Colombia
El legado de compasión: el cuidado en el hospital San Juan de Dios a través de los años

“Aquí Falleció mi abuelita”. “En El San Juan de Dios mi Mamá Realizó Sus Prácticas de Enfermería”. “En La Parte Posterior Existió un Manicomio”. “En Este Terreno Pastaban Las Mulas del Tranvía”. “Aquí Nació El Barrio Policarpa Salavarrieta”. “Lástima que Hayan Permedido Morir El Hospital”. “Toda la Vida se Han Apropiado del Dinero de la Salud”. “Aseguran Que Aquí Hay Apariciones”.
Relatos de Todos los Colores Rodean Las Tradiciones del San Juan de Dios, El Primer Hospital que Tuvo Bogotá, Fundado en 1925 y Cerrado en 2001 “Por Inminente Crisis Financiera”, Catalogado Monumento Nacional, Patrimonio Arquitectónico y Bien de Interés Cultural.
Edificio de Mantenimiento del Complejo Hospitalario San Juan de Dios Foto:Ministerio de Las Culturas
De sus 81 Años, La Hermana María Soledad Reina Castillo, de la Comunidad de Las Dominicanas de la Presentación, Ha Dedicado 60 al Servicio Espiritual y Humanitario Como Profesional de Enfermería y Ayuda Humanitaria, en Diversos Lugares e Instituciones, Entre Ellas El Hospital San Juan de Dios.
Amor, Servicio y Misericordia, se conjugan en el Léxico de la Hermana Soledad, Originaria de Simijaca, (Cundinamarca), Con Estudios en la Escuela Normal de Saboyá (Boyacá); Ciencias Religiosas y Educación, en la Universidad de la Salle, Licenciada en Pedagogía de Derechos Humanos, de la Uptc, de Chiquinquirá, Consagrada en su misión religiosa en la Casa de la Presentación, en Bogotá, en 1962, y Delegada en 1965 para Prestar Servicios en El San Juan de Dios.
Reina Castillo Se Encontraba en la Flor de Su Juventud, Cuando Aceptó Los Votos de Castidad, Pobreza y Obediencia. Hoy, a su avanzada edad, pero con un vigor admirable, prosigue su misión caritativa con “Mujeres en situación de vulnerabilidad” y personas en situación de Calle, en Los Barrios La Favorita, Santa Fe y San Bernardo.
La motivación y compromiso con el enfermo y el necesitado le Surgió en su pueblo natal. Tenía 8 Años. A Su Abuela Se le Rompieron Los Anteojos y le Pidió a su nieta que le leyera el libro de los evangelios, su lectura habitual. Para la Niña, Enterarse de la Vida de Jesús, de Su Sabiduría y Misericordia con los desvalidos y abandonados, Fueron luces de enseñanza y misión en el sendero que eligió para toda la vida.
De la Raíz de una Familia Campesina de Doce Hijos, Soledad y Beatriz Fueron las Únicas que Tomaron los Caminos de la Fe Cristiana y El Servicio Humanitario. En el Noviciado Recibieron Formación en Salud. Beatriz Dejó Huella como jefe de Enfermería del San Juan de Dios. En 2023 Falleció a los 83 Años.
“Tuvimos una Infancia Plena, Porque La Gran Riqueza Fue El Amor Familiar, y La Mejor Herencia, La Educación. Nuestros Padres nos Motivariaron el interés por el estudio y la lectura, que pudimos disfrutar en la biblioteca que nos legó el abuelo”, menciona Soledad en una de las salas de recibo del convento de las dominicas de la Presentación, situado en el sector Cuadras Arriba de la Plaza de Mercado de Paloquemao.
En la Salita Con Piano de Esta Monumental Estructura, Construida en Ladrillo Prensado, Con 150 Años de Antigüedad, Que Integra la Imponente Capilla de Estilo Gótico, El Colegio y El Convento, Soledad Está Acompañada de la Hermana Martha Millán. Las dos Son Compañeras desde que cursaban el bachillerato en Ubaté.
Millán es administradora. Trabajó en el San Juan de Dios. Ha Publicado Dos Libros Sobre Los Orígenes del Hospital.
