Un informe de la OCDE reveló que en Colombia el nivel educativo no garantiza mejores oportunidades laborales: el desempleo es mayor entre profesionales.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) reveló un panorama preocupante. En Colombia, a mayor nivel educativo, el desempleo no disminuye, sino que aumenta. Mientras la tasa para quienes solo cuentan con bachillerato o no culminaron la secundaria es de 10,3 %, entre los profesionales con título universitario alcanza el 11,2 %.

El informe del organismo internacional alertó, además, sobre la deserción escolar, la baja permanencia en la educación superior y la urgencia de mejorar la calidad docente. La falta de conexión entre la formación académica y el mercado laboral se refleja en miles de jóvenes que, tras graduarse, no encuentran empleo acorde con sus estudios.

Sectores como el comercio minorista, la construcción, los servicios generales, la agricultura, el transporte y, hoy en día, las plataformas digitales son los que más oportunidades ofrecen a personas sin formación profesional, según Laura Andrea Cristancho, coordinadora del Programa de Economía del Politécnico Grancolombiano. “Además, programas sociales como el PAE (Plan de Alimentación Escolar) y el trabajo de madres comunitarias también emplean a muchas personas sin título profesional”, indicó.

Desajuste entre formación y mercado

Óscar Jiménez, analista económico, explicó que esta situación refleja un desajuste estructural: “En cualquier empresa es normal que haya más operarios que supervisores, o más vendedores que gerentes. Existen muchas más plazas para oficios básicos que para cargos de alta cualificación. Eso no es un problema de una organización o de una región, como Risaralda, sino del funcionamiento mismo de la economía”.

El experto recordó que en Colombia persiste una sobrevaloración del título universitario frente a la educación técnica y tecnológica. Durante décadas, las familias han impulsado a sus hijos hacia carreras profesionales, mientras que la formación técnica ha quedado relegada por considerarse de menor prestigio. El resultado: un déficit de técnicos y tecnólogos, y un exceso de egresados en programas profesionales, con un mercado incapaz de absorberlos.

Trabajamos más, pero producimos menos

Otro factor crítico es la baja productividad laboral. Aunque los colombianos están entre quienes más horas trabajan en el mundo, el valor generado por unidad de tiempo sigue siendo bajo. “Todavía se mide más a qué hora entra y sale el trabajador que lo que hace efectivamente. Se trabaja mucho, pero se produce poco. Eso se refleja en salarios bajos, incluso para profesionales, porque las empresas no esperan gran productividad”, señaló Jiménez.

Este escenario choca con las expectativas de los egresados universitarios, que invierten tiempo y recursos con la expectativa de acceder a mejores condiciones laborales. Sin embargo, el mercado ofrece, en su mayoría, plazas operativas, asistenciales o técnicas, con remuneraciones y beneficios muy por debajo de lo que esperan los jóvenes.

La formación en empresas y las competencias blandas

Ante el déficit de técnicos, muchas organizaciones optan por contratar bachilleres y capacitarlos internamente. Según Jiménez, esta estrategia fortalece el vínculo con la compañía y mejora la permanencia laboral, pero implica riesgos: “Es común que un trabajador entrenado renuncie o se traslade, y la empresa pierde esa inversión. Esto refleja la desconexión entre el sector educativo y el productivo”.

A ello se suma la lentitud de la academia para responder a las necesidades del mercado: obtener un registro calificado puede tardar años, y entre abrir un nuevo programa y graduar la primera cohorte pueden pasar hasta siete años. En ese lapso, las demandas laborales cambian.

El analista subrayó, además, la importancia de las competencias blandas, como la resiliencia, la tolerancia a la frustración y la responsabilidad. “Es más fácil que una persona con buenas competencias blandas aprenda lo técnico y se desempeñe bien, que lo contrario. Muchas renuncias tempranas y la alta rotación en Colombia tienen que ver con la falta de estas competencias”, afirmó.

La solución, según los expertos, pasa por articular el sector educativo con las empresas, fortalecer la orientación vocacional y priorizar el desarrollo de competencias blandas. De lo contrario, la brecha entre lo que enseña la academia y lo que exige el mercado seguirá ampliándose, y los profesionales continuarán enfrentando dificultades para encontrar empleo acorde con su formación.

¿Qué es más beneficioso para una empresa?

Para muchas empresas resultaría más fácil contratar a un bachiller y capacitarlo que vincular a un profesional. Sin embargo, según Jiménez, depende de los oficios: “Hay algunos que requieren conocimientos técnicos especializados muy específicos; en esos casos, la formación académica es clave y, por ende, resulta más eficiente para la empresa buscar al profesional ya graduado con ciertos conocimientos. Mientras que existen otros sectores en los que las competencias son demasiado específicas del oficio, y es más eficiente para la empresa hacer la formación”.