“Nos encontramos ante un ciclo perjudicial en el que se asigna menos capital, se contrata menos personal y se reduce el gasto. Esto mantiene paralizada la economía nacional”, advirtió Gabriela Siller, directora de Análisis Económico de Banco BASE, durante la exposición de proyecciones del tercer trimestre.
Un mercado laboral más inestable
Desde enero hasta septiembre de 2025, la economía creó 333,303 empleos formales registrados en el IMSS, lo que implica una disminución del 26.97% comparado con el mismo lapso de 2024, siendo esta la cifra más baja desde 2009 (excluyendo el descenso de 2020). Además, los empleadores vinculados al IMSS presentan 17 meses consecutivos con descensos anuales, un comportamiento que se observa durante crisis económicas.
Simultáneamente, la proporción de informalidad laboral se elevó a 54.88% en septiembre, con un total de 32 millones de individuos, su nivel más alto desde 2021.
“La economía mexicana no está produciendo empleos suficientes para integrar a la nueva población activa”, apuntó Siller y añadió que la informalidad está asumiendo parte del empleo perdido, pero refleja la escasez de puestos formales y las condiciones más inestables del mercado laboral.
Menos remesas e inflación continua en alimentos
La desaceleración del empleo se une a un empeoramiento en las remesas, que han perdido alrededor del 13% de su poder adquisitivo. A esto se suman reducciones al gasto público y una inflación persistente en productos alimenticios, factores que disminuyen el ingreso disponible de los hogares.
“A pesar de que los salarios han mantenido un crecimiento real, el ingreso global de las familias se ha desacelerado debido a la menor ocupación, remesas débiles y un consumo más cauteloso”, explicó Alejandro Saldaña, economista en jefe de Banco Ve por Más.
Las tasas de interés, aun elevadas, la falta de crédito y la desconfianza del consumidor se manifiestan en un consumo privado estancado, el primero en registrarse desde 2020. De los siete meses de 2025 con datos disponibles, cuatro han experimentado contracciones en el consumo privado, un indicador que se atribuye a casi la mitad del PIB de México (48%).
La inversión no se recupera
Tras culminar la llamada primera ola del nearshoring, la inversión fija bruta presenta una contracción notable del 7.19% y…
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Acumula once meses consecutivos de tasas anuales negativas, de acuerdo a los datos hasta julio de 2025. Además, el gasto estatal en infraestructura disminuyó 33.7% entre enero y agosto —la caída más significativa de la que se tiene evidencia.
La duda relacionada con la política comercial de Estados Unidos y las modificaciones en el marco institucional del país, en conjunto con un menor dinamismo en la obra pública, ocasionaron una reducción de la inversión. “Esto, a su vez, debilitó la creación de empleos. El incremento en los ingresos de los hogares se desaceleró debido a la menor generación de empleo, aunque los salarios continuaron mostrando un crecimiento real”, afirmó Alejandro Saldaña.
El mundial en 2026 no será suficiente
El economista principal de Banco Bx+ considera que el aumento en exportaciones no se ha reflejado en inversión ni en empleo porque persiste la incertidumbre comercial con Estados Unidos. No obstante, anticipa que la actualización del T-MEC en 2026, junto a tasas de interés más bajas y un mayor gasto relacionado con el Mundial de fútbol, podrían incentivar un ligero repunte de la inversión y del consumo interno.
“Una vez que se actualice el T-MEC y se reduzcan las tasas, la inversión y el consumo podrían evidenciar una dinámica un poco más favorable.”
Banco BASE, por su parte, estima que la economía mexicana crecerá aproximadamente 1% en 2026, con un salario real prácticamente sin avance y un consumo aún débil.
La recuperación dependerá de si el gobierno logra revertir la caída de la inversión y restaurar la confianza del sector privado. “México necesita fortalecer su productividad y formalizar el empleo si desea superar el estancamiento”, advirtió Siller. En caso contrario, México podría mantener un crecimiento impulsado por las exportaciones, pero con un mercado interno cada vez más frágil.
En 2026 se sumará la reducción de las ayudas y transferencias estatales. Los datos indican que el gasto público en subsidios y transferencias disminuyó un 4.1% anual al cierre de agosto y otros apoyos sociales retrocedieron más de un 60% en los primeros ocho meses del año.
Con una inflación subyacente aún elevada, especialmente en productos alimenticios, este menor flujo de recursos públicos intensifica la presión sobre los ingresos reales y limita el margen de recuperación del consumo privado para el año siguiente.

