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El increíble Klaebo iguala el récord histórico de oros en los Juegos

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El monólogo de esquí de fondo continuó en Tesero, donde a 5 grados, con sol, algún valiente en la democrática prueba de los 10 km -113 participantes de tan variopintos lugares como Marruecos, Líbano, Venezuela o Portugal- se atrevió con la manga corta. Venció, cómo no, el noruego Johannes Klaebo. Para igualar en el medallero histórico con ocho oros a su vecina en Trondheim Marit Bjorgen, también fondista, y al biatleta compatriota Ole Einar Bjorndalen. Apenas convivirá en esa instancia 48 horas. El domingo, con la primera prueba de relevos, alcanzará el noveno título olímpico.

Las exhibiciones de Klaebo están siendo la sensación de los Juegos. Con un umbral de VO2max, volumen de consumo de oxígeno, la gasolina del cuerpo, seguramente por encima de 100 ml/kg/min, el increíble tope que marcó el triatleta también noruego Kristian Blummenfelt -¿qué saben en Noruega que los demás no? , cada prueba es un espectáculo.

Esta vez, en los 10 km, suponía un esfuerzo de algo más de 20 minutos, muy manejable para un cuerpo que se ha acostumbrado a desafíos de tres minutos como el sprint o de más de una hora en el maratón. Salió con un bullicio enorme, con gruppies enseñando sus fotos, y en la subida al bosque sólo era el decimosegundo (1,8 km). Seguramente reservó porque en el 3,7 ya era el primero y marcó todas las referencias salvo el del 8,6. La subida final, a más de 17 km/h, fue otro momento de poder. Dicen que trabaja 350 horas entre gimnasio y el esquí con patines entre julio y agosto antes de pasar a la nieve. Lo combina con un metódico entrenamiento en altitud. En deportes agonísticos es Pogacar con esquíes.

Johannes Klaebo asciende una colina

Klaebo llegó exhausto a meta (20.36), se tiró en la nieve. Luego ocupó el trono en el que el primero en las pruebas de contrarreloj espera sentado hasta que acabe la prueba o alguien los desbanque. Por referencias, sólo tenía un adversario verdadero, su compatriota Einer Hedegart, que venía rebajando el mejor tiempo en los parciales y con el que Johannes nunca había podido en la distancia. 

Pero Hedegart calculó mal. A 1,4 de meta, el joven sólo le sacaba ya 2,6 segundos a la leyenda. Y quedaba la brutal salida que desembocaba en la bajada a meta. Con 24 años, soñador e irreverente, reventó. Hasta el extremo de marcar un parcial de esquiador de un país sin nieve. De los 67 que habían llegado hasta ese momento, el trigésimo octavo parcial en ese tramo. Llegó 14 segundos después de Klaebo a la meta. Atrapó el bronce de milagro y entregó la plata al francés Mathis Desloges, distanciado en 4.9 segundos del mito. “Me noté muy mareado en los dos últimos kilómetros, no tenía fuerzas. En los últimos 200 metros pensaba que no iba a llegar”, reconoció luego.

La competición seguía en Tesero. Quedaban los esquiadores que no pelean por las medallas, entre ellos el español Bernat Selles (fue descalificado por invadir la marca del circuito). Pero la coronación de Klaebo ya no peligraba. El deportista 10. Mezcla perfecta entre la capacidad aeróbica y la fuerza anaeróbica. Digno de estudio.

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