Economia
“Colombia en Crisis: Impacto Alarmante de la Drástica Caída de Natalidad – Un Análisis de Ricardo Ávila”

Cuando el Dane notificó la semana anterior que el total de nacimientos en Colombia volvió a reducirse en 2024 y se situó en cifras que parecían inimaginables hace poco, las reacciones no tardaron en llegar. La razón es la intensificación de un fenómeno que precipita una serie de transformaciones profundas en la sociedad y que va mucho más allá de cuántas personas residen en el país.
No cabe duda de que el cambio observado es significativo. Los 445.011 colombianos que vieron la luz el año pasado no solo representan una disminución del 14 por ciento en comparación con las cifras de 2023 –que ya habían reflejado una caída del 10 por ciento– sino que, en términos absolutos, el dato es inferior al de 1950.
Si se realiza la comparación con épocas más recientes, estamos lejos del pico de 752.000 nacimientos registrado en 2000 o del promedio cercano a los 650.000 que corresponde a la segunda mitad de la década anterior. En un presente lleno de incertidumbres, suena bastante probable que de forma permanente exista un número mucho menor de niños de lo que se había estimado.
En 2024 nacieron 445.011 colombianos, una disminución del 14 por ciento en comparación con 2023. Foto:iStock
De acuerdo con las proyecciones aún vigentes, se estima que en 2030 los niños menores de 10 años en Colombia alcanzarán los 7,7 millones. Si las tendencias continúan por la senda observada, es probable que la cifra real esté más cerca de los 6 millones de infantes. Al mismo tiempo, la proporción de personas de la llamada tercera edad seguirá incrementándose, en parte porque la esperanza de vida se mantiene en ascenso después del bache ocasionado por la pandemia.
Al igual que otros
Lo que les acontece a los colombianos se inscribe en una realidad cada vez más común en el mundo. Según las Naciones Unidas, en 63 países que abarcan el 28 por ciento de la población mundial, el número de personas ya ha comenzado a descender. En ese grupo se encuentran naciones como China, Alemania, Japón o Rusia, entre otras.
Asimismo, el organismo advierte que en 48 países adicionales ocurrirá algo similar hasta la mitad del siglo. Solo en un reducido número de territorios (especialmente en África) seguirán las rápidas alzas. Angola, Congo y Somalia duplicarán su población en los próximos 30 años.
Se prevé que la población mundial alcance un máximo de 10.300 millones en 2080. Foto:iStock
En cualquier caso, se espera que la cifra total de personas en el mundo llegue a un pico de 10.300 millones hacia 2080 –aproximadamente 2.000 millones más que en la actualidad– tras lo cual la tendencia cambiará de dirección. Este panorama es muy distinto al que se contemplaba en 2013, cuando se creía que los aumentos se extenderían hasta bien entrado el siglo XXII.
América Latina y el Caribe no están exentos de lo que ha ocurrido. Si en 1950 el promedio de hijos por mujer fue de 5,8, actualmente la cifra se sitúa en 1,8, un número inferior al de 2,1 necesario para mantener el equilibrio.
Para la Cepal, en 2050 se alcanzará un máximo poblacional de unos 730 millones, frente a los 663 millones de hoy. Cabe destacar que el comportamiento varía mucho de un país a otro. Por ejemplo, Boliviasupera aún el nivel de sustitución, algo que no ocurre en Brasil.
En este contexto, el caso colombiano atrae considerablemente la atención. La razón no radica en que los nacimientos hayan disminuido —lo cual ya se anticipaba— sino que lo hayan hecho de manera mucho más drástica y veloz a cifras que comúnmente se observan únicamente en los países avanzados.
Específicamente, la tasa global de fecundidad en 2024 fue de 1,1 hijos por mujer, muy diferente del 2 registrado en 2000 y del 1,7 correspondiente a 2017. En las proyecciones de población del Dane que aún están vigentes, los supuestos que se utilizaron fueron de 1,59 para 2030 y 1,43 hacia 2070.