Y de Su Comunidad, Iluminada en la Madre Marie Poussepin, y en la labor humanitaria que, desde 1856, Las Dominicas de la actualidad llevaron a cabo en la Primera Sede del Hospital (Hoy Calle 12, Carrera Novena), Hasta Su Traslado A la Hacienda del Molino la Hortúa, Que Abrigó el Inmenso Complejo de Salud de Bogotá: El Hospital Materno, el Hospital, el Hospital, el Hospital, el Hospital, el Hospital, el Hospital, el Hospital, el Hospital, el Hospital, el Hospital, el Hospital, el Hospital, el Hospital, el Hospital, el Hospital, el Hospital, el Hospital, el Hospital, el Instituto Nacional de Cancerología, Y El San Juan de Dios, Hoy en Proceso de Reestructuración.
La Hermana María Soledad Reina Castillo es parte de la Comunidad de Las Dominicanas de la actualidad.
Foto:
Ricardo Rondón Chamorro.
Enfermera y cuidadora
La Hermana Soledad Arribó Al San Juan de Dios Tras Prestar Servicios Humanitarios en Regiones de Conflicto Armado Como Chucurí, Santander; La Primavera, Vichada; Medellín del Ariari, Meta. En Campo Grande, Río de Janeiro, Junto a Tres Hermanas Colombianas, Estableció la Congregación dominica. Allí Realizó Su Labor Durante Cuatro Años.
Con la Mirada Compasiva de la Religiosa Francesa Marie Poussepin, cuyo retrato se reproduce en diversas áreas del convento, le pregunté a Soledad sobre su vivencia en el hospital San Juan de Dios.
“Éramos Sesenta Hermanas que Atendíamos Todo El Hospital. A Mí Me Asignaron El Área de Cirugía, Como Instrumentadora Quirúrgica, en el Tercer Piso del Edificio Moderno. Allí Compartíamos trabajo con Nuevas Hermanas. Fue un gran Aprendizaje porque cubríamos Neurocirugía, Oftalmología, Ginecología, bajo la dirección de Profesionales de la Universidad Nacional.
Considero a Verdaderos Maestros de la Medicina, con criterio, ética y responsabilidad. Dado que era un hospital universitario, El San Juan de Dios contaba con Escuela de Enfermería y fábrica de Medicamentos del Instituto Farmacológico, de la Facultad de Química de la Universidad Nacional, con recursos de la Beneficencia de Cundinamarca.
Las Enfermeras Jóvenes Teníamos Turnos de Doce Horas, incluyendo los de Noche, en urgencias, que organizábamos en la atención y el cuidado de los pacientes, así como en la asistencia Espiritual junto al Padre Adriano Tarragán (quien aún Vive), a quien seguíamos para ofrecer la sagrada comunión.
Por la Noche íbamos a sus lechos para visitarles. Les transmitíamos Optimismo, y orábamos por su recuperación. Cuando Les Daban de Alta, quedábamos con la inquietud de Cómo Continuaría Su Evolución”.
La Hermana María Soledad Reina Castillo es parte de la Comunidad de Las Dominicanas de la actualidad.
Foto:
Ricardo Rondón Chamorro
Armero y El Policarpa
La Hermana Soledad Conserva Episodios que Emergen del Trascurrir Hospitalario, Origen de Catástrofes Naturales y Del Perpetuo Conflicto de la Violencia que Ha Desangrado a la Nación Durante Décadas. Uno de Ellos, La Tragedia de Armero, del 13 de noviembre de 1985. Así lo narra:
“No Dábamos Abasto para atender a la Cantidad de Heridos de Todas Las Edades, Algunos Moribundos que se amontonaban en el Pabellón de Urgencias. Lo Más Crítico Fue la Falta de Sangre para Transfusiones.
El drama aumentaba con los llantos, porque no solo se trataba de sanar las heridas del cuerpo sino de intentar Mitigar…
las de la menta y el alma, Por la Intensa Carga Emocional y la angustia de los parientes que llegaban con las víctimas. Había madres que suplicaban: “Hermanita, lo hemos perdido todo, por favor, quédate con la niña, te la regalo”.
UN NUEVO CAPÍTULO AGOBIANTE Ocurrió el 8 de abril de 1966, justo un Viernes Santo, cuando cientos de desplazados por la violencia bipartidista expresaron su descontento ante la devastación, por parte de la policía, de sus frágiles refugios de madera y tela, que habían levantado en un terreno desértico, contra la pared del hospital.
