Cinco chavales, una azotea y un móvil con TikTok abierto. Así empezó Avenida, como empiezan casi todas las cosas que luego se ponen serias: sin hoja de ruta, sin cálculo y sin esa ambición de industria que a veces se detecta desde el primer acorde. “Sin ningún objetivo. Sin ninguna pretensión”, recuerdan ahora, entre risas. El primer vídeo lo subieron Pablo y Nacho una tarde cualquiera, arriba del todo, en un colegio mayor de Madrid. Y a partir de ahí ocurrió eso que su generación resume sin rodeos: “Un típico pelotazo”.

Lo cuentan sin pose. Con esa mezcla exacta de orgullo y vértigo que tienen los proyectos cuando despegan antes de que te dé tiempo a atarte los cordones. “Al principio fue una locura. Ahora estamos en un momento más de valle, digamos. Nos hemos estabilizado, pero sí, fue un pelotazo muy fuerte”. La curva, como en el deporte, también exige aprender a frenar: pasar de lo virtual a lo real, de las cifras a las miradas.

El día que entendieron que había gente al otro lado fue el día que la pantalla se convirtió en cola. Y la cola, en impacto. “En la sala Sol nos sorprendió muchísimo la cantidad de fans que vinieron con antelación”, cuentan. Niñas esperando dos horas antes, la prueba de sonido, salir a la calle y encontrarse un silencio que no se ensaya. “De repente salimos… y un grupo de niñas se quedan paralizadas mirándome… ¡Hola!”, dicen aún con asombro. “Hasta ese día todo era redes. Todo virtual. No sabíamos si de verdad había alguien detrás”.

Ahí Avenida dejó de ser un plan improvisado con guitarra y cerveza al atardecer para convertirse en algo que exige responsabilidad. “Empezaba a ser algo serio… no solo subir vídeos, sino entender que había gente detrás y que había que ofrecerles algo”. Un salto de madurez sin perder la inocencia, que para ellos ha sido clave: “Esa inocencia nos ha venido bien para tener los pies en la tierra y no irnos de madre”.

Avenida, en MARCA.N. Labarga

La historia oficial tiene dos versiones, “la fácil y la real”. Y ellos se quedan con la divertida. Llegaron casi a la vez al colegio mayor —todos menos Lorenzo, que llevaba ya dos años— y se juntaban en la azotea a cantar. Grabaron, subieron, repitieron. “Luego dijimos: va, a ver si cuela. Al día siguiente otra canción… y llegó un punto en el que llevábamos siete vídeos y muchísimas reproducciones”. Ahí aparece la figura que cambia el relato: Javi Navarro, el manager. El mensaje que convierte el juego en proyecto. “Nos escribió: ‘¿Queréis de verdad sacar vuestra propia música?’”. Y entonces, por fin, la pregunta fundacional: “Vale, ¿quién es Avenida?”.

El nombre se asentó como se asientan los equipos: por química y por decidir quién se queda en el once. “En los vídeos salían siete u ocho personas y de ahí nació el grupo”. Después llegó el EP, Cinco Chavales, que en su caso no suena a debut, sino a confirmación. Porque el listón lo pusieron demasiado alto demasiado pronto. Y eso, aunque parezca una bendición, también pesa. “Vender dos Sol en el primer concierto cuando solo teníamos dos canciones… muy pelotazo”.

Avenida, en MARCA posando ante las cámaras.

Avenida, en MARCA posando ante las cámaras.N. LABARGA (MARCA)

En ese camino apareció una lista de padrinos que cualquiera firmaría. “Nuestra primera sesión de composición fue con David Otero, de El Canto del Loco. Ahí pensamos: vale, esto es real”. Les abrió su casa, su estudio. Y descubrieron —como les pasa a muchos jóvenes cuando pisan el vestuario grande— que lo imposible se normaliza cuando alguien te trata como a uno más. “Hemos tenido muchísima suerte con la gente que nos hemos cruzado… nos han cogido como chavales, como hijos casi, otros como hermanos pequeños”. Y el aprendizaje ha sido acelerado: “Llegábamos sin conocer todo sobre la composición de canciones y lo que hemos aprendido en seis meses ha sido una barbaridad”.

