Economia
“Los titanes tecnológicos moldean el tejido social: Reflexiones de Daron Acemoglu, Nobel de Economía”

Daron Acemoglu, docente en el renombrado Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y laureado con el Premio Nobel de Economía en 2024, junto a Simon Johnson y James A. Robinson, discute en esta conversación su más reciente obra, Poder y progreso (2023), subrayando el inmenso poder de las grandes corporaciones tecnológicas. “Configuran la información, están presentes en todos los ámbitos de la vida diaria e impactan la opinión pública. Nunca antes habíamos tenido empresas tan influyentes” en la historia de la humanidad, destaca.
También se refiere a la inteligencia artificial (IA), la situación de la democracia y a otros desafíos globales, como el envejecimiento, sobre el cual, menciona, América Latina no está debidamente equipada.
En ‘Poder y progreso’ indica que estamos en un instante crucial en relación con la conexión entre tecnología, equidad y democracia. ¿Qué repercusiones anticipa si el mundo no enfrenta la compleja interacción entre estas tres fuerzas?
Se identifican dos grupos de problemas que probablemente comparten factores comunes. En primer lugar, la democracia en los países industrializados aparece más expuesta en la actualidad que en cualquier otro periodo desde la Segunda Guerra Mundial, o incluso antes. Esta coyuntura ha transformado a la democracia en un pilar esencial para muchas otras características institucionales como los derechos civiles, la participación, la libertad de expresión y la comunicación. En Occidente y en ciertos territorios de América Latina, cuando la democracia se ve debilitada, estos derechos e instituciones también se ven perjudicados. Todo el entramado institucional de estas sociedades se manifiesta como más vulnerable. No considero que debamos sobredimensionar. El descenso o debilitamiento de la democracia no es inminente. No obstante, observamos la situación en Estados Unidos: Donald Trump, con su marcada agenda antidemocrática; además, el respaldo a la democracia entre los jóvenes ha llegado a su nivel más bajo. Y se observan tendencias semejantes en gran parte de América Latina, donde el apoyo a la democracia es considerablemente inferior al de la década de 2000. Esto plantea una amenaza significativa con repercusiones potencialmente destructivas para la prosperidad, la libertad de expresión y la equidad. Simultáneamente, nos hallamos en el umbral de transformaciones relevantes basadas en los progresos de los últimos 40 años que podrían acelerarse. La inteligencia artificial, que se basa en tecnologías digitales, podría intensificar algunas de estas tendencias. La desigualdad ha crecido en numerosos países, incluidas regiones de América Latina, Estados Unidos y Europa, y esto puede empeorar.
Donald Trump. Foto:EFE
¿Y qué otros elementos influyen?
El envejecimiento es otro componente crucial. Todos los países industrializados están en un proceso de envejecimiento, algunos a un ritmo más acelerado que otros. América Latina se enfrentará a un envejecimiento veloz y no está debidamente preparada para abordar estos cambios. Aunque hay ejemplos de naciones como Japón, Corea del Sur y Alemania, no creo que estemos listos para enfrentar estos retos demográficos ni para el cambio climático o las transformaciones en la globalización. Algunos de los problemas democráticos y las tensiones políticas actuales no pueden entenderse plenamente sin considerar el contexto de la globalización, aunque su naturaleza puede cambiar en las próximas décadas. Todo esto requiere instituciones más sólidas que nunca para promover el compromiso,el acuerdo y nuevas alternativas sustentadas en el diálogo social y la experiencia. No obstante, nuestras instituciones presentes complican esta labor. Consideremos el caso de Estados Unidos, donde la polarización ha alcanzado grados que dificultan la aprobación de legislaciones sobre el clima, la formación de los trabajadores o la regulación de la IA. Estas son problemáticas críticas que necesitamos abordar.
En uno de sus trabajos más recientes menciona el poder y la fortuna que acumulan las grandes corporaciones tecnológicas. ¿Alguna entidad en la historia ha tenido tanto impacto y control como los colosos corporativos actuales?