Aunque la base de datos regional aún no se encuentra completa, es muy probable que nuestra cifra del año pasado sea la más baja de Latinoamérica, cercana a las de Chile y Uruguay. Para poner en perspectiva, solo es necesario observar los registros europeos de 2023 para concluir que estamos en un punto muy similar al de España y por debajo de todos los demás, desde Suecia hasta Francia.
¿Cuál es la razón detrás de un cambio tan brusco? Los expertos en este tema mencionan una combinación de factores que abarcan aspectos variados, desde los culturales hasta los sociales y económicos. En su momento, la migración venezolana ayudó a suavizar la tendencia, aunque ese efecto ha disminuido en los últimos años.
Juan Daniel Oviedo, exdirector del Dane, opina que la pandemia tiene una gran relación con lo sucedido, “tanto por la forma en que impactó las relaciones de pareja como el mercado laboral”, especialmente para las mujeres. También es importante no pasar por alto las actitudes colectivas hacia la reproducción en un país donde los niveles de satisfacción con el entorno han disminuido notablemente y el pesimismo es predominante.
Aun así, es necesario contar con un análisis más profundo, dado que la última encuesta de demografía y salud realizada por Profamilia se publicó hace diez años. Lo que en otras naciones provocaría un debate intenso por las implicaciones que conlleva apenas si aparece en las preocupaciones gubernamentales.
Juan Daniel Oviedo, exdirector del Dane, señala que la pandemia impactó considerablemente lo que ha sucedido. Foto:Prensa Juan Daniel Oviedo
Existen indicios variados, evidentemente. Basta con preguntar a los jóvenes qué piensan sobre la idea de formar una familia. Entrevistado en una calle bogotana, Sneyder expresa que no le interesa traer un niño al mundo a sufrir. A unos metros, Mariana comenta que sus planes de vida son distintos y, aunque no lo descarta completamente, manifiesta que no se imagina siendo madre.
Que existen transformaciones significativas es algo que se refleja en las estadísticas. El embarazo adolescente todavía está presente, pero se ha reducido a aproximadamente la mitad en comparación con hace diez años. Por su parte, la proporción de madres menores de 19 años, que en 2015 era responsable de más del 21 por ciento de los nacimientos, ahora es del 15 por ciento.
Simultáneamente, la edad media de la fecundidad al momento de tener el primer hijo continúa en ascenso y supera los 27 años. Las madres que sobrepasan la treintena representan ya un tercio de los alumbramientos.
Por otro lado, existen diferencias notables entre las áreas urbanas y rurales, así como dentro de los departamentos y las capitales. Las tasas de fecundidad en Caldas y Bogotá difieren significativamente de las del Vaupés, por mencionar un caso específico.
Un país distinto
Tras el informe dado a conocer el miércoles, seguramente resurgirá la controversia en torno a cuántos somos realmente. Al ingresar a la página del Dane, se puede observar que la población total de Colombiaes de 52’695.952 habitantes, cifra correspondiente a 2024, que supera en 480.449 personas al pronóstico de 2023.
No obstante, al observar la diferencia entre nacimientos y muertes del año anterior, el saldo neto fue de 171.239 personas. Si se suman los datos sobre la migración de colombianos hacia el exterior, es sencillo concluir que en el país podría residir menos gente de lo que los cálculos oficiales indican.
Dane proporcionó estadísticas de nacimientos en Colombia durante 2024. Foto:
Algo en esa línea mencionó el Banco de la República en agosto. De acuerdo con el Emisor, “el decrecimiento (en la población) habría iniciado desde 2022, esto es 30 años antes de lo proyectado en las tablas poblacionales actuales del Dane”. Tal afirmación generó una intensa controversia con esta última entidad, en la que no faltaron comentarios críticos hacia los economistas por parte de los especialistas en demografía.
