En la Bolsa de Estados Unidos, Nvidia se ha transformado en el ícono del auge. Su capitalización en el mercado superó los US$5 billones en 2025, convirtiéndola en la compañía más valiosa del mundo.

Comunicador social – Periodista de la UPB Bucaramanga. Magíster en Estudios Políticos de la Universidad de Caldas. Especialista en Comunicación Digital. Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2023. Miembro del Consejo de Redacción.

Desde que ChatGPT apareció en la escena a finales de 2022, los mercados financieros no han sido los mismos. En menos de tres años, el S&P 500, donde se encuentran las corporaciones más grandes del planeta, creció un 85%, y los expertos coinciden en que la inteligencia artificial (IA) es responsable de cerca del 75% de esos rendimientos, el 80% del aumento de las ganancias empresariales y el 90% del gasto en capital.

El centro de este fenómeno es Nvidia, una compañía que se transformó de ser un actor modesto en el ámbito de los chips a convertirse en la más valiosa de la historia reciente, con una capitalización superior a 5 billones de dólares, el doble del PIB de Canadá.

Existen empresas tecnológicas más grandes que la economía de naciones enteras”, comenta Freddy Vega, CEO de Platzi.

El entusiasmo es tal que las 15 principales corporaciones relacionadas con la IA —incluyendo Microsoft, Apple, Alphabet, Amazon, Meta, Tesla, Palantir y Oracle— acumulan 26 billones de dólares en capitalización de mercado, lo que equivale al 43% del S&P 500, una concentración sin precedentes. “Nunca antes el índice había tenido tal concentración”, señala Camilo Cisera, economista argentino y experto en finanzas.

Sin embargo, tras el brillo, hay sombras. El mismo Estados Unidos que celebra máximos históricos en la bolsa enfrenta un mercado laboral enfriado, las ofertas de empleo cayeron de 12 millones a 7,2 millones en 2025, un descenso del 40%, justo cuando Wall Street alcanza su punto más alto.

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Crecimiento explosivo, deuda récord y despidos masivos por la IA

Vega recuerda que la inversión global privada en inteligencia artificial “se disparó” en solo cinco años. En 2018 estaba cerca de los 50 mil millones de dólares; hoy supera los 250 mil millones anuales. Las grandes compañías tecnológicas no solo destinan buena parte de sus ganancias a esta competencia, sino que han emitido 139 mil millones en bonos para financiar nuevos centros de datos y servidores.

Solo en los últimos tres meses, los cinco gigantes de los centros de datos (Amazon, Microsoft, Alphabet, Meta y Oracle) invirtieron 110 mil millones en infraestructura, y se estima que el gasto anual en IA alcanzará 600 mil millones de dólares en 2028.

A pesar de ello, este auge en la bolsa contrasta con una economía global que pierde aceleración. Según Vega, el PIB mundial disminuirá del 3,3% en 2024 al 2,9% en 2026, mientras que América Latina se mantiene prácticamente estancada,

con un incremento medio de apenas 2,2%.

Si excluimos las tecnológicas del S&P 500, Estados Unidos tendría un -0,5%. El mundo, sin inteligencia artificial, está en crisis”, afirma Vega.



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La paradoja se intensifica al observar los despidos masivos. Firmas como Amazon, Intel y Microsoft han reducido su plantilla en medio de la bonanza en los mercados. Muchos atribuyen esta situación a la IA, sin embargo, Vega aclara: “Los despidos actuales son un reajuste del exceso de contratación durante la pandemia, más que una consecuencia directa de la IA”.

Cisera resume la paradoja de la era ChatGPT: “Desde finales de 2022, las acciones no cesan de crecer, pero las oportunidades laborales caen drásticamente”.

Ante esta situación, Sebastián Toro, analista financiero y fundador de Arena Alfa, lo denomina una “crisis silenciosa”. “El mercado está sustentado por 10 acciones; el resto desciende. Los sectores defensivos, el comercio y la salud están muy perjudicados. No es un mercado sólido, sino uno concentrado”.

