En un apartado pueblo cercano a Lima, los rayos del sol se manifiestan tarde y se ocultan antes de lo previsto. La iluminación siempre parece estar incompleta, y las sombras dominan el espacio, expandiéndose sobre las vías y las viviendas, donde la penumbra se convierte en parte del cotidiano.
A lo lejos, el murmullo del río interrumpe la calma. Su flujo incesante se desliza entre las piedras y se despliega por el pueblo, como una voz continua que recuerda que, a pesar de la oscuridad, el agua nunca cesa su avance.
Esta comunidad se ubica en una estrecha hendidura de la cordillera de los Andes en Perú, un sector donde los hogares han sido edificados con piedra, adobe y otros materiales ancestrales, adaptándose al terreno resguardado por Tunshupallpa, Uman Huarco y La Libertad.
Los nombres que rodean este sitio no aluden a autoridades o líderes locales, sino que hacen referencia a tres gigantescas montañas que dejan atónitos a más de un visitante de Tomas, uno de los 33 distritos de la provincia de Yauyos, en el departamento de Lima. Para sus residentes, la presencia de estas montañas no provoca sorpresa ni miedo.
El pequeño distrito de Tomas se localiza al norte de la provincia de Yauyos, a una altitud de 3.592 metros sobre el nivel del mar. Fue establecido el 16 de octubre de 1933, junto a los anexos de Siria y Huancachi.
Según la Dirección Regional de Comercio Exterior y Turismo del Gobierno Regional de Lima, el nombre de esta jurisdicción está vinculado con la confluencia de los ríos Sinhua y Huancachi. En este contexto, es pertinente mencionar que la Real Academia Española (RAE) define “toma” como el “lugar por donde se desvía una corriente de fluido”.
Considerando esto, es fundamental describir las singularidades del pueblo, compartir las voces de sus ciudadanos y presentar imágenes que capten la esencia de esta comunidad. Para profundizar en su historia y entorno, se pueden revisar los videos disponibles en los canales de YouTube de José Medrano y Max CQ, que brindan más información sobre la localidad.
José, un creador de contenido peruano, visitó Tomas y conversó con sus residentes para obtener más información sobre las tres montañas que protegen el asentamiento. Antes de sumergirse en el pueblo, hizo una pausa en la entrada principal, donde le llamó la atención el mensaje en
el arco de recepción: “Saludos a la avanzada localidad Tomas”.
En las columnas de la entrada se muestran dos botas, emblema de una danza autóctona denominada los negritos. Además, sobre el arco, una representación de un jinete montado hace referencia a las competencias hípicas que son parte de las celebraciones comunitarias.
Tras capturar la fachada con su cámara, José se adentra en la localidad. “Aquí, el sol aparece tarde y se oculta temprano”, le comentó Daniel Ruiz Dionisio al generador de contenido.
Los rayos solares no logran iluminar la quebrada en todo su esplendor, ya que las tres enormes montañas que la circunscriben obstruyen su luz. La presencia de estas formaciones no asombra ni inquieta a los que residen aquí, quienes han aprendido a convivir con ellas. Sin embargo, los turistas de la zona, atraídos por las imponentes montañas, suelen quedar atónitos.
“Cuando observan los cerros, las personas se asustan. Les parece inusual, miran la montaña con gran intriga”, narró Daniel.
A pesar de que hay áreas más amplias como Siria o Sinhua, los primeros pobladores decidieron establecerse en esta angosta quebrada. Daniel no tiene claridad sobre la razón de esta decisión, aunque reconoce que la comunidad ha sabido ajustarse a su entorno.
En la actualidad, la plaza central de Tomas es un sitio apacible con escasa asistencia. No obstante, durante las festividades, la Plaza de Armas se llena de visitantes, generando congestión en las vías principales.
El generador de contenido también conversó con Emma León Melo, quien explicó que la mayoría de sus vecinos se dedican más a la ganadería que a la agricultura. “Criamos alpacas en las alturas. Ya no tenemos carneros; la lana de este animal la utilizamos para tejer”, mencionó.
Los moradores de Tomas cultivan diversos tubérculos y granos, incluyendo papa, oca, mashua, olluco, habas, quinua y alverja. Además, se enfocan en la cría de ganado, criándose vacas, alpacas, vicuñas, ovejas y llamas.
Max, otro generador de contenido, exploró la zona y descubrió que en el centro de la Plaza de Armas hay dos estatuas en homenaje a las danzas tradicionales, la palla y los negritos. “El pueblo cuenta con un colegio, un centro de salud y un ayuntamiento. Asimismo, cada mañana hay una persona encargada de la limpieza”, declaró.
Es relevante mencionar que en Tomas hay un puente construido con calicanto, un método que mezcla piedra, cal y arena para garantizar una estructura resistente y duradera. También existe un mirador de Yanacoto, desde el cual se puede contemplar la extensión del pueblo. En la parte superior, una finca de material sólido alberga la imagen de la Virgen del Carmen.
Finalmente, las calles empedradas de esta comunidad atraen a los visitantes, así como sus impresionantes paisajes y recursos naturales. El clima varía entre templado y seco, con intensas lluvias de diciembre a abril, mientras que el resto del año se caracteriza por una sequía predominante.
