La lluvia no dio tregua. Durante más de 36 horas el frente frío que azota el Caribe convirtió a Santa Marta en un territorio de emergencia: calles transformadas en ríos, cerros desmoronados, casas partidas por la mitad y familias que lo perdieron todo en cuestión de minutos. La madrugada del desastre dejó un saldo que aún no termina de contarse: dos muertos, centenares de viviendas afectadas, barrios incomunicados y hasta un barco encerrado frente a un exclusivo edificio de apartamentos.
El panorama es desolador. En sectores como Las Malvinas, Las Vegas, Villa Betel, Gaira, Timayui y Pescaíto el agua entró hasta el techo. Muebles flotando, electrodomésticos inservibles y niños envueltos en cobijas mojadas resumen la escena repetida de cuadra en cuadra.
“Aquí no quedó nada, ni la ropa de los pelaos”, dice entre lágrimas María Rodríguez, habitante de Las Vegas. “Nos acostamos con lluvia y amanecimos con el agua en el pecho”.
La tragedia de Gaira.
El golpe más duro ocurrió en el sector Vista al Mar, en Gaira. Cerca de la medianoche una avalancha provocó una familia mientras dormía.
Madre e hijo murieron atrapados por una avalancha que los sorprendió mientras dormían. Foto:redes sociales
Varias viviendas comenzaron a ceder y una se vino abajo por completo. Dentro estaban Richard Rueda y su madre Zulma Atehortúa.
Testigos cuentan que Richard logró sacar a varios menores y regresó por su mamá. No volvió a salir. Los vecinos se organizaron con lo que tenían: picos, palas y las manos desnudas. hAbía fuga de gas y cables energizados, pero nadie se detuvo.
“Llamamos a todas partes y nadie llegó. Nos dejaron solos”, reclama José Martínez, vecino del barrio. Durante más de cuatro horas la comunidad excavó entre el lodo hasta encontrar los cuerpos sin vida. Los heridos fueron llevados en motos y carros particulares a centros asistenciales.
Con la luz del día el barrio parecía un campo de guerra: paredes abiertas, techos doblados, roca por todos lados y un sentimiento de tristeza y dolor por la ausencia de madre e hijo.
El mar se metio a la ciudad
Como si la lluvia no bastara, el mar también se rebeló. En Playa Los Cocos un buque de gran tamaño fue empujado por el oleaje hasta quedar encerrado a pocos metros de los edificios.
Las fuertes olas pusieron un barco frente a los edificios en el sector de Los Cocos. Foto:redes sociales
Desde los balcones la gente miraba incrédula la mole de acero atravesada frente a la ciudad, golpeada por olas de hasta cuatro metros. Dimar confirmó que el evento ocurrió bajo alerta meteorológica con vientos superiores a 50 km/h. El Puesto de Mando Unificado fue activado para evaluar riesgos y planear el retiro de la embarcación.
La ciudad incomunicada
El desastre tomó dimensión regional con el colapso del puente de Mendihuaca, en el kilómetro 37+700 de la Troncal del Caribe. La creciente súbita del río partió la estructura y dejó a Santa Marta sin conexión terrestre con La Guajira.
Santa Marta quedó incomunicada con La Guajira por la partidura del Puente Mendihuaca. Foto:redes sociales
Autobuses con pasajeros, tractomulas con alimentos y combustibles quedaron varados a lado y lado del abismo. “Esto nos quiebra a todos”, advierte el transportador Luis Ortega.
Las autoridades habilitaron un envío por el interior del Cesar que añade varias horas de viaje y sobrecostos.
La ANI y el Invías Evan instalar un puente provisional, pero no hay plazos. Palomino, Dibulla y los corregimientos costeros quedaron prácticamente aislados.
Bloqueos y desesperación
El derrumbe en el cerro Ziruma cerró la vía a El Rodadero y en Villa Betel los moradores bloquearon la Troncal del Caribe exigiendo presencia de la Alcaldía. “Necesitamos ayudas urgentes. Lo perdimos todos”, gritaban los manifestantes.
Las autoridades realizan recorridos para censar daños y definir ayudas. Sin embargo, la magnitud supera la capacidad inmediata: miles de personas necesitan albergue, alimentos y reconstrucción.
Lo ocurrido en Santa Marta hace parte de un escenario nacional: Córdoba reporta más de 13.000 familias damnificadas y Cartagena mantiene playas cerradas por mar de leva. El Ideam advierte que la alerta continúa.
Mientras vuelve a salir el sol, la ciudad intenta levantarse entre montañas de barro. “Que esto no se repita nunca más”, murmura una vecina de Gaira. Pero la alerta roja continúa porque las lluvias podrían regresar en cualquier momento.
Por Roger Urieles, para EL TIEMPO Santa Marta. En X @rogeruv

