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Se especializó en matemáticas y computación, y posteriormente aplicó esos saberes a la neurociencia y, específicamente, a la manera en que el cerebro almacena información. “Realicé mi doctorado en modelos de memoria humana”, relata Anders Sandberg, filósofo sueco y transhumanista –nacido en 1972–, quien estuvo en Santiago para participar en un seminario sobre bioderecho, una disciplina que analiza los nuevos escenarios y desafíos que traen consigo los avances de la biotecnología.
Paralelamente a su investigación sobre la memoria, mostró interés en cómo la tecnología podría transformar la condición humana: “¿Es posible mejorar el cerebro? ¿Podemos optimizar nuestro razonamiento? ¿Qué hay de otras tecnologías que podrían alterar la existencia humana?”.
Sandberg se incorporó a la Universidad de Oxford, al Future of Humanity Institute (Instituto del Futuro de la Humanidad), junto a Nick Bostrom, otro filósofo sueco, y probablemente la figura más prominente del transhumanismo. Este movimiento promueve “el derecho ético” de aquellos que deseen utilizar las tecnologías “para ampliar sus capacidades mentales y físicas y potenciar su control sobre sus propias vidas”, tal como se expresa en la Declaración Transhumanista de 1998.
En otras palabras, es esencial reflexionar y planear el porvenir. De ahí el título del evento que Sandberg ayudó a llevar a cabo, invitado por el Observatorio de Bioética y Derecho de la Universidad del Desarrollo: ‘Contribuyendo a la gobernanza anticipatoria de las tecnologías emergentes’. La actividad fue parte del IX seminario de la Red Internacional de Bioderecho, que conmemoró sus diez años.
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¿Qué es el transhumanismo en comparación con el humanismo?
El humanismo tradicional es la noción que emergió en el Renacimiento según la cual la vida humana es positiva y la condición humana puede perfeccionarse a través de la educación, el pensamiento lógico y la creación de las instituciones correctas. El transhumanismo sostiene que sí, pero Algunos elementos de la condición humana, como el envejecimiento y la ignorancia, son negativos y tal vez podamos resolverlos con la biotecnología. Podemos alterar lo que implica ser humano utilizando la tecnología. Ahí es donde el transhumanismo se vuelve algo diferente.
¿Por qué?
Los transhumanistas tienden a mostrar un elevado interés en la tecnología que podría enriquecer la vida, que podría hacernos envejecer más lentamente, ser más inteligentes, más saludables o modificar nuestros cuerpos según la apariencia que deseamos, en lugar de la que nos otorgó la naturaleza. Esto genera múltiples debates éticos. ¿Qué significa ser humano? Y eso implica que los transhumanistas, muchas veces, se involucran en diálogos académicos fascinantes sobre la dignidad humana.
Se tiene la percepción de que el transhumanismo es frío y se basa en una visión muy mecanicista de lo que implica ser humano… Pero la realidad es que busca disfrutar la vida al máximo.
Ciencia ficción
Sandberg creció en la década de 1970 en un suburbio de Estocolmo. La vida allí le parecía algo monótona, o al menos así lo sentía él, por lo que, para escaparse, leyó toda la biblioteca de ciencia ficción.
Aquí tienes el texto modificado:
que existía en la biblioteca pública de la localidad. “Descubrí que esas posibilidades extraordinarias tal vez podrían convertirse en realidad”, rememora. “Comencé a indagar sobre ciencia y me percaté de que muchas concepciones de la ciencia ficción se fundamentan, evidentemente, en nociones de la realidad, y de que la tecnología podría materializar algunas de ellas. Así que me puse a estudiar todo lo que pudiera acerca de cómo desarrollar la tecnología del futuro o involucrarme en la edificación del futuro”.
El especialista discute las oportunidades que ofrece la tecnología para mejorar la calidad de vida. Imagen:iStock
¿Cuál es nuestro estado actual en el desarrollo transhumanista? ¿Y dónde nos encontraremos en cien o mil años más?
Siempre es complicado hacer pronósticos sobre el futuro en un momento específico. Muchas evaluaciones resultan certeras, pero fallan en los tiempos. Se concretan, pero quizás no en diez años, sino en cincuenta, o en cien en lugar de mil. No obstante, si examinamos las diversas tecnologías que despiertan tanto interés en los transhumanistas, podemos afirmar que la biotecnología ha progresado enormemente en los laboratorios. Actualmente podemos realizar hazañas increíbles. Podemos generar organismos sintéticos, podemos alterar genomas con mucha mayor libertad. Y esto está empezando a ser pertinente para los seres humanos.
¿En qué situaciones, por ejemplo?
La terapia génica se está convirtiendo en algo que las personas efectivamente realizan para tratar muchas enfermedades. La ingeniería de la línea germinal, que modifica los genes de la descendencia, se ha llevado a cabo de forma ilegal en China y representa un campo muy polémico. La aplicación para frenar el envejecimiento funciona relativamente bien en los laboratorios. Podemos desacelerar completamente el envejecimiento en roedores utilizando diferentes fármacos y técnicas de ingeniería genética. Y actualmente hay numerosas empresas que buscan llevar esto al ámbito comercial, donde puede aplicarse en humanos. Considero que en diez años veremos una buena cantidad de medicamentos que probablemente reducirán ligeramente el envejecimiento. No lo detendrán ni nada parecido, pero tengo conocidos que se han sometido a terapia génica para evitar la pérdida de masa muscular asociada al envejecimiento y parece que les ha funcionado muy bien.
