AA las tres de la mañana de hoy martes, Darío Grisales, un mecánico automotriz, y tres de sus mejores amigos alzaron el ataúd negro que desde las seis de la tarde de ayer permanecía en una de las esquinas semidestruidas del barrio La Boyacá. Allí iba su hijo de 20 años, que había muerto literalmente aplastado por una de las paredes de su humilde residencia.
La fina lluvia que empezó a caer a esa hora sobre Armenia obligó a Darío a buscarle refugio al féretro. Luego de caminar tres cuadras en profundo silencio, el ataque fue descargado bajo el techo metálico de la bomba de gasolina Terpel, sobre un aviso de gasolina extra, muy cerca de lo que quedó del taller de mecánica de Darío.
Cinco cuadras más abajo, una escena similar tapaba la calle que da a la cárcel de hombres San Bernardo. La familia Jaramillo había desocupado el garaje de su pequeña casa para velar a Carlos Antonio ya su hijo Santiago, de tan solo dos años de edad. Este doloroso cuadro se inició a la medianoche, cuando los tíos de Santiago lograron conseguir un ataúd apropiado para el pequeño en Quimbaya, un municipio cercano a Armenia.
Los residentes de Armenia, Colombia, observan los destrozos causados por el terremoto, que alcanzó una magnitud de seis grados en la escala de Richter.
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Allí nadie decía nada. Tan solo una niña que durmió a los pies del cuerpo de Santiago, en un viejo colchón, repetía: “Ese era mi primo”. La luz de cuatro veladoras que los acompañaron durante toda la noche. empezaba a darle paso a los primeros rayos de sol.
En el mismo sector, en el sur de la arrasada capital del Quindío, don José se negaba a que su esposa, Leyla Patiño de López, y su hija Milena, de 22 años, fueron llevadas a la improvisada morgue de la Universidad del Quindío.
Prefirió tender sus cuerpos frente a los escombros de su vivienda y esperar a que sus familiares consiguieran un par de ataúdes para trasladarlas al cementerio de la ciudad.
En ninguno de los tres funerales los acompañantes lloraban y pocos de los dolientes rezaban. Ellos, como todos los habitantes de Armenia, n.o han podido reaccionar al terremoto que no solo sacudió las tierras del Eje Cafetero, sino también sus vidas.
Lo único que tenían en común era la calle y el dolor.
Necesitamos comida, anestésicos, ropa quirúrgica, carpas para los damnificados, agua y sangre, mucha sangre.
EL SAN JOSÉ, UN HOSPITAL DE GUERRA
Por: Martha Elvira Soto
Entre escombros, un puñado de médicos cumplen una misión abnegada y luchan estoicamente contra la muerte. Llamado urgente a ortopedistas, anestesiólogos, cirujanos y cirujanos pediátricos para reforzar el equipo de atención. de la emergencia.
Hoy amanecieron 20 cadáveres sin identificar en el helado sótano de la Clínica San José del Seguro Social de Armenia.
Sobre la improvisada morgue y en tres pisos agrietados, con escombros en los rincones, 60 médicos, entre especialistas y generales, completan cerca de 24 horas de labores e intentan salvarles la vida a las decenas de heridos que siguen llegando de la zona céntrica de la capital quindiana y de municipios cercanos.

Voluntarios cargan el cuerpo del futbolista Diego Montenegro, recuperado de entre las ruinas del hotel Armenia Plaza.
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“Necesitamos que releven urgentemente a la planta de médicos. Necesitamos comida, anestésicos, ropa quirúrgica, carpas para los damnificados, agua y sangre, mucha sangre”, le dijo a EL TIEMPO Gloria María Mora, gerente del hospital.
También se requieren ortopedistas, anestesiólogos, cirujanos y cirujanos pediatras.
Luego de ascender tres pisos por unas escaleras verdes, llenas de sangre y semidestruidas, está la sala de cuidados intensivos, donde tan solo sirven tres de las nueve camas. Su coordinador, Fabio Cárdenas, asegura que en menos de tres horas se atendieron allí cerca de 20 casos de todo tipo.
“Hay pacientes con miembros fracturados, traumatología de cráneo y heridas en todo el cuerpo. Para completar, el 80 por ciento del banco de sangre de Armenia quedó destruido”, dijo.
Hoy muy temprano se espera que los 20 cadáveres que reposan en el sótano del San José sean trasladados a la Universidad del Quindío. allí, un equipo especial de Medicina Legal y del Cuerpo Técnico de Investigaciones de la Fiscalía hará la labor de identificación para luego trasladarlos a uno de los salones del mismo centro de estudios, para que sus familiares los reconozcan.