En mi perspectiva, no. Aunque podríamos establecer comparaciones con la Compañía de las Indias Orientales, que, respaldada por apoyo militar y político, dominaba el subcontinente indio, su control fue relativamente superficial. Lo asombroso de los gigantes tecnológicos contemporáneos, especialmente Facebook, Google y, en cierta medida, Apple, Amazon y Microsoft, es que no solo son inmensos y multinacionales, sino que, además, manejan las fibras mismas de la sociedad. Modelan la información, están involucrados en todos los aspectos de la vida diaria y condicionan la opinión pública. Nunca antes habíamos tenido corporaciones tan influyentes como las grandes tecnológicas.
¿Incluso más que las grandes compañías petroleras?
No, debido a que estas entidades (tecnológicas) ejercen una influencia significativa sobre la sociedad civil e incluso sobre los medios de comunicación. La Standard Oil, por ejemplo, era sumamente grande y controlaba un recurso fundamental, pero nunca logró integrarse en el tejido del pensamiento colectivo. No consiguió convencer a los medios y al público de que sus acciones eran en pro del bien común, como lo hacen los gigantes tecnológicos actuales. Esa es la realidad que enfrentamos.
A menudo se afirma que imponerles límites crea obstáculos a la competitividad, incluso el conocido informe Draghi aborda este tópico. ¿Cree que esto es cierto?
Sí, pero considero que debemos ser realistas en relación a esto. La regulación puede ciertamente ralentizar los negocios, especialmente si no está diseñada de manera óptima, lo que puede resultar en ineficiencias. Sin embargo, eso no implica que la regulación sea intrínsecamente negativa o innecesaria. Tiene tanto costos como beneficios. Cuando se trata de algunas de las empresas más poderosas en la historia, la regulación se vuelve imprescindible. Aunque pienso que algunas afirmaciones sobre el potencial de la IA son exageradas, si tan solo una fracción de estas es cierta, esta tecnología será transformadora. Necesitamos mecanismos que contrarrestre ese poder, aun si el proceso resulta un tanto ineficiente.
¿Cuál es su opinión sobre la regulación europea en IA?
Mi visión respecto a la regulación europea es tripartita. En primer lugar, Europa y la Comisión Europea, en particular, merecen reconocimiento. Siempre han estado a la vanguardia. Las regulaciones europeas reflejan en gran medida valores sólidos, como la gobernanza democrática, los derechos humanos, los derechos civiles, la libertad de expresión y la privacidad. Sin embargo, la normativa europea también ha presentado limitaciones en algunas áreas. El informe Draghi indica que Europa está rezagada en comparación con Estados Unidos y China en el ámbito de la IA, e incluso con Canadá. La regulación efectiva es un reto, ya que incluso las normativas bien intencionadas pueden tener efectos no deseados. Se requiere un enfoque regulador más flexible. Consideremos, por ejemplo, el histórico Reglamento General de Protección de Datos de la UE (RGPD). Apoyo los valores subyacentes del RGPD, como la privacidad de los datos y la protección de la información personal. Si me hubieran asignado la tarea de diseñar normas de protección de datos, es posible que no lo hubiera hecho mejor. Sin embargo, el RGPD ha tenido efectos adversos. De hecho, ha perjudicado a las pequeñas empresas. Mientras que las grandes organizaciones tecnológicas hallaron maneras de cumplir sin mejorarsignificativamente la confidencialidad, las empresas más pequeñas han enfrentado retos bajo su carga.
Inteligencia Artificial. Foto:iStock
Entonces, ¿cuál es nuestra acción?