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¿Se pueden considerar las preocupaciones de filósofos como Francis Fukuyama y Martha Nussbaum? Ella, por ejemplo, admite que los humanos somos el resultado de nuestra confrontación con la naturaleza, pero también se cuestiona si la vida humana podría empobrecerse si los niños pueden ser diseñados según los estándares sociales actuales.
Existen diversos grupos críticos del transhumanismo. Fukuyama, por ejemplo, sostiene que hay un aspecto innato en los seres humanos que nos otorga dignidad y que se ve amenazado si intentamos mejorarlo. Sin embargo, se puede argumentar, como me gusta señalar, que gran parte de nuestra dignidad humana proviene de nuestra capacidad paraAquí tienes el texto modificado, conservando las etiquetas HTML y el formato:
transformarnos a nosotros mismos. Nuestro deseo y motivación por progresar en diferentes ámbitos, incluso a veces fallando en ello y aprendiendo de nuestras vivencias, son lo que verdaderamente nos convierte en humanos.
Hay quienes opinan que no deberíamos vernos como seres separados de la naturaleza…
Esto también es coherente con el transhumanismo. Podemos vernos como esa porción de la biosfera que es consciente, tiene tecnología y puede transformar el resto de la biosfera para bien o para mal. El reconocimiento de que la destrucción ecológica y el cambio climático son cuestiones negativas nos distingue notablemente de todas las demás especies. Las hormigas no comprenden lo que realizan en la naturaleza. Nosotros podemos reconsiderar nuestras acciones hacia ella. Podemos salvaguardar la naturaleza, expandir la vida hacia las estrellas y hacer cosas que el resto de la biosfera no es capaz de realizar.
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Una existencia superior
“Se sostiene esta noción de que el transhumanismo es frío y tecnológico y se fundamenta en una perspectiva muy mecanicista sobre lo que implica ser humano”, menciona Sandberg. Y agrega: “Sin alma, sin vitalidad, que es simplemente un dilema de optimización”.
“Conozco a ciertos transhumanistas aburridos que se comportan de esta manera. No es muy entretenido lidiar con ellos”. Pero la verdad es que “los transhumanistas desean vivir una existencia más plena. Aspiran a vivir la vida en su máxima expresión, explorar lo que implica ser plenamente humano y, posteriormente, superarlo”.
¿Es cierto que al fallecer desea que su cabeza sea preservada?
Me inscribí para la criónica (la conservación del cuerpo a temperaturas extremadamente bajas). La criónica es la idea de que, si estoy en proceso de morir, podríamos conservar mi cerebro con la esperanza de que futuras tecnologías puedan restaurarlo de lo que me está causando daño hoy y del deterioro que ocurre al congelarlo; y de este modo, quizás reparar el cuerpo en su totalidad.
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¿Es factible?
Es altamente especulativo. Sin embargo, ¿qué tengo que perder si estoy muriendo? Es una oportunidad adicional de vida. Tal como lo percibo, el valor de la existencia radica en que la vida es placentera. Es valioso realizar actividades. Es valioso ayudar a los demás. Es valioso ver qué sucede después. Y deseo seguir actuando mientras me sea posible.
Los transhumanistas están fascinados por la tecnología que podría ralentizar nuestro envejecimiento. Imagen:iStock
¿Acaso la mortalidad no es lo que otorga más significado a la vida?
No lo considero así. Es similar a afirmar que el divorcio le otorga valor al matrimonio. No funciona de esa manera. La mortalidad representa una limitación que incide en nuestras existencias. La mayoría de las personas no reflexiona sobre la mortalidad en su vida diaria; realizan acciones significativas, concretan proyectos de vida, pero esos planes están condicionados por la mortalidad. No se puede estudiar indefinidamente, ni se pueden dominar demasiadas destrezas, porque la vida es muy breve. En efecto, eso pareciera disminuir el sentido de la vida, ya que uno puede percibir que desea resolver un gran desafío, pero no logra hacerlo.
Algunas facetas de la condición humana, como el envejecimiento y la necedad, son negativas, y quizás se puedan abordar mediante la biotecnología.
Un comediante chileno, Juan Pablo López, comentó que estaba cansado de oír sobre la inteligencia artificial, sobre exploraciones espaciales y tantos temas tecnológicos: “Mejor inventen un detergente que elimine efectivamente las manchas”, expresó… (Sandberg se ríe). ¿No será que, al pensar demasiado en el futuro y en grande, olvidamos el presente y sus pequeñas cosas, y que, en el proceso, perjudicamos el clima, incrementamos la desigualdad y tambaleamos la democracia?
Me parece un chiste genial, es un poco como cuando los estadounidenses comentan sobre encontrar una cura para el resfriado común. ¿Por qué no la hemos hallado? La respuesta radica en que hay muchos virus distintos y es complicado crear una vacuna que funcione contra todos ellos. El dilema con las manchas es que existen numerosas superficies que se pueden manchar con una variedad de sustancias, por lo que no hay un único quitamanchas que pueda solucionarlo. Tal vez, utilizando inteligencia artificial y nanotecnología, podríamos idear un quitamanchas inteligente que examine la superficie en detalle microscópico y determine cómo tratarla.
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¿Reflexionar en grande y también en pequeño?
Las cuestiones menores y las mayores, como la IA o el espacio, están en realidad mucho más interconectadas de lo que parece. Después de todo, numerosas misiones espaciales han fracasado porque algo se congestionó erróneamente. Literalmente, en una estación espacial no era posible abrir un cajón de la cocina porque su diseño era inadecuado. Así que lo grande y lo pequeño están íntimamente relacionados.
JUAN RODRÍGUEZ MEDINA
El Mercurio (Chile) – – GDA
santiago
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