En su último año de gobierno, Gustavo Petro enfrenta el complejo reto, en materia fiscal, de ordenar unas finanzas debilitadas por el déficit y un endeudamiento creciente. Sin embargo, en caso de que quisiera cambiar su visión del juego y ajustarse el cinturón, sus acciones deberían ir más allá de simples anuncios y enfocarse en una estricta disciplina.
Para el abogado tributarista Camilo Cuervo, socio de Holland & Knight, el margen de maniobra del Ejecutivo es casi inexistente, ya que a su juicio, más que un esfuerzo por ajustar, el Gobierno ha optado por profundizar el gasto con fines políticos, lo que reduce la credibilidad y amplía el hueco fiscal.
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En charla con Portafolio Cuervo manifestó que el Gobierno carece de espacio real para implementar correctivos y afirma que “el margen es muy poquito, por no decir inexistente” y que, debido a esto, cualquier intento de recorte revelaría la crisis de ejecución y la falta de gestión en el gasto público.
“A esto se suma que la voluntad política de apretarse el cinturón es mínima. Por el contrario, la estrategia ha sido incrementar el gasto para mostrar resultados, aunque sea de manera artificial, y llegar con esa narrativa a un electorado clave en las elecciones de 2026”, indicó.

Recortar el gasto es una necesidad que no da espera, según los expertos.
Imagen de ChatGPT
El experto advierte que buena parte de este gasto se ha canalizado a través de la contratación pública, especialmente en figuras de contratistas independientes vinculados al Estado y que este mecanismo no solo incrementa el costo fiscal, sino que responde más a cuotas políticas que a necesidades de gestión, convirtiéndose en una herramienta de campaña antes que en un instrumento de eficiencia administrativa.
Medidas que no llegarán
Consultado sobre qué medidas serían más efectivas para estabilizar las cuentas, Cuervo apunta a la necesidad de reducir la burocracia clientelista que el mismo Gobierno ha alimentado y señala que en varios ministerios y entidades descentralizadas se han creado nóminas paralelas con personal que no aporta a políticas públicas concretas.
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“La medida lógica sería recortar esa burocracia ineficiente”, subraya, pero reconoce que la disposición política es nula; poniendo sobre la mesa que el dilema gira sobre el hecho de que reducir esa estructura significaría desmontar la base clientelar sobre la que se sostiene el Gobierno, y mantenerla solo agrava el déficit y deteriora la confianza de inversionistas y mercados.
A la falta de voluntad interna se suman riesgos externos que podrían desestabilizar aún más las finanzas; punto en el que este analista se centra en tres frentes críticos, comenzando por el comportamiento del dólar, la tendencia a la baja de los precios del petróleo y la posibilidad de nuevos aranceles de Estados Unidos, en caso de un giro errático en su política comercial bajo un eventual gobierno de Donald Trump.

Recortar el gasto es una necesidad que no da espera, según los expertos.
Imagen de ChatGPT
“El primero plantea un dilema complejo y es que el Gobierno necesita un dólar más bajo para contener la inflación y reducir la presión sobre la deuda externa, pero al mismo tiempo una moneda demasiado revaluada afectaría la competitividad exportadora”, acotó.
Así mismo, explicó que “el segundo, vinculado al crudo, amenaza los ingresos fiscales, dado que Colombia sigue dependiendo en buena medida de este recurso. Finalmente, los aranceles norteamericanos podrían golpear las exportaciones, que hoy constituyen un salvavidas para una economía con bajo crecimiento interno”.
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Credibilidad en juego
En este contexto, la credibilidad del país frente a inversionistas, agencias calificadoras y multilaterales se convierte en un activo escaso, mientras que, para Cuervo, el Ejecutivo ha optado por sacrificar disciplina fiscal a cambio de resultados políticos inmediatos, una fórmula que puede tener un costo elevado en materia de confianza y estabilidad.
Con esto, cerró diciendo que el último año de Petro, más que una oportunidad para corregir el rumbo, parece perfilarse como un periodo donde se consolidarán las tensiones entre gasto político y sostenibilidad fiscal y que el riesgo es que, lejos de ordenar las finanzas, el plan de gasto electoral termine por profundizar el hueco fiscal y dejar a la próxima administración un panorama aún más complejo.
DANIEL HERNÁNDEZ NARANJO
Periodista de Portafolio