Los números acompañan y, en su mundo, pesan: 27.000 seguidores en Instagram, 29.000 en TikTok, 148.700 oyentes mensuales. Los dicen con la naturalidad de quien los ha mirado hoy y aún no sabe muy bien qué hacer con ellos. Mientras tanto, la carretera sigue: segunda gira en marcha, Valencia y Barcelona como plazas nuevas y Madrid como casa a la que siempre se vuelve. Fechas marcadas: 23 de abril en Valencia (Loco Club), 28 de mayo en Madrid (Changó) y 18 de junio en Barcelona (Luz de Gas).

El grupo, con la copa del Mundo

El grupo, con la copa del MundoN. LABARGA (MARCA)

En MARCA la charla acaba girando, inevitablemente, hacia el deporte. Y Avenida entra al juego como en una sobremesa de vestuario: bromas, comparaciones y alguna verdad colándose entre risas. Si fueran un club, el debate se abre solo: Getafe de Bordalás, Elche, Espanyol… Más que el nombre, importa la idea: un equipo joven que no apuntaba a nada y de pronto se encontró compitiendo arriba. “Que no apuntaba a nada”, dicen. Y la frase se queda flotando.

Mirando al futuro

Definen su estilo como “de contraataque”. Y se les escapa una metáfora que parece escrita, pero no lo es: “Parece que no hacemos daño, pero de repente conectamos… y empieza a funcionar la maquinaria”. Lo rematan con una comparación inevitable: “Como el Madrid. Que deja de jugar cuando quiere”. Ríen, pero ahí está su forma de trabajar: días de pausa y un día en el que alguien —Borja, según el relato— se levanta a las nueve y hace “las veinte cosas que había que hacer”. También tienen ritual antes de salir al escenario. No hay canción fija, pero sí círculo, discursos, agradecimientos, equipo técnico incluido. “Es bastante como antes de un partido”. Y luego una capa más íntima: “Rezamos un Padre Nuestro, porque todos venimos de la fe”. Backstage y vestuario, pop y oración, nervios y familia improvisada.

Cinco chavales - AVENIDA

Cinco chavales – AVENIDA

Al principio, confiesan, costó. “No teníamos ningún contexto previo… de repente salir a salas con 350 personas, todos esperando, y tener que dar la talla”. Ahora el truco es simple y complicado a la vez: salir y disfrutar. Los detalles pequeños explican mejor que cualquier biografía. El reparto de roles como si fueran posiciones: “Yo me pido la 10”, “yo soy defensa”, “Jacobo es portero siempre”. Y uno muy MARCA: “Borja es el típico que se pone con el portero en el córner… y le molesta”. Incluso tienen ya su primer guiño futbolero: “Nos sigue Burgui, histórico del Castilla… nos comenta bastante”.

Avenida.

Avenida.

Y el sueño está puesto en grande. Quieren hacer “la canción del Mundial para este verano”. Lo dicen sabiendo que es difícil, pero con esa determinación juvenil que suena a ilusión: “La tenemos medio compuesta… la presentaremos a quien haya que presentarla”. Y rematan como quien compra un décimo: “A ver si toca el gordo”. Avenida está en ese punto delicado en el que el fenómeno deja de ser novedad y empieza a pedir recorrido. Ellos lo saben. Incluso cuando hablan del miedo a frenar: “Hemos normalizado lo que no hay que normalizar”. Vender dos Sol, entrar en playlists, salir en la tele… lo cuentan como quien enumera goles sin haber visto aún la repetición. Pero también tienen claro que no quieren vivir pendientes del marcador.

Imagen promocional del grupo Avenida.

Imagen promocional del grupo Avenida.

La azotea sigue ahí, aunque ahora haya salas, fechas y números. Y quizá por eso Avenida conecta: porque su pop no nace en un laboratorio, sino en una amistad que aprendió a sonar junta antes de aprender a ser banda. Cinco chavales que subieron vídeos por diversión y acabaron jugando su propia pretemporada. Lo demás —giras, EP, sueños grandes— ya es partido oficial. Y, por lo que cuentan, esto no ha hecho más que empezar.