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Ni un papel, ni un pedazo de bolsa se ven tirados en las calles del barrio El Regalo, el más limpio de Bogotá y considerado el más aseado de América Latina.
Es una pequeña zona de la inmensa localidad de Bosa, en el suroccidente de Bogotá. Allí habitan 104 familias que por más de 30 años han procurado mantener como una tacita de plata.
Allí, todos sus habitantes sacan las bolsas de basura el día que pasa el camión recolector de la empresa de aseo y las canecas de basura que están instaladas en sus calles no se ven con regueros en el piso, como sí sucede en muchas otras zonas de la ciudad.
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La cancha del barrio El Regalo. Foto:Sara Malaver
El propio alcalde Carlos Fernando Galán así lo reconoce. De hecho, en la mañana de este sábado, en un evento en La Esmeralda, en la localidad de Teusaquillo, lo pondrá como ejemplo para el resto de la ciudad, en el marco de la estrategia contra los puntos críticos de arroz rojo de escombros y basura.
Entrar a El Regalo es una especie de utopía, como si se cruzara a otra dimensión. Una delgada línea separa el caos de la avenida El Tintal y las calles perfectamente limpias de este barrio.
Es la muestra de una realidad atípica para muchos en una ciudad donde vienen creciendo las quejas por la acumulación de residuos y se recogen alrededor de 1.000 toneladas de residuos al día y que se han vuelto parte del paisaje de muchos sectores.
Ese volumen es fuera de las que levantan los camiones compactadores en sus recorridos semanales o incluso diarios.
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Por eso, decir que existe un barrio limpio en la ciudad y más aún de un continente no es exagerado.
El Regalo tiene un parque con canchas de fútbol y baloncesto, un salón comunal, tiendas y misceláneas.casas que se parecen una a la otra, uno que otro perro en la calle y canecas. Nada diferente a cualquier otro barrio de Bogotá.
Ana Inés Vásquez, presidenta de la junta de acción comunal (JAC), es la gestora de todo ese logro y que le han merecido en dos ocasiones. el premio Gaviota AC de México como el barrio más limpio de Latinoamérica.
El reciclaje en el barrio El Regalo. Foto:Sara Malaver
Esta mujer no es de Bogotá, llegó de Bucaramanga a los 18 años por azares de la vida, puntualmente a esta localidad. La despertar -cuenta- “las montañas de basura en cada esquina”.
Como si se tratara de una responsabilidad, Vásquez se adueñó de este problema. Junto con otros vecinos, empezaron a separar los residuos. Los orgánicos los convierten en huertas urbanas y otros, incluso, los convierten en artesanías.
El liderazgo no lo logró de buenas a primeras. Primero se vinculó a causas sociales de la comunidad y luego se convirtió en vicepresidenta de la JAC.
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Con la ayuda de una máquina de escribir, empezó a redactar cartas para pedir a las autoridades una red de servicios públicos, alcantarillado y recolección de basura para el barrio.
Aprovechó de lo que había aprendido sobre ecología en el colegio para empezar. a concienciar a varios de sus vecinos sobre la importancia de cuidar el medio ambiente. Así empezó a enseñarles cómo reutilizar los residuos que producían, a reciclar ya transformar.
Posteriormente, gracias a un diplomado, logró reforzar sus conocimientos y comenzó a hacer abonos orgánicos, a utilizar el papel para tarjetería, a reutilizar el agua lluvia y, como ella menciona, a “convertir todo lo que la gente botaba en dinero”.
Con el tiempo, más familias se le unieron y poco a poco lograron que las 10,4 toneladas de residuos que producen al año no fueran al relleno de Doña Juana. En esa labor les han ayudado universidades y varias instituciones.
El Regalo comenzó, entonces, a convertirse en lo que es actualmente. Pasó de tener arrumes de bolsas y desperdicios en sus calles a un barrio muy organizado y donde no se ve un papel que pueda ser arrastrado por el agua o por el viento.
El barrio más limpio
Esta es la valla de información en el Barrio El Regalo. Foto:Sara Malaver
Desde el parque se puede leer un letrero grande que dice “Ecobarrio El Regalo. En pocas palabras eso describe lo que ha venido haciendo esa comunidad para ser territorio que minimice el impacto en el ambiente.
Justo al frente se encuentra el salón comunal, que en sus paredes retrata la naturaleza que todos tratan de salvar a los vecinos y que, Por más de tres décadas, ha sido punto de encuentro y de aprendizaje sobre compostaje, reciclaje y sostenibilidad.
