[ad_1]
La advertencia es clara y no negociable: el paro va. Campesinos de la zona rural del municipio de Ciénaga, asentados en la Sierra Nevada de Santa Marta, confirmaron que desde el 16 de enero instalarán un plantón pacífico e indefinido en la Y de Ciénagauno de los puntos viales más estratégicos del Caribe.
LEA TAMBIÉN

La decisión amenaza con paralizar el flujo que conecta a Santa Marta con la Troncal del Caribe y la Troncal de Oriente, corredores clave hacia Atlántico y Cesar.
La protesta de campesinos amenaza la movilidad de las dos principales vías de acceso a Santa Marta. Foto:redes sociales
La movilización no surge de la noche a la mañana. Es el resultado de años de promesas incumplidas, reuniones estériles y compromisos que —según las comunidades— quedaron en el papel. Aunque el gobierno municipal convocó a un encuentro para intentar frenar el cierre, los líderes aseguran que la paciencia se agotó.
Un acta firmada que no se cumplió
El antecedente inmediato es el paro de junio de 2025. De ese episodio quedó un acta con 36 compromisos suscritos por distintas instancias del Estado. Hoy, dicen los campesinos, solo cuatro se materializaron.
Nayler Reátiga, líder comunitario del corregimiento de San Javier, sostiene que hubo acompañamiento de entes de control, pero sin resultados visibles. “De 36 puntos, apenas cuatro. El resto cayó a nivel nacional, departamental y municipal. La Sierra decidió tomarse la vía para que nos escuchen”, afirma.
La sensación de burla es compartida. Para las comunidades, las promesas se repiten con cada protesta y se diluyen cuando se levantan los bloqueos.
La herida abierta de las vías rurales.
Uno de los reclamos más sensibles apunta a la infraestructura vial. Los proyectos de placa huella que conectan San Pedro de la Sierra, San Javier y Palmor, financiados con recursos del posconflicto, concentran la indignación.
El 16 de enero está programado el bloqueo de las troncales desde la Y de Ciénaga. Foto:redes sociales
Héctor Vasco, presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda Camagual, denuncia un balance crítico: millonarios recursos, múltiples adiciones presupuestales y tramos inconclusos. Según sus cuentas, más de 21 mil millones de pesos se destinaron inicialmente para 11 kilómetros, pero la ejecución es mínima. “Cuando uno saca la cuenta, el kilómetro se vende por millas de millones. Suben máquinas, hacen 100 metros y se van. Eso es una burla”, reclama.
Para los campesinos, no se trata solo de cemento. Las malas vías encarecen el transporte, dañan cosechas y aíslan a las veredas en temporada de lluvias.
“Somos el motor, pero no nos miran”
El discurso del abandono se extiende a otros frentes. Reátiga insiste en que la Sierra representa cerca del 90 % del territorio de Ciénaga y sostiene buena parte de su economía agrícola. Café, cacao y plátano bajan a diario hacia la zona urbana. “Sostenemos el municipio, pero para nosotros nunca hay recursos”, dice.
La falta de inversión se traduce en precariedad. En educación, denuncian escuelas rurales sin intervención en más de dos décadas, algunas funcionando en fincas cafeteras. “Han pasado generaciones completas esperando un colegio digno”, señalan.
Cultura sin presupuesto y comunidad a pulso
El reclamo también toca la identidad. Yolima Soto, presidenta del corregimiento de San Javier, asegura que la cultura rural no existe en el presupuesto municipal. “Nuestra fiesta es la cosecha, ligada al café ya la economía del Magdalena. Pero nunca hay rubros para fortalecerla.”, explica.
Los campesinos aseguran que protestarán porque les han incumplido a compromisos. Foto:redes sociales
Las pocas actividades culturales se hacen, dice, con aportes propios. “Si queremos trabajar con niños y jóvenes, nos toca sacar de nuestro bolsillo”.
Reuniones que desgastan
La relación con las autoridades está marcada por reuniones largas y costosas para los campesinos. Jorge Blanco, presidente de la JAC de la vereda La Esperanza, relata traslados pagados de su bolsillo y funcionarios sin capacidad de decisión. “Nos ofrecen horas máquina o tramos de placa huella para desactivar el paro y después incumplen. Eso ya no lo aceptamos”.
Por eso, aunque hay una reunión programada con la Alcaldía, la postura no es negociable: el paro no depende de ese encuentro. El plantón en la Y de Ciénaga anticipa un nuevo escenario de caos vial. Pasajeros represados, alimentos encarecidos, retrasos en cargas y combustibles, y una presión directa sobre la economía regional.
LEA TAMBIÉN

Las comunidades insisten en que no buscan el cierre por el cierre. “No es por bloquear, es por dignidad”repiten. Pero mientras no vean soluciones concretas, la Sierra está decidida a hacerse escuchar, incluso si eso significa detener una de las arterias más importantes del Caribe colombiano.
También te podría interesar:
Habla la ONG Foro Penal. Foto:
[ad_2]
