La Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi) le concedió a Jorge Mario Velásquez, presidente del Grupo Argos, su máximo galardón, la Orden al Mérito Empresarial ‘José Gutiérrez Gómez’, en el desarrollo del 10.° Congreso Empresarial Colombiano.
Este reconocimiento destaca la trayectoria de líderes que, desde el sector privado, han aportado de manera significativa al desarrollo empresarial del país, impulsando el crecimiento económico, la competitividad y el fortalecimiento de la institucionalidad.
Velásquez, quien empezó su carrera en la compañía en 1986 como practicante, se desempeñó en diversos cargos hasta llegar a liderar Cementos Argos y posteriormente Grupo Argos.
Hace unas semanas, anunció su retiro de Grupo Argos tras una década al frente de la organización. El directivo lo hace por el cumplimiento del Código de Buen Gobierno de la compañía, el cual establece una edad límite de 65 años para ejercer el cargo de presidente.
Jorge Mario Velásquez, presidente de Grupo Argos. Foto:Andi
El siguiente es el discurso de Jorge Mario Velásquez, presidente del Grupo Argos, al recibir recibir la Orden al Mérito Empresarial de parte de la Andi:
Es un inmenso honor recibir este reconocimiento de una organización que representa la esencia de los miles de empresarios – grandes, medianos y pequeños – que con su trabajo, compromiso y tenacidad, exaltan los valores del empresario colombiano. Durante ocho décadas, la Andi ha logrado construir un símbolo de pujanza, siempre con el propósito de velar por el mejor interés del país.
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Sea este el momento para exaltar el trabajo de Bruce y su equipo, quienes, en las coyunturas más difíciles de los últimos años, han afrontado con valentía y rigor la defensa de nuestra democracia y sus instituciones.
Me habría encantado que este encuentro y estas palabras fueran únicamente de gratitud, pero, lamentablemente, se me hace imposible.
Es desgarradora la partida de Miguel. Es descorazonador ver repetirse un ciclo de violencia que ninguna familia, bajo ninguna circunstancia, debería vivir. Esta semana Colombia perdió no solo a un servidor público íntegro y comprometido, sino a un padre, esposo, hermano, amigo y a un líder con un futuro brillante por delante. Lamento profundamente el fallecimiento de un hombre que dedicó su vida al servicio del país con convicción, respeto por las instituciones y la vocación de construir consensos. Se siente dolor de patria.
Por esto, consciente de lo que simboliza este escenario, quiero enviar un mensaje claro y contundente en defensa del papel que ha desempeñado el sector privado aquí representado en el desarrollo nacional, la prosperidad y el bienestar colectivo de nuestra sociedad. Pero, sobre todo, reiterar la responsabilidad que tenemos de seguir construyendo un futuro más próspero para Colombia, donde todos podamos unirnos bajo el propósito de sacar adelante un país con más oportunidades y bienestar, y donde los episodios de violencia que nos entristecen profundamente, como el de Miguel, pasen a ser un recuerdo amargo y lejano.
Como empresarios, el mejor homenaje que podemos hacer a la memoria de Miguel es trabajar para cambiar el rumbo.
Sin la participación del tejido empresarial, los innegables avances económicos y sociales de Colombia en aspectos como la salud, la reducción de la pobreza, la energía, la cultura, el deporte, la infraestructura, la inclusión, la educación y tantos otros frentes habrían sido simplemente impensables.
Hoy más que nunca, debemos cerrar filas para continuar invirtiendo en este país, construyendo sobre lo que ya se ha construido durante décadas a partir de un capital social que no se dejó amedrentar ni siquiera por los momentos más duros de la violencia de finales del siglo pasado, y seguir edificando una mejor Colombia para nuestros hijos y nietos.
Porque no hay contraposición entre el progreso social y el éxito empresarial. Por el contrario, ambos se potencian mutuamente y consolidan un círculo virtuoso cuyo mayor beneficiario es la sociedad como un todo. Los empresarios tenemos la responsabilidad de defender esta realidad con firmeza.
No podemos permitir que Colombia se transforme en un país donde triunfen quienes se alimentan del pesimismo y del negativismo. No podemos normalizar un país donde el mismo Presidente de la República, en lugar de ejercer el rol inspirador que nos anime a unirnos a los cerca de 50 millones de colombianos, haga lo contrario, dedicándose a dividirnos entre buenos y malos, entre blancos y negros, ricos y pobres, amigos y enemigos, y promoviendo una malsana polarización y un ambiente propicio para acallar las voces de la oposición.
Jorge Mario Velásquez, presidente del Grupo Argos. Foto:Milton Díaz. El Tiempo
No puedo dejar de expresarle mi solidaridad y admiración al presidente Uribe y a su familia en este momento.