Entonces, mientras el S&P 500 alcanza máximos y la IA centraliza la riqueza en un pequeño grupo de corporaciones, millones de trabajadores enfrentan la automatización, la reconversión forzada y la incertidumbre. “Puede parecer fortuito, pero desde el lanzamiento de ChatGPT, las vacantes se han reducido más del 40%. El mercado laboral está estancado, mientras el capital especula sobre el futuro”, enfatiza Vega.

Asimismo, Toro hace un llamado a la conciencia social: “Todo este asunto de la IA también provocará despidos y un aumento del desempleo. Si sustituyes empleados por algoritmos, logras eficiencias, pero destruyes el consumo y los salarios. Eso puede conducir a una crisis futura”.

¿Estamos frente a una burbuja de la IA?

La interrogante divide a los especialistas. Carolina Pineda, cofundadora de Mis Propias Finanzas, recuerda que una burbuja se produce cuando los precios superan notablemente los fundamentos reales: ventas, ganancias o flujos de efectivo.

“El temor a quedar fuera, impulsa a las personas a adquirir, y cuando las promesas no se cumplen, el mercado se desploma”.

Vega concuerda: “Sí existe una burbuja de inversión en IA, similar a la de tecnología-cripto en 2020 y 2021. Causará la caída de muchas startups y quizás de algunos gigantes como Meta o Apple. Pero no observaremos el colapso de OpenAI, Microsoft o Google. La utilidad de la IA es real, vasta y poco explorada”.

Existen indicadores que respaldan esa advertencia. Por ejemplo, según el Buffett Ratio, la bolsa de EE. UU. tiene un valor del 217% de su PIB, un nivel de sobrevaloración comparable al año 2000. También se han destinado 558 mil millones de dólares a la IA, pero solo se han generado 35 mil millones en ingresos.

Además, por cada trabajador tecnológico que adquiere acciones, 4.236 las venden. Así mismo, hay valoraciones extremas como OpenAI (30 veces en ingresos) y Anthropic (37 veces), que superan en gran medida el promedio del sector software (7 veces). Incluso un 79% de los inversionistas encuestados considera que ya estamos ante una burbuja.

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La emoción tecnológica y el riesgo económico global por la IA

De esta forma, en la actualidad, el debate principal se centra en una cuestión incómoda: ¿estamos viviendo una transformación tecnológica o una burbuja financiera provocada por la euforia y el capital accesible?

Para Sebastián Toro, economista y fundador de Arena Alfa, el fenómeno presenta matices. “Podría afirmar que no existe una burbuja en toda la temática de la inteligencia artificial. Existen algunas acciones que por sus precios podrían clasificarse como burbujas, tal vez Palantir o Nvidia, pero no diría que toda la IA representa una burbuja, ya que considero que es un cambio estructural significativo”.

Toro menciona una “nueva era, la era de los trillones”, donde gigantes tecnológicos ya rebasan valoraciones de 5 billones de dólares. Sin embargo, advierte que ese crecimiento tiene un aspecto negativo. “Reconozco que hay valoraciones excesivamente altas y peligrosas que nos llevan a ser precavidos respecto al asunto”.

Por otro lado, Diego Fernando Palencia, vicepresidente de investigaciones y estrategia de Solidus Capital, opina que esto no representa una burbuja, sino una ‘transformación tecnológica’. “Las transformaciones tienen implicaciones tanto negativas como positivas: para algunos significa el fin de su zona de confort, para otros, una nueva perspectiva profesional y social”.

No obstante, el propio Palencia admite un riesgo latente frente a la euforia especulativa. “Esta transformación fomentará la especulación, y, como siempre, las ráfagas de avaricia concluyen en pérdidas históricas para consumidores inexpertos. Es un ámbito profesional en el que los novatos pueden salir perjudicados”.

Por eso, el analista Toro compara la situación con los años previos a la burbuja de las puntocom. “Hay un auge, pero aún es muy incierto cómo se transformará eso en mayores ingresos y utilidades. En algún momento las empresas se darán cuenta de que hay un exceso de capacidad instalada que no se logra rentabilizar, y en ese momento empieza a desinflarse toda esa inversión”.

Ante esto, Palencia lanza una advertencia más contundente: “No es sostenible crecer a tasas exponenciales en plazos cortos. Los procesos deben ser viables, acordes al riesgo y al tiempo. Hacer lo contrario provoca euforia, y actualmente nos encontramos en una euforia insostenible”.

