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He salido de la etapa oscura más fuerte de lo que entré
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2 horas agoon
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“Ésta es mi historia. No es perfecta. No pretende ser ejemplar. Pero es sincera”. Iñaki Urdangarin (Zumarraga, 1968) recibe a MARCA en la sede barcelonesa de su editorial. Fue deportista de élite, perteneció a la Familia Real, pasó mil días y mil noches en el infierno de una prisión… y hoy publica libro después de haberse reinventado. ‘Todo lo vivido’ es “el retrato de la persona que desea darse a conocer más allá del personaje”.
PREGUNTA. Es su primer libro, ¿cómo se siente?
RESPUESTA. Recomiendo la experiencia. Yo creo que tenía algo que contar porque la vida había sido hasta aquí, si me permites, extraordinaria en muchas cosas o poco común. El ponerla en orden, hacer un repaso, saber qué te llevas de cada etapa ha sido un ejercicio sanador y precioso. Y luego también que este viaje no lo he hecho solo, sino con una editorial que ha puesto a mi disposición un equipo increíble. Creo que he dado respuesta a personas de mi entorno que algunas veces me habían insistido para que ofreciera un poco la versión de mí mismo, dándome a conocer quizás con una mirada diferente.
P. ¿Por qué precisamente un libro? ¿Qué ha querido contar?
R. Llega un momento que es como una suma de factores, ¿no? Evidentemente en distintas etapas de tu vida tomas notas, vas haciendo aprendizajes de lo que te está pasando, y entre que te lo comenta un hijo, que hay compañeros o amigos que dicen ‘oye, algún día tendrás que decir algo sobre todo lo que se está diciendo de ti’, que creo que dar a conocer estos hechos que para mí han sido muy significativos puede servir para que otros a lo mejor aprendan de lo que me ha pasado… pues es como una receta perfecta para que al final decida escribir un libro.
P. Usted asume errores propios y ajenos, incluso irregularidades, pero en ningún caso intención de delinquir…
R. Eso lo dejo claro porque es así. En mi vida, tanto en la etapa deportiva como en todas las demás, he intentado siempre honrar los valores con los que en mi casa, mis padres y mis hermanos, me han educado. Con más o menos éxito, pues he intentado llevar ese sello conmigo. Que no siempre me haya salido bien no significa que no esté luchando por esa cuestión. Por eso digo que, aunque acepte una sentencia, la voluntad de hacer las cosas mal nunca ha existido.
Una pelota de balonmano en prisión es una manera de no perder tu norte
P. ¿Hasta qué punto le ayudó el deporte en esos mil días y mil noches en prisión?
R. En las etapas posteriores al deporte no me quiero ni imaginar qué hubiese sido de mí si no hubiese tenido esa disciplina que te da un entrenamiento. Y sentir que, aunque por ejemplo en la etapa de la prisión yo estoy solo, hay un equipo fuera que también está luchando. Vale, tú estás aislado, pero están luchando otros como tú, y de otra forma, por el mismo objetivo. O sea, hay aspectos que se pueden trasladar de las anécdotas de mi vida a que el deporte siempre tiene un vehículo, un ADN, que te va acompañando en todo momento. Las ganas de reinventarte, las ganas de volver a luchar por un proyecto propio, ostras, pues esto también es muy de la disciplina deportiva. Decir: oye, se pierde un partido, pero se sale a jugar el siguiente, se aprende de los errores y se sigue hacia adelante.
P. La actividad física, ¿ayuda también emocionalmente?
R. El reto, física y mentalmente, sobre todo también a nivel de conciencia, de espiritualidad, era irse bien a la cama día tras día. Como dicen en el fútbol, partido a partido. Tenías que irte cansado. ¿Por qué? Porque es salud, porque me ayudaba a dormir, porque me ayudaba a estar de un humor diferente, porque no te dejas llevar por una dinámica que podría ser negativa…. No decir ‘bueno, ¿qué más da? Si estás aquí solo y puedes estar mucho tiempo’. El deporte te hace verlo de otra manera y es una maravilla, porque yo creo que he salido incluso más fuerte de como entré en esa etapa oscura.
