Economia
Los 40 de menos de 40

Salomón Hakim proviene de una de las familias médicas más reconocidas de Colombia. Su abuelo fue un científico brillante, su padre es uno de los médicos más importantes del país y su apellido está ligado a avances que han marcado la historia de la medicina. Pero él decidió tomar otro camino. Eligió emprender. Dejó la bata blanca a un lado y apostó por construir empresa desde cero, sin millones de capital inicial ni fórmulas mágicas; solo con una idea sencilla, mucha fe y disciplina. Con apenas 900.000 pesos y un par de cinturones como inventario inicial, fundó Lazo, una marca que hoy factura millones, fabrica en Colombia y compite de tú a tú con firmas globales.
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Salomón Hakim Foto:Redes sociales
Salomón, venías de una familia de médicos muy reconocida. ¿Cómo fue decir en tu casa: “yo no quiero ponerme una bata, quiero montar empresa”? ¿Fue fácil romper esa tradición?
Desde que era muy chiquito, he tenido unos papás que siempre me han apoyado. Me acuerdo de que mi papá me decía: “Hagas lo que hagas, lo vas a hacer muy bien”. A los 13 años empezó literalmente mi vida empresarial: compré una máquina de moler café, me fui a una tienda de mi mamá, molí café y ese día vendí un millón de pesos. Mi papá se me acercó y me dijo: “Mi vida, vendiste un millón de pesos. Eres millonario”. Ese fue el momento en que empezó mi carrera de administrador de empresas. Fue muy fácil porque tuve apoyo. Claro que mi papá me llevó a varios consultorios de médicos para mostrarme el camino de la medicina, pero sinceramente no me dio para eso.
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¿Y entonces qué estudiaste?
Cuando me presenté al CESA me hicieron una pregunta que marcó todo: “Hakim, todos en su familia son médicos, ¿por qué administración de empresas?”. Les respondí: “Mi papá, estudiando medicina, salva vidas. Yo, estudiando administración, fomento trabajo digno, y eso también es dar vida. Mientras mi papá salva vidas, yo les doy vida a los colombianos”. Mi papá siempre me ha apoyado, mi mamá también, y mis hermanas desde muy jóvenes tienen empresa. He visto el ejemplo en casa.
Salomón Hakim junto a su padre. Foto:Redes sociales
Desde esos 13 años hasta hoy, ¿con qué obstáculos y oportunidades te encontraste?
Lo que he desarrollado en estos años es un chip mental. Emprender es saber manejar la frustración sin perder el ánimo. Todos los días me encuentro con retos, no con problemas. Y mis socios y yo siempre hemos procurado ser más grandes que esos retos. Además, los emprendedores sabemos observar, no solo mirar. Observamos el valor en las personas, en los productos, en los espacios comerciales, en los momentos, y tomamos decisiones mitigando el riesgo, pero con la mirada puesta a 10 o 15 años. La vida emprendedora consiste en manejar los retos con buen estado de ánimo, viendo siempre lo positivo.
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Cuéntanos del día cero de Lazo, esta marca que hoy lideras. Dicen que empezaron con 900.000 pesos cada uno. ¿Fue así?
Esa es una historia muy linda. Iba a empezar a trabajar, estaba en Estados Unidos con mi papá, caminando, y vi a una mujer asiática vendiendo cinturones. Me quedé pasmado y le dije: “Papá, voy a montar eso en Colombia”. Me proyecté en ese instante. Arrancamos tres socios. La primera socia, que además fue fuente de inspiración, es mi exnovia y hoy sigue siendo mi socia: Sara Marín, una mujer brillante. El segundo es mi primo hermano, Martín Carvajal. Y el tercero soy yo. Creamos esto con un capital inicial de 900.000 pesos por persona, es decir 2’700.000 en total. Yo no tenía un peso y le pedí la plata a mi papá. Trajimos cinturones de afuera y los vendimos aquí.
Salomón Hakim Foto:Redes sociales
Pudieron haber sido camisas, carros o cualquier otro producto. ¿Por qué cinturones?
Tengo una filosofía clara: ir de menos a más. Para conquistar el mundo hay que dar pasos pequeños. Los cinturones trenzados, libres de huecos, tienen una propuesta de valor especial. Primero, puedes irradiar tu personalidad porque hay miles de colores. Segundo, son libres de huecos. Tercero, son cómodos. Además, soy una persona creyente y siento que Dios nos ayudó: llegó un proveedor colombiano que hizo tangible nuestro sueño. Empezamos por ahí y conquistamos el mundo del retail resolviendo el tema de gifting para hombres.
¿Cuál fue la primera venta que los hizo decir “esto puede escalar”? ¿Y la primera decepción que casi los frena?
La primera venta importante se la agradecemos a Falabella. Nos contactaron porque querían nuestros cinturones. Fue una venta corporativa grande y además abrimos presencia en su marketplace. Ahí dijimos: “Esto funciona”. Pero luego vino uno de nuestros retos más grandes: estuvimos a punto de perder 500 millones de pesos. Registramos el nombre con la Z al revés, en una categoría equivocada, y cuando ya habíamos impactado a más de 20 millones de personas en Colombia con pauta digital, nos dimos cuenta del error. El nombre así estaba registrado desde 1993, antes de que yo naciera. Cuando contactamos a los dueños, nos pidieron 500 millones de pesos. Mi socio les ofreció 6 millones. Finalmente, negociamos con ellos —una familia de Medellín muy amable— un pago de 150 millones dividido en tres cuotas. Fue un riesgo altísimo, porque además la SIC podía negar el registro. Pero logramos tener el nombre. Ahí entendimos que la marca es lo más valioso: es intangible, pero hay que invertirle porque es lo único que no te pueden robar.
