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Este miércoles 27 de agosto de 2025, frente al Congreso de la República, deportistas, entrenadores y gestores deportivos levantaron su voz en un plantón contra la reducción del presupuesto nacional para el deporte de cara al 2026. La decisión del Gobierno no es solo un tijeretazo a las cifras oficiales; es un golpe directo a miles de sueños, a la salud pública y al tejido social que se sostiene, en gran medida, desde el deporte.
En Colombia, el deporte ha sido mucho más que medallas y podios. Ha sido el salvavidas de barrios en los que los niños encuentran en un balón la posibilidad de no caer en la esquina del microtráfico; ha sido la disciplina que le da estructura a quienes, de otro modo, podrían perderse en las calles; ha sido la esperanza de padres que ven en el atletismo, la natación o la gimnasia, un camino distinto al de la violencia. Por eso, cada peso invertido en el deporte no es un gasto: es una inversión en cohesión social.
Impacto directo al deporte
Deportistas protestan en el Congreso. Foto:Prensa Mauricio Parodi
El recorte presupuestal impactará directamente programas de formación, torneos intercolegiados, escenarios en zonas rurales y los procesos de alto rendimiento. Eso significa menos oportunidades para que los niños y jóvenes descubran sus talentos, menos incentivos para que entrenadores se mantengan en el sistema, y una peligrosa puerta abierta para que el ocio improductivo sea colonizado por realidades que este país conoce demasiado bien.
Gustavo Petro y Ángel Barajas. Foto:Presidencia/EFE
Es un nocaut para los futuros medallistas, para los próximos Urán, Ibargüen, Pajón, Martínez o Urrutia, así como para los miles de niños, niñas y adolescentes que tienen en el deporte un refugia no para alcanzar el alto rendimiento, pero si para tener mejores herramientas para la vida: disciplina, trabajo en equipo, tolerancia a la frustración, sentido de pertenencia y gestión del tiempo, entre otros. Jamás se tratará solo de un juego.
Rigoberto Urán Foto:Efe
Reducir el presupuesto del deporte, entonces, no es simplemente quitar recursos a un ministerio; es quitarle a la sociedad uno de los pocos caminos comprobados para reducir la violencia y mejorar la calidad de vida. Es cerrar puertas en lugar de abrirlas. Es retroceder en lugar de avanzar.
La protesta de este 27 de agosto no es solo de los atletas: debería ser de una sociedad que entiende que un balón, una raqueta o un par de guantes valen mucho más que su precio en una factura. Y ojalá los congresistas lo entiendan antes de que el recorte cueste mucho más caro que cualquier déficit fiscal.
CAMILA ESPINOSA ARISTIZÁBAL
Para EL TIEMPO
@Camilanoticia1
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