P. ¿Cómo fue el episodio de la bicicleta estática?
R. Cuando entré en el módulo no podía hacer grandes cosas a nivel deportivo. Tenía acceso al polideportivo de tres a cinco de la tarde, que era cuando estaba vacío, pero como se trataba de una cárcel de mujeres las instalaciones y las medidas de las bicicletas, por ejemplo, eran para ellas y a mí realmente no me iban bien. Se planteó la situación de pedirle a la prisión si podían incorporar a la flota de estáticas una de mi dimensión, que aportara yo personalmente y que luego se quedase ahí de donación o lo que hiciese falta. En primera instancia se me negó, pero hice un recurso al juez de Vigilancia Penitenciaria de Valladolid. Él vino a verme y comprobó un poco las condiciones en las que yo estaba viviendo, con un patio de 27×8 y poco más, así que me autorizó la bicicleta. Fue una bocanada de aire fresco, tener un proyecto más al que engancharte y sacarle el máximo partido. Cambias de sitio la bici para ver entornos diferentes, la sacas al patio para que también estés al aire libre, te preparas entrenamientos distintos, en intervalos largos, cortos, un poco de velocidad, te pones música y piensas que estás en ruta con los amigos… te intentas diseñar cosas que a través de un elemento te puedan dar satisfacción.
.FOTOS: CHEMA REY
P. Utilizaba el polideportivo un par de horas al día. ¿Qué hacía allí?
R. Tenía algunas máquinas de pesas, un poco obsoletas pero que funcionaban. Entonces me hacía un pequeño recorrido de gimnasia general, un poco de fuerza, trotar… Un compañero, David Barrufet, me trajo una pelota de balonmano y una red de portería y la pusimos ahí. ¿Y entonces? Podía hacer unos lanzamientos, unos gestos que, quieras o no, me hacían disfrutar un poco de lo que anteriormente había sido mi deporte. Se trataba de mantenerme en un entorno que era distinto. Y luego el simple hecho de cambiar del módulo al polideportivo te cambia un poco: es otro paisaje.
P. ¿Puede ser esa pelota de balonmano el mejor regalo que haya recibido?
R. Una bicicleta o un balón son de los mejores regalos. Primero porque una persona se acuerda de ti y de tu ADN para traértelo. Y luego, bueno, pues la escasez agudiza el ingenio. Entonces vamos a ver qué hacemos con esta pelota, vamos a disfrutarla… la verdad es que sí, es una manera de de no perder tu norte y de estar bien.
P. Por cierto, hace muchos años tuvo que elegir entre baloncesto y balonmano…
R. Al llegar a Vitoria, que era una ciudad tradicionalmente muy vinculada al baloncesto, se hacían ‘operaciones altura’ en algunos torneos de los clubes deportivos. Me llamaron para hacerla y creo que fue durante seis meses que estuve vinculado al Caja de Álava, que así se llamaba entonces el Baskonia. Pero entrenar balonmano y baloncesto y mantener los estudios al mismo tiempo fue imposible. Y al final me decanté por el balonmano.
Alejarme del Iñaki deportista… es una de las cosas de las que me arrepiento
P. ¿Qué significó para usted la figura de Valero Ribera?
R.Yo creo que, al grupo de personas que lo hemos disfrutado, nos va a acompañar toda la vida. No sólo marcó nuestro progreso deportivo, sino que dejó una huella inquebrantable en los valores de equipo, en nuestra formación personal cuando éramos jóvenes y estábamos en plena modelación como personas. Lo más bonito de todo es que pasan los años y seguimos teniendo una estupenda amistad. Compartimos un montón de cosas y son esas personas que te llevas en tu viaje, con las que que te sientes súper a gusto y súperorgulloso.
