Entretenimiento

así culmina ‘Los pecadores’ el idilio de los Oscar con el cine de terror

[ad_1]

En los últimos meses se ha hablado mucho de Los pecadores en términos triunfales. No es para menos tratándose de una superproducción de estudio (de un estudio como Warner Bros., además, a punto de ser absorbido por Netflix) que es 100% original, sin basarse en ninguna IP, y sin que eso haya evitado que conecte con el público. 368 millones de dólares llegó a recaudar en 2025, envuelta en críticas excelentes que han allanado su camino a los premios.

Con permiso de Una batalla tras otra (que, cosas de la vida, también impulsó Warner), Los pecadores es la favorita de esta carrera al Oscar… hasta el punto de haber batido el récord de nominaciones. 

El film de Ryan Coogler se halla presente en 16 candidaturas incluyendo las principales: Mejor película, Mejor dirección, Mejor actor para Michael B. Jordan, Mejor actor de reparto para Delroy Lindo, Mejor actriz de reparto para Wunmi Mosaku, Mejor banda sonora, Mejor guion original… lo que es un bombazo, que parece aún más pintoresco en cuanto reparamos en el género al que pertenece Los pecadores.

Algo que por otra parte no es sencillo discernir, pues una de las claves de este fenómeno es que Coogler ha planteado su film como una combinación de múltiples y variadísimos ingredientes. Los pecadores es un musical a la vez que una película de acción y aventuras, y una recreación histórica. Y además su centro pasa por un angustioso enfrentamiento con vampiros, con lo que forzosamente el género concreto con el que más podríamos identificarla es con el terror. Lo que hace que su triunfo en los Oscar sea aún más pintoresco.

Qué hacer para que la Academia se interese por ti

No es ningún secreto que en la Academia de Hollywood distan de ser muy fans del cine de terror. Tampoco entraría entre sus preferencias el cine de acción y aventuras (donde también se inscribe Los pecadores, como adelantábamos) y mucho menos el cine de IP o franquiciado

A partir de este último grupo podríamos empezar a discernir por qué, de vez en cuando, se dan excepciones. El mismo Coogler se benefició de ellas. La Academia apenas reconoce el cine de superhéroes (paradigma del cine IP), pero sí lo ha hecho cuando estaba Coogler por medio, en Black Panther  Black Panther: Wakanda Forever.

Es equivalente a cuando Joker fue una sensación en 2019: 11 nominaciones al Oscar y dos estatuillas. Para que una película sea reconocida por los Oscar no es tan importante el registro o género en que se inscribe, como el hecho de que pueda significar algo

Algo que la Academia quiera reconocer en función a una serie de valores muy complejos y relativos: varían según el contexto sociocultural en que nos encontremos. Lo que uniría entonces a Joker y a Black Panther sería su inquietud abiertamente política (Joker haciendo crítica social, Black Panther enarbolando un alegato racial) a la vez que su voluntad de distinción estética frente al registro de películas del que parte.

De la misma forma que Joker “no parecía cine de superhéroes” al inspirarse en el Nuevo Hollywood y el cine de Martin Scorsese, otro caso interesante como Avatar en 2009 no era solo un blockbuster de ciencia ficción”: su afán por la innovación tecnológica, que fuera una historia original, que fuera creación de un cineasta tan afamado como James Cameron… todo sumaba, y Hollywood también podía concebir como una “gesta” el hecho de que films tan particulares arrasaran en taquilla. 

Por eso se volvió a nominar a Avatar: El sentido del agua cuando tocó, y por eso también se nominó a Top Gun: Maverick de la cosecha de 2022.

Top Gun: Maverick había sido un “logro de taquilla” dentro de las penosas circunstancias de la pandemia. Como lo fue más tarde, en otras circunstancias, Los pecadores. La expresión “logro de taquilla” nombra de hecho una categoría de los Globos de Oro, muy relacionada con esta problemática de los significados, y en la cual se premió significativamente a Los pecadores dentro de la última edición. 