No obstante, lo esencial aquí no es determinar quién posee la verdad, sino establecer la realidad a través de herramientas técnicas y el acceso a fuentes de información fidedignas. Dada la inesperada magnitud de la variación en la fecundidad, se requiere una nueva hoja de ruta que permita tener la capacidad de respuesta y anticiparse a lo que está por venir.
Consultada sobre el tema, una representante del Dane declaró que “se está revisando el modelo y la elaboración de los indicadores demográficos”. Añadió que “se espera que en el segundo semestre se realice el cambio con las nuevas proyecciones”.
Es de esperar que eventualmente las cifras ajustadas se traduzcan en políticas públicas. Tal como lo indica la especialista Ángela Vega, la situación actual “genera mayores inquietudes, pues no se perciben acciones orientadas a solucionar la problemática que puede provocar este descenso”. Complementa: “No me refiero a cómo revertirlo, sino a cómo desacelerarlo o qué haremos cuando esto se vea reflejado en una estructura poblacional: envejecida y desbalanceada en edades laborales o productivas.”
Y ahí radica el núcleo del asunto. Una disminución en la cifra de niños y adolescentes impactará el tamaño de la población en edad laboral y el propio rendimiento de la economía. Si además se adiciona el paulatino envejecimiento de los colombianos, entonces emergen retos que se comprenden poco en un país donde lo urgente no deja espacio para lo fundamental.
Junto a lo anterior, se presenta la necesidad de entender que Colombia atraviesa un profundo proceso de transformación y no únicamente en el aspecto demográfico. Así lo señala Eduardo Lora en su exitoso libro Los colombianos somos así.
Desde diversas perspectivas, quien fuera director de Fedesarrollo subraya una serie de cambios que deben ser considerados por los gobiernos en funciones, las empresas y la propia ciudadanía. Por ejemplo, los hogares unipersonales representan ahora uno de cada cinco, mientras que los monoparentales copan uno de cada cuatro.
Los hogares unipersonales representan uno de cada cinco, los monoparentales son uno de cada cuatro. Foto:Reuters
Al mismo tiempo, el promedio de miembros por hogar ya es inferior a tres, no muy distante de lo que se observa en naciones más avanzadas. Esto justifica, por lo demás, la elevada oferta de apartamentos de tamaño reducido en las principales ciudades, diseñados para un individuo y su mascota.
Dicha reestructuración afecta y afectarála existencia diaria de todos. Desde la perspectiva de los servicios esenciales, se relaciona con la enseñanza, el sistema sanitario o el de pensiones. En lo que concierne a los intereses, las aproximaciones a la espiritualidad o la vida comunitaria tienden a alterar considerablemente.
Eduardo Lora, por ejemplo, plantea la inquietud sobre la utilización del tiempo. “¿Más personas solas implica una mayor necesidad de espacios públicos o más horas dedicadas a la televisión, las redes sociales y la internet de individuos recluidos en sus hogares?”, se cuestiona.
Tampoco está de más reflexionar sobre las posiciones políticas o la consideración de los principios democráticos en el futuro. “Los colombianos somos individuos aislados, desinteresados y cínicos”, añade el economista. Y no menos relevante es plantear quién se encargará de cuidar a los ancianos en un entorno donde las redes familiares tradicionalmente se han ocupado de ofrecer esa protección que en otros lugares asume el Estado.
Así las cosas, resulta complicado contradecir la declaración de que el acelerado descenso en la cantidad de nacimientos en Colombia es un tema de gran importancia. La disminución de la tasa de fecundidad facilitará una transición hacia un país radicalmente diferente al de hace algunos años, lo cual debería ser un aviso de alerta.
La razón es que no se trata de algo que sucederá en un futuro remoto, sino en el cercano. En vista de esa perspectiva, la alternativa es ignorar lo que se aproxima o ajustarse a tiempo a una realidad que, más que buena o mala, parece ser inevitable.
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ESPECIAL PARA EL TIEMPO
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