P. ¿Se arrepiente de haberse retirado como jugador a los 32?
R. Pero hacer esa lectura después es un poco hacerse trampas al solitario. En aquel momento valoré esa decisión, ganando siete títulos de siete más medalla olímpica. Dejarlo arriba del todo es lo que desearía cualquier deportista, ¿no? Luego pasas otras etapas de tu vida, no digo las más oscuras, sino que vas al mundo de la empresa y echas tanto de menos la parte deportiva… Además te crees que puedes jugar, aunque hayan pasado dos o tres años, y piensas: ‘¿y si hubiese aguantado más? ¿y si de esto de los ciclos olímpicos realmente fuese una tontería?’ Porque lo puedes dejar a mitad, hasta que te sientas competitivo y ya está. Pero en ese momento estaba acabando los estudios, tenía un hijo y estaba llegando el segundo, las pretemporadas pesaban, las lesiones también… Cuesta estar siempre en el máximo nivel en un club como el Barça. Entonces tomas la decisión, aunque a veces, haciéndome esas trampas, diría que unos años más también me hubiesen gustado.
P. Usted habla de la adrenalina del deporte de alto rendimiento…
R. No hay otra cosa igual. Esta palabra que utilizo, el ‘flow’ jugando, esa situación de que las cosas salen porque están tan entrenadas, tan automatizadas, con tanta variedad, con tanto éxito, llegando a ese punto donde mental, física y tácticamente se juega bien, pero no uno, sino todos… Es una gozada esa adrenalina de la competición, estar preparado siempre para dar el máximo nivel. No lo he vuelto a ver en ninguna etapa de mi vida.

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P. ¿Hasta qué punto le protegió el vestuario del Barcelona cuando inició su relación con doña Cristina?
R. Es una segunda familia. Yo creo que los deportistas, concretamente en balonmano y en el Barça, nos sentimos hermanos y nos sentimos familia. Y en aquel momento, que hubo una presión externa añadida a la que ya teníamos dentro de nuestro humilde deporte, el equipo cerró filas para preservar nuestro rendimiento por encima de cualquier otra circunstancia que pudiese darse.
P. ¿Puede que uno de sus errores fuera alejarse de los valores del deporte?
R. No de los valores, pero sí de algunos comportamientos que estos valores traen. Pueden estar más o menos presentes en tu día a día, pero yo en esto soy muy reflexivo y creo que los valores los tengo ahí. Otra cosa es que no los llevase a cabo de tal forma, porque las circunstancias y los entornos cambian. A lo mejor ese alejamiento del Iñaki deportista es una de las cosas de las que me he arrepentido en alguna fase de mi vida.
P. ¿Cree que se correspondía el espíritu del Instituto Nóos con esos valores?
R. Bueno, el Instituto es más sobre el territorio o sobre patrocinios… Está más vinculado a la empresa. ¿Hacemos estrategias para marca? Sí, pero realmente no estás viviendo lo que es el ADN 100% deportivo.
Brieva me dio la ocasión de reinventarme; un gran disgusto es también una gran oportunidad
P. El deporte de élite mueve muchísimo dinero. ¿Es tentador en ese sentido?
R. Bueno, hay deportes ricos y deportes pobres. A los que hemos estado en deportes más humildes es muy difícil que el dinero nos obnubile, pero en otros casos que el deportista, aparte de lo que es el rendimiento, tenga que atender a una presión mediática enorme, a una exigencia económica donde son activos para un mercado exigente… Gestionar correctamente no es tan evidente en la fase de élite como cuando se retiran, cuando los focos se apagan y hay que volver a construir una nueva etapa vital para que sigan teniendo éxito, pero fuera de las canchas, de los campos o de las pistas. Éste es un reto realmente importante para el jugador, en el que creo que hay que acompañar y ayudar.
P. El Barça no ha retirado su camiseta con el 7, explicando que responde únicamente a sus méritos deportivos…
R. Sí, un orgullo, la verdad. Y ese sentimiento de familia al que hacía referencia antes. Yo creo que los que estuvimos en esos vestuarios sabemos lo que fue una cultura del club. Entonces, que se midiese esa presión de forma deportiva me parece muy correcto. La vida nos puede dar a todos mil vueltas, pero eso se queda ahí, eso funcionó, eso fue así… Es bueno que las cosas se queden donde están.