Es una categoría que no se reduce a la cantidad de dinero recaudada (de ser así el premio debía haber sido para Avatar: Fuego y ceniza… que por cierto en estos últimos Oscars ha quedado neutralizada), del mismo modo que la “calidad” (aun en caso de que alguien supiera distinguirla de forma objetiva) tampoco determina cuáles son las candidatas a Mejor película.

Sirva esto para despejar la cuestión de qué es lo que los Oscar consideran premiable, aceptándolo dentro de una relatividad que puede ser considerada tanto arbitraria como… ilustrativa de una serie de cuestiones. Y es lo que nos lleva al cine de terror. ¿Qué puede pasar para que el cine de terror sea premiable? ¿Qué ha pasado para que Los pecadores llegue adonde ha llegado?

La Academia se pone spooky

Echando un vistazo a la historia antigua de los Oscar ya nos topamos con que en la tercera edición de estos premios, en 1931, una película de terror podía aspirar a 3 estatuillas. Mejor guion, Mejor fotografía y Mejor actor, que Fredric March ganó ex-aequo con Wallace Beery (protagonista de El campeón). La película de terror que centró estos premios era El hombre y el monstruo, una adaptación de Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Curiosamente, diez años después fue nominada a Mejor fotografía otra adaptación del mismo libro de R.L. Stevenson, El extraño caso del Dr. Jekyll.

¿Qué significaban estos logros? Seguramente nada, como nada significaría que El fantasma de la ópera ganara dos Oscars (Mejor fotografía y Mejor dirección de arte) en 1943, o El retrato de Dorian Grey volviera a ganar Mejor fotografía (además de una nominación para Angela Lansbury como Mejor actriz de reparto) en 1945. 

Eran gestos anecdóticos, reverberaciones de un género que por otra parte empezaba a constituirse como un tejido productivo propio… condenándose a sí mismo a la serie B y el cine de bajo presupuesto. Lo que explica que, de cara a películas posteriores del género que sí pudieran hacer fortuna a la Academia, sea más lícito hablar de thrillers o películas de intriga antes que de films de terror.

La mala semilla en 1956 vio nominado a gran parte de su reparto femenino. Y Psicosis, en 1960, fue tal fenómeno cultural como para ser nominado a Mejor actriz secundaria (Janet Leigh) y Mejor dirección (Alfred Hitchcock); no así a Mejor película. Este triunfo, como el de Mejor dirección para Billy Wilder, le perteneció a El apartamento. De los años 30 a los 60 se consolidó la reticencia de la Academia a premiar películas cuyo capacidad de impacto se limitara al terror en sí mismo.

Alrededor de los 70 la situación empezó a cambiar. La semilla del diablo (1968) fue candidata a Mejor guion adaptado y ganó un Oscar a Mejor actriz secundaria para Ruth Gordon, en lo que podía entenderse como un prolegómeno para el Nuevo Hollywood que citábamos en torno a Joker

Porque, ¿qué era lo que caracterizaba al Nuevo Hollywood? No solo la puesta en valor de la figura de “autor” por parte de una nueva generación de cineastas jóvenes y revoltosos, sino la falta de prejuicios a la hora de buscar referentes para estas nuevas películas. Que sí, podían ser europeos, pero también estar relegados al cine de explotación.

De ahí que en esta época presenciáramos el advenimiento de un cine de terror ambicioso y capaz tanto de arrasar en taquilla como enmudecer a los académicos. Hay quien considera incluso a El exorcista como el primer blockbuster puro y duro: no solo ganó muchísimo dinero, sino que fue nominado a nada menos que 10 Oscars (un récord que solo ha superado después Los pecadores). 

Entre estas categorías estaba Mejor película o Mejor dirección (ambas logradas por El golpe), así como Mejor actriz, Mejor actor de reparto o Mejor actriz de reparto. Curiosamente, Linda Blair perdió este premio por otra actriz jovencísima, Tatum O’Neill por Luna de papel.

