Redacción El Tiempo

Crónica publicada el 24 de abril de 1922. No se indicó su autor.

Después de una mañana lluviosa, que hizo temer que no pudiera verificarse la anunciada función de boxeo, se abrieron las puertas del Circo de San Diego a las dos de la tarde. Una inmensa multitud, que llenaba todo el frente del Circo, se apretujaba para poder entrar. Hubo una falta absoluta de organización y carencia de Policía, pues la que se envió no era suficiente para hacer guardar el orden.

No obstante que en las puertas estaba marcada la entrada de ring, y de tendidos, todo el mundo se precipitó a la entrada del ring, a pesar de ser ésta la más estrecha, sin que nadie tratara de evitarlo. El ring estaba vacío en sus dos terceras partes.

Una vez en el circo, la multitud no cabía en el tendido de sol, e invadió los palcos y el tendido de sombra. Puede calcularse el número de espectadores de seis a siete mil, en su mayor parte de tendido de sol.

El circo, construido por el doctor Rafael Duarte, con un coste de muchos miles de pesos oro, y con un derroche de energía y constancia verdaderamente admirables, es lo mejor que hemos tenido en Bogotá, como solidez y como elegancia. El redondel es muy amplio, los tendidos muy cómodos y los palcos admirablemente dispuestos. La solidez del circo quedó archicomprobada, pues el tendido de sol resistió cinco mil personas, sin que la madera cediera en lo más mínimo.

Dentro de quince días, para el anunciado match entre Riego y Brewer, el circo estará ya pintado y decorado, y será tan cómodo como elegante. Ante todo, enviamos al doctor Duarte nuestras más cumplidas felicitaciones.

Un poco después de las tres, se dio principio al match entre los boxeadores Xavier Monod, aviador francés, y Luis Emilio Garnica, boxeador santandereano. Ambos son muchachos muy gallardos y muy simpáticos. En el primero y segundo rounds estuvieron los dos boxeadores bastante iguales, pero en el tercero hubo una ligera ventaja de parte de Garnica.

Antes de principiar el cuarto round, entró al circo el Gral Herrera, acompañado del doctor Eduardo Santos. El inmenso gentío se puso en pie y aclamó con delirante entusiasmo al ilustre jefe del liberalismo, a quien las multitudes siguen ayer como hoy.

En el cuarto round Garnica inició una formidable ofensiva contra Monod el cual se salvó gracias a la circunstancia fortuita de que se le aflojaron los calzones y hubo necesidad de suspender el match para colocárselos en su puesto. Reanudado el match, los dos boxeadores permanecieron a la defensiva, y el juez, que lo era el Mayor Carlos Padilla, los excitó para que atacaran; pero el gong suena, sin que se den nuevos golpes.

En el quinto round es patente la fatiga de ambos boxeadores, pero sin embargo se atacan fuertemente. En la salida de un clinch, Monod cae al suelo y permanece allí con el objeto de descansar. El Juez Padilla cuenta rápidamente diez, antes de que se ponga en pie Monod, pero el time-keeper le observa que no han pasado diez segundos, y Monod se levanta antes de que éstos pasen.

Al terminar el sexto round, que fue muy movido, y después de sonar el gong, Garnica continúa golpeando a Monod. El público se indigna ante esta falta, y el Mayor Padilla declara que Garnica no oyó el gong. El deber de Padilla era el de impedir que Garnica golpeara a Monod, después de terminado el round. Monod, muy gallardamente, no da importancia al incidente.

El séptimo y el octavo rounds fueron bastante iguales, y ambos boxeadores lucharon con valor.

El referee, Mayor Padilla, informa que el Jurado ha declarado vencedor por puntos a Garnica. Al público no le satisfizo esta decisión, por considerar que el match debía ser declarado empatado.

Los conocedores criticaron la dirección del combate, y tacharon al Mayor Padilla de falta de serenidad y de conocimiento del ring.

El número siguiente, que era el de esgrima no pudo verificarse, por hallarse enfermo el Capitán Guichard.

