Colombia vive con un talón de Aquiles energético que se activa cada vez que el clima global cambia de humor: su dependencia de las lluvias para generar electricidad. Con el fenómeno de El Niño regresando con fuerza en 2026, los embalses que alimentan las plantas hidroeléctricas del país están cayendo, y con ellos, la tranquilidad de millones de usuarios que temen una repetición del racionamiento que vivieron en 2015 y 2016.
Por qué Colombia depende tanto del agua para su electricidad
Colombia tiene una de las matrices eléctricas más dependientes de la hidroelectricidad de América Latina. Históricamente, entre el 65% y el 75% de la energía eléctrica del país se genera en plantas hidroeléctricas, que usan la fuerza del agua para mover turbinas. Los grandes proyectos como las hidroeléctricas de El Quimbo, Betania, Hidroituango y las plantas del río Cauca y Magdalena conforman el grueso de la oferta energética nacional.
Esta dependencia tiene una ventaja enorme en tiempos normales: es energía limpia, relativamente barata y renovable. Pero tiene una debilidad estructural: cuando no llueve, la capacidad de generación cae. Y cuando las lluvias son escasas durante semanas o meses —como ocurre durante El Niño—, los embalses bajan y las plantas generan menos energía de la que el país necesita.
El sistema eléctrico colombiano también cuenta con generación térmica (plantas que queman gas natural o carbón) y, en menor medida, energía eólica y solar. Estas fuentes se activan cuando la hidrología falla, pero tienen costos más altos y sus propias restricciones de capacidad.
Qué es El Niño y cómo afecta a Colombia en 2026
El Niño es un fenómeno climático natural que ocurre cuando las temperaturas superficiales del océano Pacífico tropical suben por encima de lo normal. Ese calentamiento altera los patrones de lluvia en gran parte del mundo: en Colombia, El Niño generalmente produce sequías o lluvias por debajo de lo normal, especialmente en las regiones Andina y Caribe.
En 2026, el IDEAM (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales) ha confirmado la presencia de condiciones asociadas a El Niño, con efectos sobre los caudales de ríos y la recarga de embalses. Las proyecciones indican que el segundo semestre de 2026 podría registrar déficits hídricos significativos en varias cuencas clave.
Los niveles actuales de algunos embalses, información que la UPME (Unidad de Planeación Minero Energética) publica semanalmente, muestran una tendencia a la baja que preocupa a los operadores del sistema y a los organismos de regulación energética.
¿Puede repetirse el racionamiento de 2015-2016?
En 2015-2016, Colombia vivió uno de los episodios de El Niño más intensos de las últimas décadas. Los embalses cayeron a niveles críticos y el Gobierno Nacional implementó medidas de ahorro de energía que incluían apagones programados en algunas regiones, incentivos tarifarios al ahorro y restricciones al alumbrado público.
La pregunta que todos se hacen hoy es: ¿puede volver a pasar?
La respuesta de los expertos es: es posible, pero no inevitable. Desde 2016, Colombia ha aumentado su capacidad instalada de generación, especialmente con el avance de Hidroituango (que suma cerca de 2.400 MW de nueva capacidad cuando opera a plena potencia) y la expansión de proyectos de energía solar y eólica en La Guajira y otras regiones.
Sin embargo, las advertencias son claras:
- Si el fenómeno de El Niño se prolonga hasta bien entrado 2027, el riesgo de racionamiento aumenta considerablemente
- La demanda de energía ha crecido junto con la economía y la electrificación de nuevas zonas rurales
- Los proyectos de energías renovables aún no compensan completamente la fragilidad hídrica del sistema
El efecto en Ecuador y los países vecinos
La crisis energética colombiana no es solo un problema interno. Ecuador importa parte de su energía eléctrica desde Colombia mediante interconexiones eléctricas internacionales. Cuando Colombia enfrenta déficit propio, tiene que reducir o suspender esas exportaciones, lo que agrava la situación energética ecuatoriana.
Este efecto de contagio regional ya se vivió durante el Niño de 2015-2016 y refleja la dependencia de la región en la generación hidroeléctrica compartida. La integración energética regional que en tiempos normales es una ventaja —Colombia vende energía barata a sus vecinos— se convierte en un factor de riesgo compartido cuando la hidrología falla a gran escala.
Qué puede hacer usted para ayudar y protegerse
Independientemente de si el gobierno implementa medidas de racionamiento formal, el ahorro energético inteligente siempre es valioso. Algunas medidas prácticas:
- Reducir el uso de electrodomésticos de alto consumo en las horas pico (generalmente entre las 6 p.m. y las 9 p.m.), cuando la demanda del sistema eléctrico es máxima
- Sustituir bombillas incandescentes por LED, que consumen hasta un 80% menos de energía con la misma iluminación
- Desconectar aparatos en standby: el televisor, el computador y el cargador del celular consumen energía incluso sin usarlos activamente
- Lavar ropa en horarios de baja demanda (madrugada o mediodía) y con agua fría cuando sea posible
- Monitorear el estado de los embalses a través del boletín semanal de la UPME, disponible en su página web oficial, para estar informado de la evolución del sistema
La transición energética de Colombia hacia fuentes más diversas y menos dependientes del clima es un proceso de largo aliento. Mientras tanto, el comportamiento de los usuarios sigue siendo una pieza clave para evitar crisis en los momentos de mayor estrés del sistema. Ahorrar energía hoy no es solo un gesto ciudadano: puede ser la diferencia entre llegar o no al fin de la temporada seca sin racionamiento.