Y por eso hoy quiero animarlos a recordar que, lejos de provenir de «200 años de olvido», Colombia ha registrado avances tangibles en múltiples frentes. Cuando hablo no solo con mis colegas empresarios, sino con cientos de jóvenes emprendedores y miles de colombianos que, como yo, creemos en el futuro, veo infinidad de iniciativas de inversión y proyectos transformacionales que solo esperan un cambio de rumbo, estabilidad en las reglas y seguridad para continuar construyendo un mejor país para todos.
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Solo por mencionar algunas cifras que reflejan la mejora en la calidad de vida y que demuestran que el mejor camino para cambiar de rumbo es el optimismo, déjenme recordar que en las últimas dos décadas el ingreso por habitante ajustado por paridad de poder adquisitivo, según datos del FMI, se ha triplicado en Colombia, superando con creces el promedio de la región, incluidos Brasil, Chile, Argentina, México e incluso Estados Unidos. En el mismo periodo, la pobreza monetaria prácticamente se ha reducido a cerca de la mitad, la esperanza de vida al nacer se ha acercado al promedio de los países de la OCDE y la tasa de homicidios se ha situado en su nivel más bajo en cuatro décadas.
Y no me malinterpreten: lo anterior no implica que debamos conformarnos ni que esos logros sean suficientes; por supuesto que falta mucho. Pero sí debe servirnos de punto de partida para reconocer que estos avances han sido impulsados por ventajas competitivas de las que dispone Colombia, entre ellas una base empresarial amplia, capaz, competitiva y comprometida con el país, que, lejos de permitir que se erosione, debemos fortalecer.
Los empresarios no podemos ceder ante acusaciones estigmatizantes que caricaturizan al sector privado como un extractor ilegítimo de rentas en la provisión de bienes públicos. Por el contrario, las alianzas público-privadas que el país ha desarrollado en las últimas décadas son palancas competitivas que han impulsado progreso y bienestar para millones de colombianos.
Conviene recordar éxitos de colaboración simbiótica. En salud, gracias al modelo de capital mixto, la cobertura pasó en tres décadas de menos del 30% a más del 99%, con un gasto de bolsillo de apenas la mitad del promedio latinoamericano y por debajo de la OCDE. Hoy, decisiones recientes tienen al sistema en cuidados intensivos; urge corregir el rumbo para mantenerlo viable, pues, si falla, los más golpeados serán los más vulnerables.
En el sector eléctrico, tras los apagones de los noventa, Colombia pasó de un modelo estatizado e ineficiente a un sistema robusto, con casi 100% de cobertura, financiado con miles de millones de dólares de inversión pública y privada, con altos estándares de calidad y sin racionamientos incluso durante El Niño. En un mundo que se electrifica y con la Inteligencia Artificial demandando más energía, la matriz limpia y la ubicación estratégica del país lo ponen en posición única para atraer industria y potenciar energías limpias; se requieren confianza y reglas claras para un sector llamado a ser clave.
En infraestructura, el modelo de alianzas público-privadas ha mejorado la estructuración, la asignación de riesgos y la atracción de capital, incorporando inversionistas especializados y análisis costo-beneficio, y movilizando más de COP 100 billones para obras públicas que generan encadenamientos productivos. Las pruebas están a la vista: El Dorado, el aeropuerto con más pasajeros en América Latina, y el puerto de Cartagena, que tras su privatización es de los más eficientes del mundo. Estos activos confirman la potencia de la colaboración público-privada y el potencial de Colombia como hub de conectividad continental.
Jorge Mario Velásquez, presidente del Grupo Argos. Foto:Grupo Argos
Estoy seguro de que hablo en nombre de miles de empresarios e inversionistas que confían en el enorme potencial del país y están preparados para seguir generando empleo y bienestar social desplegando capital en Colombia, pero que esperan un ambiente propicio y las señales correctas que permitan que sigamos explotando nuestras ventajas competitivas.
Para cerrar, quiero expresar de manera explícita mi agradecimiento, admiración y amor por mi familia, y reconocer que, sin Paula, Alejandro, Tomás y Manuela, no habría podido llegar hasta aquí. Hace 42 años inicié este maravilloso viaje en Grupo Argos como practicante, sin imaginar que se convertiría en el eje de mi vida profesional y en una de mis mayores satisfacciones personales: ha sido una inmejorable oportunidad para servir.
Quiero también agradecer a las más de 9.500 personas que impulsan con su talento y dedicación el Grupo Empresarial Argos, y a nuestros más de 40.000 accionistas, quienes nos han permitido avanzar en este viaje común, y recibir también en su nombre este reconocimiento.
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Finalmente, quiero invitarlos a que nos involucremos activamente en la discusión sobre el rumbo de nuestra nación, porque soy un convencido de que los asuntos que tratan sobre la política nos competen a todos como ciudadanos.
No podemos actuar como si la responsabilidad no fuera nuestra: hoy tenemos el deber de involucrarnos activa y decididamente en la defensa de nuestro país, de la democracia, las instituciones y el empresariado que representamos. Muchas gracias a todos.
