La crisis de energía en Colombia no llegó de sorpresa. Es el resultado de un sistema eléctrico que históricamente ha dependido del agua para generar electricidad y que ahora enfrenta la tormenta perfecta: más calor, menos lluvia y menor disponibilidad de gas natural. La combinación de estos tres factores pone al sistema en un estado de alerta que preocupa a operadores, al Gobierno y a millones de hogares colombianos que dependen de una energía estable.
Por qué Colombia depende tanto del agua para generar electricidad
La geografía colombiana es una bendición y un riesgo al mismo tiempo. La Cordillera de los Andes atraviesa el territorio de sur a norte y crea ríos caudalosos con grandes desniveles: condiciones perfectas para construir represas y generar electricidad limpia y barata.
El resultado es que más del 70 por ciento de la electricidad del país proviene de centrales hidroeléctricas. El complejo Guatapé-El Peñol en Antioquia, la represa de Betania en el Huila, la central de Chivor en Boyacá, el embalse del Quimbo: son la columna vertebral del sistema eléctrico nacional. Cuando el agua falla, todo el sistema tiembla.
El respaldo de emergencia son las plantas termoeléctricas, que queman gas natural para producir electricidad cuando los embalses no alcanzan. Y ahí está el segundo problema de la alerta actual.
El calor: el primer factor que agrava la situación
Las altas temperaturas que registra Colombia en estas semanas tienen un efecto directo sobre los embalses. Cuando el calor aumenta, la evaporación del agua se acelera y los caudales de los ríos que alimentan las represas disminuyen notablemente. Menos agua que entra al sistema significa menos almacenamiento disponible para generar electricidad.
El fenómeno es especialmente crítico porque coincide con el período seco que normalmente afecta a la región Andina y la Costa Caribe durante la mitad del año. Estas son precisamente las regiones donde se concentra la mayor parte de la demanda eléctrica del país: Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla consumen juntas una porción enorme de la energía nacional.
Cuando los embalses bajan de ciertos umbrales establecidos por el regulador, los operadores reducen la generación hidráulica para preservar reservas estratégicas. Eso obliga a encender más plantas térmicas, que son más caras de operar y más contaminantes que las hidroeléctricas.
Los embalses: el indicador que todo el mundo mira
El nivel de los embalses es el termómetro del sistema eléctrico colombiano. XM, el operador del sistema interconectado nacional, y el Ministerio de Minas y Energía lo monitorean en tiempo real. Las alertas se activan cuando el nivel promedio del sistema cae por debajo de ciertos umbrales, y la situación se vuelve crítica cuando la capacidad útil disponible no alcanza para garantizar el suministro en las semanas siguientes.
Los embalses colombianos han venido registrando niveles por debajo del promedio histórico para esta época del año. La presión sobre el sistema recuerda episodios anteriores del fenómeno de El Niño, cuando Colombia tuvo que recurrir a medidas extraordinarias para garantizar el suministro eléctrico.
La consecuencia inmediata de embalses bajos es que las plantas hidroeléctricas generan menos de lo que deberían. Esa diferencia tiene que cubrirse con las plantas térmicas. Y ahí aparece el tercer problema.
La escasez de gas natural: el tercer factor de la crisis
Las plantas termoeléctricas son el plan B del sistema eléctrico colombiano. Cuando el agua escasea, se encienden para compensar la diferencia. El problema en 2026 es que el gas natural tampoco abunda en el país.
Colombia lleva varios años registrando una caída en su producción de gas natural. Los campos maduros del Caribe y los Llanos Orientales producen menos que hace una década. El desarrollo de nuevas fuentes ha enfrentado demoras regulatorias y ambientales. En ese contexto, el gas disponible tiene que repartirse entre el consumo doméstico de los hogares, el uso industrial y la generación eléctrica de emergencia.
Cuando el sistema eléctrico necesita más gas para compensar la falta de agua, la presión sobre el suministro aumenta, los precios suben y, en los peores escenarios, aparecen restricciones. Ese es exactamente el escenario que las autoridades están tratando de prevenir hoy.
Qué puede pasar si la situación no mejora pronto
Los escenarios posibles van desde el más leve hasta el más severo. En el extremo más leve, los usuarios residenciales no notan nada: los operadores gestionan el sistema por detrás y evitan que el déficit llegue a los hogares.
En escenarios intermedios pueden aparecer campañas de ahorro voluntario de energía, llamados oficiales a reducir el consumo en las horas pico —generalmente entre las 6 y las 9 de la noche—, y en algunos casos incrementos en las tarifas para desincentivar el derroche.
En el peor escenario —que las autoridades buscan evitar a toda costa— podrían activarse apagones programados por zonas, como ocurrió durante el Niño de 1992-1993. Ese episodio marcó a toda una generación de colombianos y es el referente histórico que nadie en el sector energético quiere repetir.
Lo que el Gobierno y los operadores están haciendo ante la alerta
El Ministerio de Minas y Energía y XM tienen varios mecanismos para enfrentar situaciones como esta. Entre las medidas disponibles están el despacho preferencial de plantas térmicas, subastas de energía de respaldo, acuerdos con Venezuela o Ecuador para importar electricidad en caso de necesidad extrema, y campañas masivas de ahorro energético.
En el mediano plazo, la solución estructural pasa por diversificar la matriz eléctrica y reducir la dependencia del agua. Colombia ha avanzado en proyectos de energía solar y eólica —especialmente en La Guajira—, pero esa capacidad aún representa una fracción pequeña del total instalado. La transición energética es la respuesta de fondo, pero tarda años en hacerse efectiva.
Por ahora, la recomendación para los colombianos es adoptar hábitos de ahorro: apagar luces que no se usan, evitar el uso de electrodomésticos de alto consumo en las horas pico, y estar atentos a las comunicaciones de su empresa prestadora del servicio de energía.
Preguntas frecuentes
¿Hay riesgo real de apagones en Colombia en septiembre de 2026?
Las autoridades están monitoreando la situación para evitarlos. Los apagones programados son el último recurso del sistema y hay varios mecanismos de respaldo antes de llegar a ese punto: plantas térmicas, importaciones de energía de países vecinos y medidas de ahorro obligatorio. Sin embargo, si los embalses siguen bajando y el gas no alcanza, no se puede descartar completamente en un escenario de máxima tensión.
¿Por qué Colombia no tiene más energía solar o eólica para no depender del agua?
Colombia ha empezado a desarrollar proyectos de energía renovable, especialmente en La Guajira con parques eólicos y en otras regiones con alta irradiación solar. Sin embargo, estas fuentes aún representan una fracción pequeña de la capacidad instalada total. La transición requiere grandes inversiones en infraestructura y en redes de transmisión, y tarda varios años en completarse.
¿Cómo puedo contribuir al ahorro de energía desde mi casa?
El ahorro individual suma y mucho. Apague las luces y los electrodomésticos que no está usando, evite poner la lavadora, el calentador de agua o el aire acondicionado en las horas pico (entre las 6 y las 9 de la noche), y si aún no lo ha hecho, cambie sus bombillas por tecnología LED. Cada kilovatio que se ahorra es uno menos que el sistema tiene que producir bajo presión.
La alerta energética de Colombia en 2026 es una señal de que la dependencia del agua es una vulnerabilidad estructural que el país debe reducir con urgencia. Siga informado con más noticias de economía.