En pocos segundos el sismo arrasó con construcciones nuevas y viejas de la capital del Quindío. Muchos quedaron destruidos y decenas de carros sepultados.
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plan de emergencia
Mientras 480 socorristas continúan con la labor de rescate y remoción de los escombros, un comité especial integrado por miembros de la Red de Solidaridad, funcionarios de la Secretaría de Salud, el personal del Comité Local de Emergencia y la Cruz Roja ejecutan el plan de emergencia que fue diseñado anoche en la sede de la Cruz Roja del norte.
Allí estuvieron presentes el gobernador del departamento, Henry Gómez Tabares; el alcalde, Álvaro Patiño; y el director general del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Juan Manuel Urrutia, quien manejó la tragedia de Armero en 1985 y vino a apoyar los trabajos de rescate.
Entre las medidas que se toman está el aplazamiento indefinido del inicio del año escolar, pues las pocas escuelas y colegios.s que quedaron en pie serán utilizados como albergues para las centenares de personas que se quedaron sin vivienda.

En Calarcá, muy cerca de Armenia, la panorámica no miente. Las autoridades informaron de 109 muertos y 304 heridos.
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La otra tragedia
Y mientras los muertos y heridos siguen entrando a los centros hospitalarios de Armenia, uno de estos hospitales vive su propia tragedia.
Se trata del universitario San Juan de Dios, que Anoche no tenía cómo atender a las personas que llegaban en busca de ayuda.
Hace dos meses no le pagan a su personal. Los equipos de ventilación no sirven porque no ha habido dinero para comprar uno de los repuestos. Además, los insumos han sido recortados, según dijo un médico que pidió mantener su nombre en reserva.
“No hay suturas ni antibióticos suficientes. La toma central para repartir el oxígeno no existe. Aquí la gente tiene que traer desde el papel higiénico hasta el sueño. Si no nos apoyan de inmediato, no tendremos cómo atender a más pacientes”.
En las afueras de los centros asistenciales, los familiares de los heridos, muertos y desaparecidos prefirieron pasar la noche en la calle.
Ya son tres las réplicas que se han sentido en Armenia y que justifican el temor de sus habitantes.

Los sobrevivientes del terremoto en el Eje Cafetero lloran la muerte de sus familiares.
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Víctimas identificadas
Muertos en la Clínica San José de Armenia:
Luisa Fernanda Alzate Salgado, menor
Daniela Giraldo, menor
Lorenzo Tovar Segundo
juan david rodriguez
Amanda Pérez
Mercedes Aguirre
Geovana Arroyave
Sara Lina López
Mario Henao
Edilberto Garay
angelica lopez
Wilmer Velásquez
Juan Diego Montes
Verónica Villa Jiménez
Heridos:
Marina Correa
Gloria Martinez
Bercelia Buendía
Daniel Rojas
Carlos Flórez
Julieta Tejada
Gonzalo Echeverry
Yolanda Pérez
Fanny Ramírez
Emérita Solarte
María Angélica Hincapié
jose bedoya
Amparo Ángel
Ferney Duque
Lidia Ospina
Emérito Sánchez
Liliana Patricia Murillo
Bertha Rosa Martínez
Ever Arcila
Luz Amparo Pulido
Enrique Córdoba
Lucy Berrio Arias
Ana Paola Cubillos
María Agudelo
Jesús María Benítez
Consuelo Valencia
Sofía Montañez, menor
Héctor Julio Olmos
Blanca Luisa Rodríguez
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