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Once Caldas avanza a la fase de grupos tras eliminar a su rival

Millonarios se enfrentó bruscamente con el destino. No logró superar la serie a partido único contra Once Caldas en Manizales. No estuvo a la altura para competir en el torneo internacional y cayó 1-0, y con esa caída se despidió de forma anticipada de la Copa Sudamericana. El equipo blanco progresó a la fase de grupos.
El encuentro fue de alta tensión, y tal vez por esa razón los equipos se mostraron cautelosos, limitaron sus ofensivas, jugaron a un ritmo pausado, escaso, y en ocasiones monótono. La hinchada blanca anhelaba ver a Dayro Moreno, pero Dayro no hacía acto de presencia. Los seguidores azules deseaban ver a Falcao, quien permanecía en el banquillo. Leo Castro, titular, no resaltaba en demasía. El esférico no llegaba a los delanteros.
El que pierda se marcha, era el mensaje desde los bancos. Eso parecía, ya que en la cancha existía una palpable inquietud. En la primera parte, Millonarios mostró un poco más de méritos para conseguir la victoria, se acercó con disparos de larga distancia. Incluso, se ilusionó con un penal que inicialmente fue sancionado. Sander Navarro cayó en el área, Barrios lo golpeó por debajo, el árbitro lo consideró falta, pero tras revisar el VAR, cambió su decisión. Gran controversia.
Once Caldas llegó poco, le faltó agresividad. Barrios inquietaba de vez en cuando. La primera vez que el conjunto de Manizales intentó el arco rival, con un tiro de Zuleta, Montero se lanzó y mostró que, aunque no le llegara el balón, estaba alerta. La primera parte se fue consumiendo sin muchas emociones. Bueno, hubo una última antes de que se fueran al descanso a reflexionar por su escasez, un disparo de Córdoba que obligó al portero Aguirre a lanzarse y tocar la pelota. Eso fue todo.
En la segunda mitad, el entrenador azul, David González, movió sus piezas. Mantilla ingresó al campo para intentar ser el gran salvador. El tiempo comenzó a transcurrir como si volara. La angustia invadió la cancha, con todo su dramatismo, porque el gol no llegaba de ninguna parte. Y cuando algo sucedía, se anulaba. A Castro le invalidaron un gol que fue gritado en toda Bogotá. Antes chocó con Malagón y, para colmo, estaba en posición adelantada. No había nada que hacer. En el banquillo azul, Falcao se frotaba las garras, quería entrar, pero aún no era su momento.
Once Caldas despertó, se sacudió, se lanzó al frente, llegó en tres toques al área azul, Beltrán inició una carrera, recibió el balón, se posicionó, la defensa de Millonarios se mostró desprevenida, observando lo que parecía inevitable, el jugador de blanco disparó y aún se debe estar cuestionando por qué se le fue desviado.
Millonarios agotó sus últimas energías, Córdoba envió un centro peligroso, la pelota zigzagueaba hacia la zona roja del área donde Jorge Cardona hizo un rechazo que provocó desmayos. Casi fue autogol.
Fue un anticipo de lo que vendría: un ataque cardíaco y colectivo se desató en las gradas cuando Barrios recibió un centro desde el costado, la defensa estaba dormida, roncaba, miraba, admiraba, y Barrios disparó y finalmente hizo ganar al blanco, 1-0. Iban 80 minutos, el estadio vibró, Barrios celebró como si ese gol lo fuera todo, y realmente era mucho, significaba la clasificación a la fase de grupos de la Copa Sudamericana y dejó a Millonarios en el suelo, desolado, derrotado.
PABLO ROMERO
Redactor de DEPORTES
@PabloRomeroET






