Colombia atraviesa un escenario que los expertos en energía describen como una tormenta perfecta: el calor extremo reduce los caudales que alimentan las represas, la disponibilidad de gas natural cae en algunas regiones, y la demanda eléctrica sube. Las alertas ya están encendidas y el Gobierno monitorea la situación de cerca.
Tres factores que coinciden al mismo tiempo
El sistema eléctrico colombiano depende de las centrales hidroeléctricas para generar cerca del 70 % de la energía del país. Cuando los embalses bajan —como ocurre en temporadas de calor intenso o durante fenómenos climáticos como El Niño— las termoeléctricas deben suplir la diferencia. Estas plantas operan principalmente con gas natural.
El problema es que el suministro de gas también está bajo presión: la producción de algunos campos maduros ha caído y la demanda residencial e industrial sigue creciendo. El cruce de estos factores genera un déficit potencial que preocupa tanto al sector privado como a los reguladores del mercado eléctrico.
El Niño: el factor que lo agrava todo
Científicos y organismos internacionales advierten que el fenómeno de El Niño se está fortaleciendo nuevamente. Los océanos del mundo alcanzaron temperaturas récord en 2026, una señal de que las condiciones que favorecen sequías en Colombia —especialmente en las regiones Andina y Caribe— podrían intensificarse hacia 2027.
Los bajos niveles de los embalses son el indicador más visible de esta presión sobre el sistema. El operador del mercado eléctrico (XM) monitorea en tiempo real los reservorios clave del país. Cuando el promedio baja del umbral de alerta, se activan medidas de contingencia para evitar cortes.
¿Qué significa esto para el colombiano de a pie?
En el corto plazo, la principal consecuencia visible es el aumento en las tarifas de energía eléctrica. Cuando el sistema recurre a generación más costosa —termoeléctricas que queman combustibles líquidos o importaciones de energía— ese sobrecosto se traslada a los usuarios en la factura del servicio.
En un escenario más crítico, si los embalses continúan bajando sin que mejoren las lluvias y el gas no alcanza para cubrir la diferencia, el país podría enfrentar racionamientos. Por ahora las autoridades insisten en que ese escenario no es inminente, pero el margen de seguridad se está reduciendo y la situación exige atención.
Qué medidas se pueden tomar desde el hogar
El Ministerio de Minas y Energía ha activado protocolos de ahorro y eficiencia energética. Desde el sector empresarial, algunas industrias están ajustando turnos para consumir menos en horas pico. El Gobierno también evalúa opciones de importación de energía desde países vecinos para compensar posibles déficits.
La recomendación para los hogares colombianos es clara: revisar el consumo eléctrico, apagar los equipos que no se usen, aprovechar la luz natural y evitar el uso de electrodomésticos de alto consumo en las horas de mayor demanda (6 a.m. a 8 a.m. y 6 p.m. a 8 p.m.). Cada kilovatio ahorrado en época de alerta cuenta para la estabilidad del sistema colectivo.