Colombia

A 10 años del proceso de paz: Santos recordó el pacto con ‘Timochenko’ para acabar la guerra

Con un video compartido en sus redes sociales, el expresidente Juan Manuel Santos conmemoró el sábado 12 de septiembre el camino de Colombia hacia la paz, al recordar el primer encuentro que tuvo con Rodrigo Londoño, alias ‘Timochenko’, en La Habana, Cuba. El evento se produce cuando se aproxima el décimo aniversario de la firma del Acuerdo de Paz, que se celebrará el 24 de noviembre de 2026.

Santos reveló en un conversatorio la anécdota del primer apretón de manos con el entonces máximo comandante de las FARC: “Usted y yo nos hemos tratado de matar durante 35 años, pero ahora acordamos hacer la paz, terminar la guerra”. El exmandatario propuso entonces una imagen que definió el espíritu de las negociaciones: la de dos personas remando juntas en una canoa.

El primer encuentro en La Habana: la canoa y el apretón de manos

Ante los asistentes al conversatorio, Santos describió cómo planteó a Timochenko la dimensión del cambio que debían asumir. Para ilustrarlo usó una metáfora: “Es como si usted y yo nos montáramos en una canoa y usted remara por un lado y yo remara por el otro, y vamos a seguir remando hasta lograr nuestro objetivo, que es la paz”.

Londoño aceptó la propuesta y ambos se dieron la mano. Ese gesto inició formalmente las negociaciones que, tras casi cuatro años de diálogos en la capital cubana, derivaron en el Acuerdo de Paz firmado el 24 de noviembre de 2016 en Cartagena. El pacto fue reconocido ese mismo año con el Premio Nobel de la Paz para Santos.

“Hace diez años, empezamos el camino hacia la reconciliación, después de décadas de sufrimiento y de dolor”, escribió el expresidente en sus plataformas, convocando: “Hoy la paz nos necesita a todos y a todas. Por eso los invito a subirse en este barco y a remar juntos en la misma dirección: la paz de Colombia”.

Diez años de implementación: logros y sombras

A una década del inicio de ese proceso, el balance de la implementación muestra avances parciales junto a desafíos que persisten. Entre los logros, se destaca el proceso de reincorporación de miles de exguerrilleros a la vida civil, con proyectos productivos y representación en el Congreso a través de partidos surgidos del proceso de paz.

Los obstáculos son igualmente visibles:

  • Grupos armados disidentes: una parte de la estructura de las extintas FARC no se acogió al acuerdo y sigue operando en distintas regiones del país bajo distintas denominaciones.
  • Asesinatos de líderes sociales y excombatientes: cientos de personas vinculadas al proceso de paz han sido asesinadas desde la firma, según informes de la ONU y la Defensoría del Pueblo.
  • Reforma rural integral: avanza con medidas de formalización y entrega de tierras, pero enfrenta retos de financiación y ejecución en los territorios más afectados por la violencia.

La reforma rural integral, uno de los puntos centrales del Acuerdo, es también uno de los más rezagados. La falta de presencia estatal en zonas rurales sigue siendo el obstáculo estructural más difícil de superar, según organizaciones de seguimiento al proceso.

El gobierno De la Espriella y el futuro del acuerdo

La llegada del presidente Abelardo de la Espriella al poder ha generado inquietudes entre los defensores del Acuerdo de Paz. El nuevo Ejecutivo decidió reducir los recursos destinados a la implementación, revocó las designaciones de los negociadores ante grupos armados y suspendió la mesa de diálogo que funcionaba con el Clan del Golfo desde julio de 2024.

En paralelo, aceleró las extradiciones: 70 en sus primeros 32 días, lo que refleja una apuesta por el endurecimiento de la política criminal frente a los actores armados. Los defensores del acuerdo señalan que estas decisiones no afectan directamente lo acordado con las FARC, pero crean un clima político adverso para la implementación.

Santos, en su intervención del sábado, evitó la crítica directa al gobierno vigente y optó por el llamado a la unidad. El décimo aniversario formal de la firma —el 24 de noviembre de 2026— se acerca como un hito que Colombia celebrará en medio de un debate abierto sobre cómo preservar lo construido y cuánto camino queda por recorrer.