancias continuarán su camino. A la luz de la reciente dinámica, no sería sorprendente que en breve los nacidos en Colombia se conviertan en la comunidad más numerosa en España, superando a los originarios de Marruecos. Por otro lado, la población latinoamericana sobrepasará el simbólico umbral de los cinco millones, formando un colectivo a la vez diverso y fuerte.
Y ello representaría una ventaja mutua para ambas partes. Más que un fenómeno transitorio, lo que se prevé es una nueva realidad en la que no faltarán algunas tensiones, pero que debería destacar por la abundancia de oportunidades. Si se aprovechan, todos saldremos beneficiados. Los de aquí y los de allá.
RICARDO ÁVILA PINTO
Especial para EL TIEMPO
En X: @ravilapinto







