Con estas medidas, el apoyo oficial a la compañía pasó de “alto” a “muy alto” en los supuestos de Moody’s, lo que implica seis escalones adicionales respecto a la evaluación base de crédito, aún en nivel “ca”. Este ajuste otorga a la petrolera un colchón frente a vencimientos inmediatos, pero no elimina las presiones de liquidez.

Los analistas de la calificadora subrayaron que la empresa seguirá enfrentando flujos de caja negativos por sus problemas operativos: producción en declive, pérdidas persistentes en refinación y limitadas inversiones en exploración. Se estima que en 2026 y 2027 Pemex requerirá cerca de 7,000 millones de dólares anuales para cubrir pasivos y mantener operaciones.

Al cierre de junio, la petrolera disponía de 5,100 millones de dólares en efectivo, además de líneas de crédito comprometidas equivalentes a 7,500 millones de pesos y 500 millones de dólares, montos insuficientes frente a sus obligaciones inmediatas. Moody’s advirtió que la compañía seguirá dependiendo de manera crítica del respaldo del Estado para enfrentar vencimientos y cubrir pagos a proveedores.

La perspectiva estable refleja la expectativa de que la estrategia de negocios y el perfil financiero no tendrán cambios en los próximos 12 a 18 meses. La calificación puede mejorar si la empresa logra recuperar su desempeño operativo, fortalecer liquidez y generar flujo positivo para reducir deuda. En contraste, un ajuste a la baja en la nota soberana de México, o una reducción en el apoyo gubernamental, pondría nuevamente presión a los bonos de Pemex.