Siguió luego la lucha rusa, entre dos jóvenes gitanos, de los que actualmente nos visitan. Ambos salieron con pintorescos atavíos de piel. La lucha fue muy interesante. Los dos luchadores hacían verdaderos prodigios de habilidad para no dejarse poner la espalda en el suelo. Al fin, al quinto round, uno de los dos —no sabemos su nombre—levantó al otro en el aire, y lo colocó de espaldas en el suelo.

Vino luego el match de boxeo entre los boxeadores Juan B. González y Rafael Cabral, que fue el mejor número de la tarde. Desde el principio se vio la superioridad enorme de González sobre Cabral. Bien pronto Cabral quedó cubierto de sangre, que arrojaba por boca y narices. En el segundo round Cabral reaccionó bastante; pero en el tercero volvió a recobrar González su superioridad.

El referee de este match, Mr. Berry, es lo mejor que en esta materia hemos visto en el ring. Con una ciencia admirable y con grande imparcialidad, dirigió el combate en forma que le hizo acreedor al aplauso universal. Con referees como Mr. Berry si puede apreciar uno todas las fases de un match. Cabral cometió numerosas faltas, como la de coger con sus guantes el guante de González en los clinchs.

Sin duda estos faults fueron involuntarios, pues Cabral combatió con grandísimo valor, a pesar de su evidente inferioridad. Al final del octavo round, González asestó a Cabral un formidable upper-cut, que tiró a Cabral dormido sobre las cuerdas, de donde cayó al suelo, permaneciendo allí hasta después de que el juez contó diez. No había pasado un minuto, cuando Cabral se puso en pie, completamente atontado, y como creyese que el combate continuaba, se puso en guardia. En ese momento se le acercó González y lo abrazó. Cabral comprendió que había sido vencido, y aceptó con una sonrisa de su boca ensangrentada esta derrota.

Pasados varios minutos de intervalo subió al ring Vásquez, aplaudido por el público, y en seguida Tanco, quien recibió una delirante ovación. Eran padrinos de Vásquez el doctor Alberto Dupuy y el doctor Hernando Gómez Tanco. Padrinos de Vásquez, los señores Jorge Morel y Frederic Pierre. Juez de combate, el señor Jorge Drouot, y jurado calificador, los señores Ben Brewer, Alfredo Valenzuela y José María Uribe Th.

Después de los preliminares de ordenanza, principió el match. La ansiedad del público era enorme. No se oía un suspiro. Todos los rostros se hallaban contraídos. La inmensa multitud estaba pendiente del ring.

Desde los primeros golpes se vio que Tanco no era el boxeador inhábil que el afortunado golpe de Brewer hizo creer a muchos. No: Tanco ataca con decisión, sabe defenderse, esquiva los formidables golpes de su tremendo adversario y golpea a su vez con grandísimo vigor. El primer round podría haberse declarado empatado.

El entusiasmo del público ante la gallarda actitud de Tanco era enorme. La gente aclamaba con delirio a su favorito.

El segundo round se inició en medio de inmensa expectativa. En éste se marcó algo la superioridad de Vásquez, quien envió a tierra a Tanco de un golpe afortunado. Tanco se puso en pie inmediatamente y atacó a Vásquez. Ambos golpean sin piedad. Tanco recibe en las mandíbulas varios golpes, que le dejan intacto.

El tercer round fue favorable todo a Tanco, quien da un tremendo golpe a Vásquez y lo arroja a tierra atontado. Los infightings son terribles. Bien pronto la nariz de Vásquez sangra con abundancia. Tanco en cambio está intacto. Este round termina en medio del inmenso, del clamoroso entusiasmo del público, que considera ya a Tanco como vencedor.

Principia el cuarto round y no había llegado a la mitad, cuando Tanco indicó que ha recibido un golpe falso; no obstante, el combate continúa, y en un clinch Vásquez da un golpe a Tanco cerca de la ingle izquierda. Tanco se retira y dice al juez que ha sido duramente golpeado por Vásquez en la ingle. El juez suspende el combate, y el boxeador Tanco baja del ring a someterse, a su solicitud, a un examen médico. Este round duró un minuto y 28 segundos.