Actualmente, 104 familias hacen parte de este proyecto. Incluso, han aprendido a producir sus alimentos.a tal punto de tener su propia huerta en casa, con lo que se ahorran algunos pesos.
También han sabido cómo aprovechar cada una de las botellas de plástico que hacen parte del mercado o de consumo diario. Las llamadas “botellitas del amor”. Las llenan con plásticos de un solo uso que, por cuestiones técnicas y económicas, no se pueden reciclar, como envoltorios y bolsas.
A partir de eso, transforman las botellas en ‘madera plástica’ que, finalmente, se ven reflejadas en muebles en los que se depositan más residuos, Esto gracias a una alianza que tienen con la empresa Herraplast.
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Dentro de uno de los espacios del salón comunal hay uno de los cajones hechos de esa manera. ‘Chatarra, vidrio, cartón’ se lee en tres compartimentos del mueble. Es allí donde tanto niños como adultos van dejando envoltorios, cartones, tapas y otros elementos que se consumen durante la semana.
“Nos metieron en la cabeza que el reciclaje era para cierto tipo de población vulnerable, pero cuando a partir de ello podemos salvar vidas, la cosa cambia”, añade Ana mientras separa en una bolsa blanca varios envases vacíos de detergentes, champús y limpiadores que, posteriormente, serán convertidos en algún utensilio de uso práctico, como un recogedor de excremento de animales o escritorios para niños de colegios aledaños.
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Los establecimientos comerciales también se han contagiado de la iniciativa. Separan lo que producen hasta alcanzar una cantidad considerable para entregarla a la empresa de plásticos para darle un nuevo uso a esos residuos.
Los escombros de construcción, llantas y muebles viejos y electrodomésticos averiados, gracias a la organización de la JAC, son recolectados por grupos comunitarios, como el de adultos mayores o afiliados, y llevaron los puntos habilitados por Lime, la empresa encargada del servicio de aseo en la zona.
Y espera que próximamente la empresa CEMEX, cuenta Ana, se les una con la recolección de los escombros de demolición para que sean reaprovechados en la fabricación de ladrillos, promoviendo así una gestión más sostenible y circular de los residuos de construcción.
Un problema que no da tregua en Bogotá
La señora Ana Vásquez con el material reciclado. Foto:Sara Malaver
Según la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (UAESP) hasta agosto de 2025se registra un promedio de 5.614 toneladas diarias de residuos ordinarios no aprovechables, lo que representa un incremento del 3 por ciento respecto al promedio del año anterior.
Así mismo, de acuerdo con cifras de la misma entidad, actualmente hay 711 puntos críticos en 19 de las 20 localidades de Bogotá. En primer lugar, se encuentra Engativá con 153 puntos críticos, segundo está Kennedy con 71, y en tercer puesto, Bosa con 60 puntos críticos.
A pesar de los esfuerzos de la Alcaldía actual, como los ‘cazarregueros’ y el programa piloto con recicladores, todavía es común encontrar montones de basura y escombros en calles, parques, plazoletas y andenes de la ciudad.
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Incluso, algunos puntos donde los operadores instalan canecas para promover el buen uso del espacio público siguen funcionando como botaderos. Aunque fueron pensadas para depositar pequeños residuos, como papeles, botellas o desechos de mascotas, hoy se observan desbordadas y con basura regada alrededor.
Del mismo modo, muchos contenedores destinados a recibir bolsas de basura doméstica o material reciclable no han cumplido su propósito. En su lugar, se han convertido en depósitos improvisados de llantas, muebles, electrodomésticos dañados y escombros provenientes. de viviendas, locales y oficinas.
Un ejemplo para la ciudad
El resultado del reciclaje en el barrio. Foto:Sara Malaver.
En el marco de la Semana de la Participación, el alcalde Carlos Fernando Galán encabezará este sábado 25 de octubre un macroacuerdo ciudadano por la limpieza de Bogotá, que reunirá a representantes de todas las localidades en el barrio La Esmeralda. El encuentro busca impulsar compromisos colectivos para reducir los puntos críticos de basuras y fortalecer el trabajo comunitario por el cuidado del entorno, siguiendo el ejemplo del barrio. El Regalo, en Bosa, reconocido como el más limpio de Latinoamérica.
Con apoyo del Instituto Distrital de la Participación y Acción Comunal (IDPAC), este barrio se transformó en un modelo de organización ciudadana: hoy cuenta con huertas sostenibles, espacios públicos recuperados y una comunidad comprometida con mantener su territorio como una verdadera “tacita de plata”.
SARA MALAVER
Escuela de Periodismo MultimediaEL TIEMPO
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