P. Usted trabajó con clubes de fútbol, pero le molesta que se hable de “consultorías vacías de contenido”…
R. Ésta es la parte del proceso en la que yo creo que se quiso quitar valor al trabajo que se hacía. Y era un trabajo de numerosos expertos internacionales, personas muy válidas. Bueno, había una estrategia y se siguió. Nosotros, por supuesto, no estábamos de acuerdo con esa aproximación.

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P. Prácticamente todo empieza con la candidatura de Valencia a la Copa América de vela…
R. Sí. Ahí, si me permites el matiz, diría que aproximarnos al sector público, por así decirlo, que son los que impulsaban cómo ese proyecto debía tener un gran impacto en la ciudad y en la Comunidad, fue quizás el origen del problema. Cuando nosotros trabajábamos con empresas privadas no teníamos ningún problema. Fue cuando mi nombre estuvo expuesto al sector público y a la política, por así decirlo.
P. Antes del juicio hacía pruebas de resistencia…
R. La edad te lleva a practicar deportes que quizás son más de resistencia, porque vas perdiendo velocidad y explosividad. Yo hice una transición, al dejar el balonmano, hacia deportes de raqueta, que me gustaban mucho, y hacia seguir corriendo y manteniéndome en forma. Y luego ya, en el año 2009, 2010 o así, descubrí el mundo de la bicicleta y del running a larga distancia. Eso me gustó y de ahí entras un poco pues al mundo del triatlón en pruebas de media distancia.
P. Y ahora, ¿sigue haciendo deporte?
R. Sí, esto no se pierde nunca. Me ha ayudado siempre a estar bien y lo necesito. Entonces hago un poco de mantenimiento por las mañanas, sea cardio o sea fuerza, y luego sigue acompañándome la bicicleta. Algún deporte de raqueta también continúo jugando, pero ya con otra intensidad.
Mi hijo Pablo lo está llevando muy bien como jugador… y como persona
P. ¿Cómo es el día a día del nuevo Iñaki?
R. Bueno, pues volver a entusiasmarme, seguir estando con los amigos que han estado siempre, acoger a todos los que están viniendo, emprender un proyecto profesional nuevo con un súperequipo vinculado al deporte, disfrutar de pareja e hijos, que ya son mayores pero que gracias a Dios me dan su tiempo…
P. Uno de ellos, Pablo ya es internacional absoluto…
R. Es una maravilla, un orgullo de verdad que él haya cogido este camino también. Lo está llevando muy bien, ya no sólo como jugador, sino como persona con unos valores fantásticos. En poco tiempo ha conseguido un aprendizaje o una evolución muy notable, porque vino con una formación escasa de países con dificultad para jugar a balonmano, como me pasó a mí en su momento. Ahora ha conseguido el despegue en cuanto ha tenido esa formación de forma continuada y le deseo, por supuesto, todo lo mejor.
P. Como exjugador, ¿le sigue dando consejos?
R. El padre mira y escucha sus análisis. Le hago las preguntas que creo que le tengo que hacer y siempre intento hacerle entender cuál es la mejor posición ante un partido o cuál es la mejor reflexión después de un partido. Táctica y técnicamente tiene grandísimos entrenadores y en eso no me meto, pero en el aspecto de de su mentalidad delante de la competición sí creo que tenemos una buena comunicación.

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P. Sus otros dos hijos y su hija, ¿hacen también deporte?
R. Sí, todos hacemos deporte en casa. Nosotros nos hemos educado en todos los valores que el deporte nos da para la vida.
P. Se sacó en la cárcel el título de entrenador nacional. ¿Se ve en un banquillo?
R. Lo he pensado alguna vez. Quizás sería llegar un poco tarde, porque los entrenadores de equipos importantes tienen una trayectoria ya muy consolidada, y a mí creo que me costaría, pero esta parte del entrenamiento mental, esta parte del acompañamiento a equipos o a jugadores que puedan estar necesitando un poco más de cohesión o un poco más de rendimiento… a esta parte sí que me gustaría dedicarme de alguna forma.