El enfrentamiento entre los pobladores emergentes y la fuerza pública dejó decenas de fallecidos y heridos, ya que de ambos lados hubo golpe, balas, garrotes y machetes. La solidaridad de médicos y enfermeras no se hizo esperar, pero los uniformados intervinieron para que permanecieran en el hospital, advirtiéndoles del riesgo de posibles consecuencias fatales.
La hermana Soledad recuerda con emoción la dolorosa tragedia -que dio origen al barrio Policarpa Salavarrieta, que está próximo a cumplir 60 años en 2026-, como una de tantas injusticias que marcan la dolorosa historia nacional: la de los pobres que, azotados por la violencia, huyen de sus tierras hacia la gran ciudad en busca de nuevas oportunidades, solo para volver a enfrentar el desamparo y la crueldad.
“Nuestra misión está orientada al prójimo sin distinción, en momentos de enfermedad y desgracia. Sin embargo, son los más vulnerables y necesitados a quienes nos debemos en el auxilio prioritario, el servicio y la oración. Porque ante los ojos de Dios, todos somos iguales”, menciona Soledad.
Hospital San Juan de Dios Foto:Héctor Fabio Zamora
Fe y Esperanza
La nostalgia surge en un recorrido que hacemos por los alrededores del San Juan de Dios, en proceso de recuperación, evocando la sentida letra de una canción sobre las cosas simples, donde Mercedes Sosa menciona que “uno siempre regresa a los viejos lugares donde amó la vida”. La pregunta obligada aflora:
-Hermana, ¿Qué siente al volver a este hospital que fue su hogar laboral y espiritual cuando era joven?
“Siento tristeza al ver estos terrenos desaprovechados durante tantos años. Pero la fe y la esperanza en Dios me animan, ya que sé que el hospital tendrá una segunda oportunidad. El problema en este país es que todo se demora. El San Juan de Dios es un orgullo de Colombia. Sería una alegría ver resurgir sus servicios y que se integren con la tecnología moderna.
El sistema hospitalario era ordenado y competente, porque fue autónomo y riguroso en su institucionalidad, y por la gran contribución científica que le brindó la Universidad Nacional, se destacó como el más importante, no solo en Colombia, sino en toda Latinoamérica.
Cuánto aprendimos en el San Juan de Dios, cuánta experiencia acumulamos, y cuántas historias guardamos en la memoria, como cuando recibimos a las delegaciones pastorales durante la visita del Papa Pablo VI, en 1968. Me siento feliz de haber dedicado mi vida a Jesús y al servicio humanitario, con humildad y vocación”.
-Cerca de cumplir 82 años, ¿de dónde saca energías, hermana, para continuar con su misión humanitaria, como lo ha hecho en los últimos cinco años con mujeres en situaciones vulnerables y habitantes sin acceso a tecnología?
La palabra del Señor, Su ejemplo y enseñanza nos inspiran y nos dan fuerzas. Los sábados repartimos almuerzos a nuestros hermanos en la calle, gracias al apoyo de la Fundación Eudes y la Corporación Minuto de Dios, que hacen posible la alimentación en zonas críticas como Favorita, San Bernardo, Las Cruces y Santa Fe. De igual manera, organizamos jornadas de acompañamiento espiritual y motivación con mujeres vulnerables y sus hijos.
Inagotable Loreta, además de ser una biblioteca de vocación religiosa, la hermana Soledad aprecia la obra de Gabriel García Márquez y de José Saramago, así como de la filósofa alemana Edith Stein, de Santa Teresa de Jesús y de Sor Juana Inés de la Cruz. En la soledad de sus noches, distendidas por la oración, se deja llevar por la poesía, atesorando la calidad de versos, aunque ella prefiera mantenerlos inéditos.
“También disfruto de los libros relacionados con la iglesia, la iglesia santa y pecadora“, acota Soledad, lista para tomar un taxi al caer la tarde, bajo la incesante lluvia, mientras se despide del Hospital San Juan de Dios, donde dicen que hay apariciones.
-Gracias por todo, que el Señor lo bendiga-, declara la experimentada dominica, antes de abordar el vehículo.
-Gracias a usted, querida hermana, por su grata compañía.
“Uno siempre regresa a los viejos lugares donde amó la vida”.
Redacción Bogotá
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