En muchas historias de los ‘40 de menos de 40’, la pandemia ha sido un punto de inflexión. ¿Cómo los afectó a ustedes?
Fue duro, porque vengo de familia médica y estábamos viviendo todo desde adentro. Pero, paradójicamente, fue positivo para Lazo. Nos habíamos quebrado. Teníamos puntos de venta, deudas de IVA y no habíamos sido juiciosos. Teníamos dos caminos: pedirles a nuestros papás 25 millones de pesos cada socio para cerrar… o lanzar lazo.com.co. Elegimos la segunda opción. En plena pandemia la gente pasaba horas en Instagram. Lanzamos la tienda online y las ventas explotaron. Fuimos de las primeras marcas en usar pauta digital y eso nos catapultó.
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Tienen una forma muy particular de hablarle al cliente: humor, frases cortas, sin rodeos. ¿Cómo definieron ese tono?
Sabemos que Henry Ford revolucionó la industria con la teoría del ensamblaje. Nosotros creemos que hoy la comunicación es la nueva herramienta para revolucionar. Creemos que las cosas sencillas funcionan. La comunicación corta y precisa impacta. Nuestro público principal es masculino, y a veces el hombre prefiere mensajes breves pero potentes, que despierten curiosidad y queden claros. Además, no es solo el texto: está lo visual, lo audiovisual. Aplicamos la teoría de los tres segundos de gloria: debemos impactar en ese lapso inicial. Mensajes cortos, concisos y potentes.
¿Cuál ha sido tu momento de mayor orgullo con la marca?
Sin duda, cuando ganamos un premio de FedEx para medianas y pequeñas empresas. Quedamos terceros. Nos premiaron por nuestro apoyo a la Liga con Discapacidad de las Fuerzas Armadas. A través de Lazo compramos implementos para varios militares y los ayudamos a cumplir sus sueños deportivos. Ese día se nos escurrieron las lágrimas. He dicho siempre que el éxito también está en la capacidad de ser humano. Cuando un militar grande te dice “gracias” y te manda un video de agradecimiento, te das cuenta de que estás construyendo país y ayudando personas. Me sentí inmensamente orgulloso de mi equipo y de lo que habíamos logrado.
Salomón Hakim Foto:Redes sociales
Si un joven te dijera hoy “tengo una idea pequeña, pero no sé si lanzarme”, ¿qué le dirías?
Primero, inicia. Mi primo dice algo que adopté: “Inicia, y en el camino vas mejorando”. No hay nada peor que la inacción. Segundo, hago una pregunta que viene de la filosofía libanesa: “¿Cuándo es el mejor momento para sembrar un árbol?”. La gente piensa. La respuesta: el mejor momento fue hace 10 años, porque hoy estarías recogiendo frutos. El segundo mejor momento es hoy, porque en 10 años recogerás los frutos. Y tercero, enfoque. Determinación absoluta. Cuando tienes enfoque, corres hacia tu meta y, sin importar lo que pase, lo logras. Si a mí a la edad de esa persona me hubieran dicho “empieza ya”, lo habría agradecido. El tiempo no espera a nadie.
Quiero preguntarte esto también, porque sé que para ti y tu familia fue determinante: tu papá, Fernando Hakim, ha estado en el centro de la atención pública por haber sido el médico tratante del candidato Miguel Uribe. Estuviste muy cerca en esos momentos de tu viejo. ¿Cómo lo viviste?
(Silencio). Se me escurren las lágrimas al recordarlo. Cuando uno tiene un papá así, tiene un tesoro inmenso. En esos momentos uno debe corresponder como hijo: estar, acompañar, poner la mano en la espalda y decir “vamos, papá, tú puedes”. Estuve presente en aproximadamente diez cirugías, afuera, esperando, sonriéndole. En mi familia, la palabra familia es lo más importante. El lujo más grande que uno tiene es papá, mamá y hermanos. Mi papá no es alguien que se derrumbe. Pocas veces lo he visto triste. Pero en esos momentos necesitaba oír: “Papá, puedes. Papá, te amo. Estoy aquí”. Eso hice. Y él me lo agradeció. Fueron momentos muy retadores.
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Cierro aquí, ¿qué le dirías a la juventud de este país, que a veces pierde la fe en medio de crisis económicas o políticas?
Que la fe es lo más importante que uno tiene. Es la raíz de todo. Así como las raíces sostienen un árbol, la fe me sostiene en los momentos difíciles y también en los felices. La fe no se inyecta, pero quien la tiene, se cree su cuento, gana confianza, pierde el miedo y salta al vacío sabiendo que va a aterrizar bien. Desde muy joven me conecté con Dios. Estoy convencido de que hay alguien moviendo las fichas y que cada situación tiene un propósito. Esa fe ha sido mi herramienta más importante para tomar decisiones.
JOSÉ MANUEL ACEVEDO






