Carlos Marchena llegó al Benfica en el verano de 2000 con 20 años recién cumplidos. Se encontró un club “muy en descomposición”, como él mismo dice. “Tuvimos tres entrenadores: Heynckes, Mourinho y Toni, que era un entrenador portugués. Y dos presidentes, con lo cual fue un año muy raro y muy inestable”. Todo comenzó en septiembre, Jupp Heynckes dejó el banquillo y llegó José Mourinho, un desconocido de 37 años que venía de ser traductor y asistente de Bobby Robson y Louis van Gaal. Era su primera experiencia como primer entrenador de un club.

Lo primero que le llamó la atención a Marchena fue el trato: “La cercanía con el jugador. Pero para bien, en el trato, aunque también para decir las cosas muy claras”. Recuerda una derrota 3-0 en Marítimo: “Nos dijo claramente a los tres centrales que habíamos estado muy mal, que era difícil ganar un partido con el nivel que habíamos demostrado”. Pero lo que de verdad le sorprendió fueron los entrenamientos: “Muy cortitos, con mucho ritmo, muy dinámicos, con mucho balón. Pero sobre todo muy cortos, muy intensos y muy intensos. A mí eso me llamó la atención porque venía de otra escuela, de entrenadores de otra época más mayores”. Mourinho aplicaba la periodización táctica de Vítor Frade, algo revolucionario entonces. Donde otros hacían correr, él solo usaba balón.

Maniche y Mourinho.RECORD

Los resultados empezaron a llegar. Tras perder el primer partido, Mourinho apenas perdió uno de los siguientes ocho. El 25 de noviembre de 2000, el Benfica goleó 3-0 al Sporting, campeón de Portugal. Fue el último partido de Mourinho en el banquillo. 10 días después dimitió. “La salida sí que es verdad, que la salida fue un poco rara”, reconoce Marchena. “A mí me sorprendió que íbamos muy bien y, de repente, dejó de ser entrenador. Pero nunca llegamos a enterarnos de la historia.”

Lo que pasó fue político. El 27 de octubre, Manuel Vilarinho ganó las elecciones presidenciales al hombre que había contratado a Mourinho, João Vale e Azevedo. El nuevo presidente quería a Toni, exjugador del club. Mourinho intuyó que sus días estaban contados y tras la victoria ante el Sporting pidió una renovación de contrato. Vilarinho se negó. El 5 de diciembre, Mourinho dimitió. Pero nada de esto llegó al vestuario con claridad. O al menos no a un joven español que, como él mismo admite, tenía “una edad que me enteraba de poco”. 

Jorge Pacheco, entrenador del Boavista, y Mourinho tras el Boavista 1-0 Benfica.

Jorge Pacheco, entrenador del Boavista, y Mourinho tras el Boavista 1-0 Benfica.

Un desenlace conocido por todos

El Benfica terminó aquella temporada sexto, la peor clasificación desde 1934. Mourinho fichó por el União de Leiria, luego por el Oporto. En 2003 ganó la liga con récord, en 2004 la Champions. Dejar marchar a aquel Mourinho es considerado como uno de los mayores errores de la historia del Benfica.

Esta noche, Mourinho recibirá en el Estadio da Luz al Real Madrid de Álvaro Arbeloa, su exjugador. Marchena conoció a ambos en diferentes momentos. Al actual entrenador del Real Madrid, con quien conquistó el Mundial de 2010, lo define como “un tipo muy cordial, muy compañero, muy voluntarioso para ayudar. Cercano, sobre todo. Una persona normal, dentro de la palabra normal como algo extraordinario. La normalidad hoy en día creo que es un valor añadido”.

26 años después de aquellos tres meses, Mourinho se mantiene como uno de los entrenadores más exitosos de la historia del fútbol. Dos Champions League, títulos en cuatro países y una carrera forjada a través de una personalidad que le ha bautizado como The Special One. Imposible sonar indiferente. Las águilas lo dejaron marchar y el destino les volvió a juntar décadas después. La historia le dio la razón a Mou. El Benfica tardó más en dársela.