P. También hizo un curso de bienestar emocional entonces y un máster de Psicología del Coaching después…
R. La formación continua me ha acompañado durante toda mi vida y Brieva me dio la gran oportunidad de poder reinventarme. Curiosamente la vida te trae un gran disgusto, pero también una gran oportunidad: como yo necesitaba gestionarme dentro de la prisión, me apunté a un curso de bienestar emocional para aplicarme las teorías, porque necesitaba estar bien. Y eso ya arrancó una línea: ‘A lo mejor al salir puedo ayudar a otras personas del deporte o de la empresa a que realmente puedan superar sus momentos de dificultad o plantearse retos nuevos’. Me apunté al máster, que fueron dos años, y cuando empiezas este camino hay una ley de la atracción, porque vas queriendo leer todo lo que puedas alrededor de esta temática. Recibí libros muy buenos que estudié para poner en práctica… y eso ahora ya es una realidad.
P. Y ha creado Bevolutive, empresa precisamente de coaching con programas deportivos…
R. Sí. Es una empresa que pretende acompañar tanto a deportistas como a directivos y otras personas en las distintas etapas de su vida. Nos hemos centrado principalmente en esa etapa de formación donde tenemos deportistas no de alto nivel, pero sí de alta intensidad, a los que queremos acompañar en el entrenamiento mental para afrontar la competición de la mejor forma posible. Al mismo tiempo acompañamos a los padres, que muchas veces no saben qué se necesita de ellos o si lo están haciendo bien. Luego, en la élite, la vida no es lineal: un banquillo, una lesión, un cambio de club, un entorno tóxico… queremos ayudar al deportista y a los equipos a mejorar sus rendimientos. Y luego, en la última etapa, vemos esa transición que tiene salir de esta burbuja del deporte y volver a la vida normal, porque los datos son durísimos. El COI decía en 2023 que el 26% de los deportistas que se retiraban sufrían depresión. Hay que ser capaces de ayudarles a saber cuál es su propósito, porque iniciativas existen, pero queda bastante camino por hacer. En el campo de la empresa es un poco lo mismo, porque las analogías con el deporte son muy naturales.
Sin estar orgulloso de lo que pasó, sufrí una condena mediática desproporcionada
P. ¿Todos necesitamos una parada en boxes?
R. Quizás no de mil días y noches, pero yo creo que periódicamente necesitamos parar en boxes. Llevamos nuestro coche a arreglar y le miramos todo, las ruedas y tal, pero nosotros muy pocas veces paramos y nos analizamos para ver cómo estamos evolucionando y cargar otra vez las pilas o baterías para volver a salir. Yo considero necesario tener este espacio de introspección para afrontar la vida, que es maravillosa y plena.
P. A vueltas con las metáforas deportivas, ¿tiene la sensación de que, con todo lo que se ha conocido después, el suyo era un caso de Segunda división?
R. Yo creo que, antes de cualquier situación judicial o penal, yo tuve una condena en el telediario. O sea, una condena mediática desproporcionada, que redimensionó las cosas en unos niveles que a todos nos sorprendieron y que tuvimos que gestionar. Ya digo en el libro que no estoy contento de cómo quedó, pero no tuve otra cosa que aceptarlo y esto es lo que suele pasar a veces, que la suma de una investigación judicial más una dimensión mediática hace que en estas bien o mal llamadas macrocausas al final no haya tanto de lo que se decía. Sin estar orgulloso, hay una gran diferencia entre lo que se hablaba al principio y lo que pasó al final.
P. “El tiempo se me ha escapado. Necesito aprovecharlo”, dice…
R. Sí, ya no sólo son los mil días y mil noches, sino que en los siete años anteriores del proceso penal es como que el reloj se me detiene. Ahora, con este aprendizaje de la parada en boxes, intento aprovechar al máximo cada día, sin perder un poco quién soy y hacia dónde voy. Y esto creo que me está dando plenitud y me hace atraer proyectos y personas maravillosas.