No se trata de oponerse a la regulación, sino de perfeccionarla. Es esencial entender las lagunas legales, abordarlas y reconocer las limitaciones de la democracia para lograrlo. Europa, igual que Estados Unidos, está dividida y la Comisión Europea no cuenta con un mandato democrático robusto. Resulta complicado para la Comisión manifestar: “Nuestro RGPD, nuestra creación, no funcionó como se pensaba; necesitamos revisarlo”. Creo que es posible que requiramos un enfoque distinto en cuanto a regulación. A pesar de que las normativas europeas defienden valores excepcionales, identifico un inconveniente en su naturaleza reactiva. Las compañías tecnológicas son las que dan el primer paso, lanzando productos que pueden violar derechos o evadir legislación, y los reguladores actúan posteriormente. Observamos la misma táctica reactiva en Estados Unidos. Mi tesis, como expongo en Poder y progreso y otros escritos, es que debemos adoptar una estrategia proactiva. A diferencia de esperar a que las empresas de IA diseñen estas tecnologías y luego responder, deberíamos orientar el desarrollo desde el inicio de forma que maximice el beneficio social.
¿No es complicado anticipar los avances tecnológicos?
Es cierto, pero no siempre requiere una previsión exacta para elaborar una regulación proactiva. Por ejemplo, Europa y Estados Unidos, aunque de manera imperfecta y en una escala restringida, han establecido una normativa proactiva en el sector energético. En lugar de esperar a observar el comportamiento de las empresas del sector energético, impusieron impuestos al carbono y proporcionaron subsidios a la innovación para promover las energías renovables y disminuir la dependencia de los combustibles fósiles. Ese es un enfoque verdaderamente proactivo.
En ‘Poder y progreso’ advierte sobre la utilización de la IA. ¿Considera que es una herramienta que podría fomentar la generación de riqueza en varios países, o es más probable que intensifique las desigualdades económicas?
Es un tanto temprano para afirmarlo con certeza. Mucho dependerá de cómo se desarrolle la IA generativa. Como plataforma que une ideas, técnicas y prácticas, es muy prometedora y podría incluso sobrepasar otras aplicaciones de IA, como la predictiva, que impulsa los algoritmos de recomendación en plataformas como Netflix. La IA predictiva ha tenido un impacto significativo y ha influenciado nuestra interacción diaria con la tecnología. La IA generativa tiene el potencial de ir aún más allá. Sin embargo, podría evolucionar en diversas direcciones. Podría transformarse en una herramienta basada en conocimientos específicos y expertos, respaldando áreas como la salud, oficios especializados y el periodismo, ofreciendo soluciones adaptables a cada contexto. Ese enfoque sería altamente beneficioso. O podría inclinarse hacia un modelo de inteligencia general, como se observa con ChatGPT, que busca una amplia automatización sin un enfoque especializado, lo cual tal vez no sea tan útil ni transformador. Lo que me gustaría presenciar es que la IA generativa deje de intentar replicar la inteligencia general y, en cambio, se enfoque en proporcionar conocimiento preciso y contextual, en el que los profesionales, como electricistas, enfermeras, plomeros y periodistas, puedan confiar.
Chat GPT. Imagen:iStock
¿Has hecho uso de ChatGPT?
Lo he usado anteriormente, aunque ya no con tanta frecuencia. Al principio, probé ChatGPT durante varias horas para entender sus habilidades. Quería determinar si podía asistirme en dos áreas concretas. Primero, intenté que editara un artículo de opinión de aproximadamente 1.100 palabras, solicitándole que lo resumiera. Sin embargo, sinceramente, no lo hizo de manera efectiva. No logró identificar los argumentos principales ni diferenciar entre los puntos cruciales y los secundarios. Llegué a la conclusión de que le falta el criterio necesario para esa labor. La segunda área fue la investigación de antecedentes. Su desempeño es relativamente bueno en esta cuestión, pero con frecuencia presenta errores, lo que me lleva a verificar la información con detenimiento. En la actualidad, utilizo más Google y Google Scholar para este fin, aunque la inteligencia artificial generativa ahora se manifiesta de forma indirecta en mis búsquedas, ya que Google la ha incorporado en su herramienta de búsqueda
Por último: ¿qué representa para usted recibir el Premio Nobel de Economía?
Es un honor que me llena de felicidad, no solo por mi recorrido, sino porque valida el esfuerzo del equipo que he formado junto a mis coautores en diversos trabajos y muchas otras personas, incluyendo una nueva generación de jóvenes investigadores.
OSCAR GRANADOS
Ethic (*)
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