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Klaebo conquista su sexto oro olímpico e inicia su camino hacia el récord absoluto en invierno
Johannes Klaebo inició el camino hacia la cumbre del olimpismo invernal y se colgó el primer oro en Milán-Cortina, al imponerse en la prueba de skiatlón, la que combina el estilo clásico -esquíes en paralelo- con el de patinador en dos carreras enlazadas de 10 km cada una.
El noruego, apuntado a todas las pruebas en los Juegos, seis, escaló ya al grupo de los que han pisado ocho podios olímpicos, pero son sus seis oros los que le ponen en el radar histórico, el de adelantar a su compatriota Marit Bjorgen, también esquiadora de fondo, que lidera la tabla con ocho títulos olímpicos entre 2010 y 2018. Klaebo ganó tres oros en Corea y dos en Pekín hace cuatro años.
Entró a meta saludando
Klaebo, de 29 años, un enfermo de la PlayStation, se movió como en un videojuego. Sin fallos. Volvió a ser el mejor, esta vez en el Tesero Cross-Country Skiing Stadium, donde dominó la prueba con un tiempo de 46:11.0. El francés Mathis Desloges, que fue plata, se quedó a 2 segundos y el también noruego Martin Loewstroem Nywnget, a 2.1.
Los tres medallistas junto con el ruso Savelli Korostelev (a 3.6) y el francés Hugo Lapalus formaron el grupo de cabeza hasta el final. Klaebo atacó en la última subida y cobró la suficiente ventaja para entrar en la meta saludando a la gente. Uno de los favoritos, el noruego Harald Amundsen, se cayó y solo pudo ser sexto a 30.4 de su rival y compatriota.
El desafío en Italia había ya un ensayo general el año pasado en el Mundial de Trondheim. Su ciudad, como la de Bjorgen. Allí hizo el pleno: cuatro individuales y dos por equipos, lo que ahora quiere replicar.
La figura de su abuelo, clave
La estrella que va camino de convertirse en uno de los héroes de los Juegos se había iniciado de la mano de su abuelo a los dos años en el esquí de fondo, deporte que combinó con el fútbol hasta los 16. Kare, presente a su lado en Tesero, fue el que ha guiado una carrera en la que lucen 105 victorias en la Copa del Mundo, lo que remata el gran mosaico del mejor fondista de la historia.
“Desde que tenía 10 años, empezó a recogerme de los entrenamientos. Ya fuera fútbol o esquí de fondo, venía a recogerme y me llevaba de ida y vuelta. Él era quien me ayudaba con el equipo. Si necesitaba botas de esquí nuevas, él era quien me las compraba para Navidad. Nunca he tenido que llamarlo ‘entrenador’ ni nada parecido. Siempre ha sido mi abuelo desde el principio“, comentó en una entrevista en la NBC.
