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El escándalo del superhéroe discriminado

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Tiene una novelita César Aira donde un mago de verdad se presenta a un concurso de magos, y su magia verdadera acaba siendo un hándicap para llevarse el trofeo. Es difícil competir contra farsantes, contra mediocres, contra aficionados. Como su magia carece de truco, no puede ser valorada. No tiene mérito hacer desaparecer una paloma si haces desaparecer de verdad una paloma. No hay doble fondo, espejos o distracciones. El mago de verdad es un mal mago, y eso nos habla del drama de gente excesivamente preparada para su trabajo.

Wonder Man nos presenta a un actor de raza negra que se dirige sin saberlo hacia la más escandalosa discriminación. Ya conocen la tontería cinematográfica de nuevo cuño según la cual el personaje de una persona trans lo tiene que interpretar una persona trans; el personaje gay, un actor gay; y la voz de un dibujo animado paquistaní se la tiene que poner un actor paquistaní. Pues bien, a un superhéroe no lo puede interpretar una persona con superpoderes. Está prohibido.

Esta es la simpática, incluso compleja premisa de la serie. Aunque la genealogía de Wonder Man nos lleva hasta los años 60 dentro del enciclopédico universo Marvel (donde el personaje es en efecto actor y muere y resucita y pasa de supervillano a superhéroe benigno), la nueva serie de Disney+ opta por una arriesgada aproximación meta-narrativa a la historia.

Por ello, en sus primeros compases, Wonder Man recuerda a The Studio (Apple Tv), lo cual sirve para certificar la visión excesivamente pánfila y edulcorada que la serie de Seth Rogen ofrece sobre Hollywood. No todo es tan guay, ni todos son tan idiotas. En Wonder Man vemos la crudeza auténtica de un casting, la vida cutre de los aspirantes a actor, los tejemanejes y pillerías que pueden llevarte al éxito y la devoción con la que muchos fracasados viven el cine.

Yahya Abdul-Mateen II da vida a Simon Williams, un actorcillo repelente que sabe demasiado sobre películas como para que alguien le haga caso. Como sucede en el mundo de los libros, saber del tema es siempre un inconveniente. La serie está llena de referencias cinematográficas de primer nivel, en lugar de los clichés habituales en este tipo de productos, que a las primeras de cambio te citan a Orson Welles y ya se las dan de cultos, cinéfilos y sabelotodos.

Curiosamente, esta sofisticación aporta realismo a Wonder Man, como sucedía también con la película Los que se quedan (2023): el mundo de la cultura no se retrata a partir de referencias icónicas que pueda reconocer cualquiera, sino de citas originales que muestren su inacabable amplitud.

Una persona trans lo tiene que interpretar una persona trans. Pues bien, a un superhéroe no lo puede interpretar una persona con superpoderes

Cuando aparece el personaje interpretado por Ben Kingsley (estupendamente conservado a pesar de tener un millón de años), la serie va girando hacia su condición comiquera y superpoderosa, que se dosifica con gran maestría. El actor que diera vida a Gandhi compone con el protagonista una pareja de buscavidas (a la manera de Cowboy de medianoche, citada en la serie) que revisa las miserias de la industria y nos lleva al centro de la historia: que un superhéroe no puede interpretar superhéroes porque es muy probable que haga daño a alguien en el rodaje. Parece que hace décadas sucedió este imposible, y desde entonces los superhéroes tienen prohibido actuar de superhéroes, por prevención. Es como si Jeffrey Epstein no pudiera interpretarse a sí mismo, en suma.

Fotograma de Wonder Man, en Disney

Los juegos de cajas chinas se suceden, y hay un momento en el que nuestro amor por el cine queda completamente validado en Wonder Man. Sale Joe Pantoliano, este sí haciendo de sí mismo. Se trata del fantástico actor que interpretó a un personaje secundario en The Matrix (1999), y que cualquier cinéfilo de bien recuerda por la famosa escena donde afirma: “La ignorancia es la felicidad”. Ser fan de Joe Pantoliano es lo único que le pedimos a Disney+, y no citar a Orson Welles.

Por lo demás, la serie se ubica en un ambiguo tiempo donde todo remite a los años 70 (incluida la música), pero en el que se manejan teléfonos móviles de hoy en día y se cita a Christopher Nolan. También hace un cameo Mario López, de Salvados por la campana. La producción es principesca, y todo está rodado con dinamismo, humor y buen gusto. Siendo la serie que adapta otro cómic más de Marvel, lo que despide fundamentalmente es un amor absoluto por el arte de hacer películas.

Tiene una novelita César Aira donde un mago de verdad se presenta a un concurso de magos, y su magia verdadera acaba siendo un hándicap para llevarse el trofeo. Es difícil competir contra farsantes, contra mediocres, contra aficionados. Como su magia carece de truco, no puede ser valorada. No tiene mérito hacer desaparecer una paloma si haces desaparecer de verdad una paloma. No hay doble fondo, espejos o distracciones. El mago de verdad es un mal mago, y eso nos habla del drama de gente excesivamente preparada para su trabajo.

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