Entonces, ¿estamos ante una burbuja o una transformación estructural? Juan Felipe Carmona, docente del Tecnológico de Monterrey y CEO de Laguna-ai, sugiere una perspectiva equilibrada. “Ambas situaciones no son excluyentes. Ya ocurrió con la llegada de internet”.

Para él, aun cuando hay empresas sobrevaloradas, el impacto de la IA será tan profundo que transformará el sistema económico global. “La sostenibilidad está relacionada con el cumplimiento de las promesas de la IA y con la capacidad energética para soportar la demanda de cómputo. Además, depende de la paciencia de los inversores”.

Carmona destaca una diferencia fundamental: “Las valoraciones son proyecciones a futuro, mientras que el mercado laboral representa el presente. Es necesario dar tiempo antes de hablar de una burbuja o una crisis de empleo”.

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¿Qué ocurre con la economía de Estados Unidos y la IA?

A esto se suma la deuda estadounidense, que ya supera los 38 billones de dólares —más del 100% de su PIB—. Para Juan Pablo Zuluaga, cofundador de Mis Propias Finanzas, esto cuestiona la hegemonía

global de EE. UU. “Ray Dalio (magnate y benefactor estadounidense) alerta que las naciones no colapsan por escasez de ingresos, sino por sobrecarga de deudas. Y Estados Unidos se aproxima peligrosamente a ese umbral”.

Cisera ofrece otra visión, dentro del S&P 500, las 15 compañías relacionadas con IA están valoradas a 31 veces sus ganancias futuras, en comparación con el promedio general del índice (23 veces) y al resto de las firmas (17 veces).

Dicha diferencia ilustra cómo Wall Street se ha convertido en una gran apuesta por el futuro de la inteligencia artificial”.

Sin embargo, Cisera también emite una advertencia: “Históricamente, cuando el S&P 500 se cotizó a 23 veces sus ganancias anticipadas, los rendimientos de la siguiente década fueron nulos o incluso negativos”.

Contexto: Colombia aparece en el ranking de naciones líderes en adopción de la IA en América Latina: Chile ocupó la primera posición.

¿Qué hace pensar que esta vez podría ser distinto?

Aún así, existen matices. Las compañías a la vanguardia de esta transformación efectivamente producen ganancias reales. Nvidia, por ejemplo, prevé un beneficio neto del 55% en 2025 y un incremento en ventas de 114% para ese mismo año.

Pineda menciona que en el año 2000 el Nasdaq tenía un precio/utilidad de 200 y el S&P 500 de 79, mientras que hoy se ubican en 30 y 23, respectivamente. “Estamos en niveles elevados, pero no en la locura de la burbuja ‘dotcom’”.

Vega comenta que, además, la inversión actual en IA se sostiene principalmente con capital propio, no con deuda o fondos de riesgo. “Eso proporciona mayor tranquilidad. Estas empresas están arriesgando su propia liquidez”.

El margen de crecimiento sigue siendo amplio, solo el 10% de las firmas estadounidenses ha adoptado la IA, y menos del 30% la ha incorporado en procesos productivos. “El 90%-95% de los proyectos aún no generan rendimientos por la falta de conocimiento técnico. El potencial permanece intacto”.

Ante este escenario, los especialistas sugieren mantener la calma. Vega lo resume así: “Es una situación burbujeante, pero no una burbuja total. Si estalla, el sistema financiero global podría tambalearse. Nvidia ya es ‘demasiado grande para fracasar’”.

El consenso entre los expertos señala que la inteligencia artificial no es una burbuja generalizada, sino una revolución con áreas de sobrevaloración. El peligro no reside únicamente en los precios, sino en la rapidez de la transformación. Como menciona Palencia, “en finanzas, vender más no implica ganar más dinero. Crecer sin considerar el riesgo conlleva a errores costosos”.

Por eso, Vega concluye que la IA no es una trend, “sino una herramienta que transformará la economía global. No obstante, toda revolución presenta sus excesos, y los inversionistas deben aprender a diferenciar entre el oro y el espejismo”.