En el público hay un primer momento de indignación. Al ring se acercan muchos caballeros a insultar a Vásquez, quien pierde la serenidad y contesta a las agresiones. Pasa el tiempo, y nada se sabe. El público se impacienta. Los amigos de Vásquez y los extranjeros dicen que aun cuando hubiera habido un golpe malo, el combate debe continuar, pues sólo después de tres golpes puede descalificarse a un boxeador. Otros niegan que haya habido tal golpe. El público que ve a Vásquez en el ring y a Tanco ausente, comienza a cambiar de opinión, y ya se oyen gritos contra Tanco. Un heraldo sube al ring y dice que el boxeador Tanco volverá a salir, pero que se considera en estado de inferioridad. Este aviso levanta una tempestad de protestas. Varios deportistas califican de muy poco sportman-like, o de no ajustado a las reglas del deporte la conducta de Tanco, quien pierde con esto el favor del público. Al ring se acercan muchas personas a dar la mano a Vásquez, y aun algunos llegan a avivarlo. La confusión es general. Gran parte de los asistentes gritan “¡Descrestada, descrestada!”, en un coro inmenso. Otros increpan a la empresa y piden que se les devuelva el dinero. El disgusto es general.

Al fin, otro heraldo sube y dice que el señor Tanco, que se considera en estado de inferioridad evidentísima, no puede continuar el combate. El mismo Tanco, vestido entonces de particular sube al ring, y explica a las personas que se hallan cercanas lo que pasa. Después de esto Tanco y Vásquez bajan del ring.

El alcalde convoca a los jurados para que tomen una decisión; pero éstos se han ausentado y sólo se halla presente el boxeador Brewer. El alcalde multa a los jurados ausentes con cincuenta pesos a cada uno, por no haber cumplido con su deber.

El doctor Luis Felipe Calderón, uno de los médicos del combate, y quien examinó a Tanco, declara que no tenía herida ninguna, y que si el señor Tanco se consideraba en estado de inferioridad, era esta una impresión subjetiva del mismo señor Tanco, pues, como lo dijo no había síntomas que permitieran declararlo así inmediatamente.

Los padrinos del señor Tanco nos dicen que sí hubo golpe; que el guante de Vásquez quedó marcado sobre los calzones de Tanco, dejando allí una mancha grisosa y sanguinolenta; que el golpe recibido por Tanco fue violentísimo, y que en esa región un golpe lo pone a uno en condiciones de absoluta inferioridad; que además al examen médico Tanco muestra en la nuca un chichón que responde sin duda a un golpe dado con la canilla del brazo, lo cual es una falta gravísima; que, según el reglamento que nos leyeron, el golpe en la ingle, por sí solo, basta para descalificar al que lo dé; y que por otra parte, conocidas como son las condiciones de alta caballerosidad de Tanco, es increíble que éste hubiera podido fingirse en estado de inferioridad por el golpe recibido; esto sin contar que cuando recibió el golpe, se hallaba vencedor y podía garantizarse que al continuar el combate lealmente, habría obtenido resonante victoria. El señor Tanco declaró a sus padrinos que sentía un violentísimo dolor en la región golpeada, y estos señores dicen que por ningún motivo pueden dudar de la palabra de Tanco, que antes que boxeador es caballero.

Estas son las dos tesis respecto del desagradable final del match de ayer, que dejó en nuestro público una impresión penosísima y que viene a dar un golpe a la afición del boxeo.

Debemos advertir que constantemente se anunciaba que Tanco volvería al ring; al salir de conferenciar con éste, los jueces señores Brewer y Uribe T. dijeron a un grupo de caballeros que el match debía continuar, e igual orden, en forma terminante, oímos dar al doctor Oliverio Gaitán, inspector del barrio. Nosotros, que oímos estas cosas, esperábamos la continuación del match, cuando vimos salir al señor Tanco, ya vestido.

En resumen: una tarde que se inició brillantemente, con entusiasmo enorme, y un final desgraciadísimo, que dejó disgustado a todo el mundo.

Conforme a los criterios de