Colombia
centrales de alimentos reportan alza de precios que golpea el fogón de Barranquilla y el Atlántico; el abastecimiento resiste
En el Atlántico, pocas cosas muestran la identidad diaria como un desayuno con bollo de yuca o mazorca, un almuerzo con sopa espesa por el plátano o una cena sencilla con tajadas y patacones. Por eso, el reciente incremento en los precios de yuca, plátano y mazorca hizo subir las alarmas en plazas y hogares.
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No se trata solo de “productos”, sino de pilares de la dieta tradicional y cultural del Caribe. La causa inmediata es la ya conocida crisis invernal en Córdoba —un proveedor clave de estos cultivos— que ha mermado oferta, deteriorado calidades y encarecido el transporte. Sin embargo, a diferencia de otras coyunturas, las centrales mayoristas reportan flujo estable de carga y descartan un desabastecimiento generalizado.
Un Caribe con lluvia en la cadena
La emergencia invernal en Córdoba inundó zonas de cultivo —incluida la yuca en más de 27.000 hectáreas sembradas—, alteró recolección y traslado, y, en consecuencia, empujó al alza a productos emblemáticos del litoral. Plátano hartón, yuca y mazorca criolla son los más impactados en calidad y precio, según los reportes de la Gran Central de Abastos del Caribe (Granabastos) y registros radiales recientes.
A pesar de la coyuntura, las centrales mayoristas reportan flujo estable de carga. Foto:Archivo/EL TIEMPO
En el terreno, esto se traduce en yuca mojada que llega con menor vida útil; plátano con topes que rondan los $1.800, por encima de los $1.600 que los comerciantes recuerdan como techo habitual; y mazorca con variaciones asociadas al clima y las dificultades logísticas. El testimonio de operadores en Granabastos coincide con ese diagnóstico, al tiempo que advierten de ajustes sobre la marcha para sostener la oferta.
La buena noticia —clave para la mesa costeña— es que no hay desabastecimiento. Granabastos se mantiene entre 790 y 1.000 toneladas diarias gracias a un entramado logístico con otras regiones, y algunas jornadas han marcado ≈990 toneladas de ingreso aún en medio del invierno. Esta resiliencia es posible por la red de 14 centrales con las que la plaza articula abastecimiento y por el “músculo” construido en 2025, cuando el flujo crecio 17 %.
En contraste con las alzas icónicas, el huevo y el queso registran bajas del 13 %–14 %y productos como lechuga y mazorca cañera también vienen cediendo, según la gerencia de Granabastos. Para el bolsillo, significa que, si la carne sube $1.000–$3.000 en algunos cortes —otra señal del estrés logístico—, el huevo vuelve a posicionarse como proteína de relevo, con impacto no solo en precio sino en calidad nutricional.
La yuca, mazorca y el plátano, pilares de la comida costeña. Foto:iStock
el registro nacional Refuerza ese panorama mixto: papa, durazno y pera importada han tendido a la baja, mientras rábano, curuba y arveja verde fresca presionan al alza. Y es productos en cosecha —ahuyama, zanahoria, guayaba, ajo importado— la oferta ayuda a estabilizar.
Fogon y memoria
En el Atlántico, la yuca es un comodín, es la base de bollos, carimañolas y guarnición en el desayuno; la mazorca sostiene arepas y más bollos, que sin duda son identidad; el plátano es guarnición, sopa, dulce o tajada. Por eso, cuando suben de precio, el golpe es cultural y nutricional.
Eso podría traducirse en hogares estrictos económicamente, en una restricción de raciones, cambio de recetas y, en los más vulnerables, riesgo de sustituciones menos nutritivas. De ahí que los ajustes de oferta —y el relato de estabilidad en cargas— importan tanto para mantener la canasta típica costeña.
Lo que está en juego es la continuidad de una cocina con una alta carga cultural. Foto:Archivo Particular
Un efecto poco visible, pero determinante para el día a día barrial, es el repliegue de la venta informal cuando la carga mayorista se dispara 60 %–80 %: muchos carretilleros dejan de comprar porque no “cuadra el número”. ¿El resultado? Menos oferta ambulante y más concentración de compradores en bodegasdonde el volumen permite amortiguar picos. Este corrimiento temporal reconfigura los puntos de compra de millas de familias.
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Al final, lo que está en juego no es un renglón de mercado sino la continuidad de una cocina estrictamente cultural en ese fogón costeño donde los alimentos de siempre no pueden faltar en la mesa.
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