De los años 70 a la actualidad

Tras El exorcista vendría, claro, Tiburón, aunque con menos nominaciones. De todas formas le fue bien: a Steven Spielberg se le escapó Mejor película (Alguien voló sobre el nido del cuco), perosí se llevó a casa Mejor montaje, Mejor banda sonora y Mejor sonido. A rebufo de El exorcista y Tiburón tuvimos una carrera de premios bastante terrorífica solo un año después: en 1976 Carrie vio nominadas a sus actrices mientras La profecía ganaba el Oscar a Mejor banda sonora.

Fue una edad dorada para el género aun cuando terminando la década, con Alien, el octavo pasajero, vimos perfilarse una costumbre que la Academia seguiría durante toda la década posterior: nominar al cine de terror en base a las categorías más técnicas. 

Primero fue Alien, luego Un hombre americano en Londres (Oscar a Mejor maquillaje) o Poltergeist, para que en el 86 La mosca ganara Mejor maquillaje mientras Aliens: El regreso sorprendía con 5 nominaciones (una de las cuales era para Sigourney Weaver como Mejor actriz).

Y la tendencia se mantuvo. Misery ganó el Oscar a Mejor actriz para Kathy Bates retomando la pregunta de si los Oscar solo estaban dispuestos a celebrar el terror “realista” (los thrillers), y a principios de los 90 obtuvimos una confirmación estruendosa. 

El silencio de los corderos hizo historia al arrasar con las nominaciones principales: Mejor película, Dirección, Actor, Actriz y Guion adaptado, solo perdiendo montaje y sonido. El silencio de los corderos se quedó, desde entonces, como la muestra de todo a lo que podía aspirar el género.

Aunque El sexto sentido, antes de concluir la década, también plantó batalla. En el mismo 1999 en que Sleepy Hollow era nominada a 3 Oscars (ganando Dirección artística), el film de M. Night Shyamalan acumuló 6 nominaciones incluyendo Mejor película, dirección, montaje y guion original… y todas perdiéndolas contra American Beauty.

El siglo XXI empezó con la costumbre ya interiorizada de que los Oscars no vieran en el cine de terror hollywoodiense nada aprovechable: más allá de que siguiera haciendo dinero (es el género más rentable que existe), apenas debía haber títulos con la capacidad de resonar culturalmente.

Esto cambió a mediados de su segunda década, cuando la cuarta ola del feminismo acompasada por el MeToo y la preocupación creciente por los derechos de las personas negras (materializada industrialmente por los #OscarSoWhite) encontraron un aliado inesperado en el cine de terror.

De ahí que en 2017 Déjame salir de Jordan Peele obtuviera 4 nominaciones incluyendo Mejor película y Mejor dirección, perdiendo ambas curiosamente por un film de fantasía (y toques terroríficos) como era La forma del agua de Guillermo del Toro

Déjame salir es la evidente antesala para lo que ha pasado con Los pecadores: dentro de que se haya vuelto esporádicamente a la costumbre de solo reconocer el cine de terror por lo técnico (el Nosferatu de Robert Eggers acaparó 4 nominaciones), el género se ha visto capacitado para asegurar relevancia temática, y que la Academia lo recompense.

Parte del discurso de Los pecadores ahonda en el racismo y la apropiación cultural de la música negra. Es un terror reivindicativo como lo era Déjame salir, y como también lo fue La sustancia en 2024. 

La película de Coralie Fargeat empleaba el body horror para arremeter contra los cánones de belleza femeninos, y obtuvo 5 nominaciones por ello incluyendo Mejor película, Mejor dirección y Mejor actriz. Solo ganó Mejor maquillaje y peluquería (como en los viejos tiempos), aunque igualmente confirma que ha habido numerosos precedentes para el triunfo de Los pecadores.

Tantos como para pensar que era inevitable un récord así. Uno, además, que se complementa con otros títulos señalados de terror entre las nominadas, como son Frankenstein y Weapons. El cine de terror no podría estar más legitimado ahora mismo, y no deja de ser lógico: la época que vivimos (la época a la que los Oscar siempre intentan corresponder del modo que sea) es bastante terrorífica en sí misma.

[ad_2]