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La película que aborda la precariedad laboral como una sátira envenenada: un genial thriller macabro en tiempos de LinkedIn

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Trailer de ‘No hay otra opción’, la nueva película de Park Chan-wook

El cine coreano siempre ha tenido la capacidad de hablar de temas sociales que afectan a la población, en general la precariedad laboral, el paro, las diferencias de clases y el desarraigo y la alienación, la soledad y las crisis personales.

Es una cuestión vertebral en buena parte de la cinematografía, aunque se trate de películas de terror, thrillers o ficciones para plataformas (véase la más famosa, El juego del calamar). Lo hemos visto en prácticamente toda la filmografía de Bong Joon-ho (siendo Parásitos su cumbre), en los trabajos de Lee Chang-Dong (véase Burning) e incluso en los K-dramas.

Ahora le toca el turno abordar esta cuestión a Park Chan-wook que, hasta el momento, había preferido moverse en el terreno del género puro, del thriller más estilizado sin rendir cuentas a nadie y erigiéndose como uno de los autores más virtuosos del panorama contemporáneo, ya que cada una de sus obras está repleta de ideas, de soluciones visuales nunca vistas, de planos míticos que han marcado una época.

Ahora, el director de la ya mítica Old Boy, abraza el cine social a su manera en No hay otra opción, componiendo una sátira macabra en torno al capitalismo y la deshumanización a la que estamos asistiendo en tiempo real.

Lo hace partiendo de la novela The Ax, de Donald E. Westlake que ya adaptó Costa-Gavras en Arcadia (2005) pero lo hace, como no podía ser de otra forma, a su manera, conjugando toda la esencia de su cine para configurar una fábula macabra de nuestros días.

La última imagen de familia feliz en ‘No hay otra opción’, después del despido del patriarca (Mubi)

El planteamiento es simple: un hombre de mediana edad, Man-su (un espléndido Lee Byung-hu, sí, el malo guapo de El juego del calamar) es despedido de su empleo en una fábrica de papel en la que trabajaba desde hacía más de quince años. Su familia, hasta ese momento, era en apariencia perfecta: su esposa Miri (Son Je-jin) y sus dos hijos, la más pequeña con capacidades especiales, solo se relaciona a través de la música, por lo que necesita una atención específica en ese aspecto.

La cuestión es que todo comenzará a desmoronarse a partir de que Man-su deje de llevar dinero a casa, lo que también le conducirá hacia una crisis de su masculinidad. Después de pensarlo mucho, y ya entrando en el terreno de la locura, ideará un plan: neutralizar a todos los competidores mejor cualificados que él para los puestos a los que aspira. Es decir, matarlos.

Por supuesto, nada saldrá como él espera, porque tampoco es un villano de manual, es torpe y tampoco es un asesino. Así que cada uno de sus intentos se convertirá en una ‘set-piece’ tan siniestra como cómica. Porque, en este caso, Park Chan-wook maneja el humor más negro de forma reveladora, añadiendo elementos de ‘slapstick’ inesperados porque, en realidad, No hay otra opción no deja de ser un vodevil tan caótico como sórdido.

El protagonista, haciendo selección de
El protagonista, haciendo selección de candidatos más capacitados que él en ‘No hay otra opción’, otra nueva genialidad de Park Chan-wook (Mubi)

De nuevo, el director compone una película repleta de hallazgos estilísticos que aparecen cuando menos te lo esperas y que deslumbran como fogonazos en una narración que ya resulta de por sí de lo más hábil y con una puesta en escena apabullante.

No hay otra opción es otra de las muestras de genialidad de Park Chan-wook, en este caso, una sátira envenenada en tiempos de LinkedIn.



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