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Decía el siempre brillante Francisco Maturana que su gran preocupación hoy es la deserción escolar. Lo lamentaba porque sentía que ese paso se saltaba en la formación de los futbolistas más jóvenes y por eso fallaban en la culminación de sus sueños. Pero es aún más grave.
En su más amplia faceta, ese vacío, común a todos los estratos sociales, lo que revela es la mentira del ‘camino fácil’ del fútbol -o la música, o la ilegalidad- como única manera de esos chicos de convertirse en ‘alguien’. Lo otro es no ser nadie. Y en esta difusa era de las redes sociales, eso es la nada, el infierno mismo, el peor de los fracasos.
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Lo común es ver aparecer en la puerta de la escuela de fútbol del barrio un niño, y lo que es peor, un padre (o un intermediario), convencido que su retoño es el nuevo Messi. El trabajo del entrenador no es solo aterrizar el sueño del jovencito sino atajar la ambición de sus acompañantes. Y en eso se fracasa todos los días.
Selección Colombia Sub-20 vs. México Foto:Federación Colombiana de Fútbol
Es tan débil la estructura familiar que cualquier personaje con gafas de diseñador y un cheque en la mano compra vidas en un suspiro y, tras venderse como ‘el padre’ ausente de muchos talentos, comercia con el sueño ajeno. Y hay quien condena a los chicos por eso, por creer que el genio de la lámpara apareció en su puerta. Nadie les enseña a dudar, ¿cómo se supone que se defiendan de esos buitres o de los que después, cuando cometen un error, los condenan públicamente y fulminan sus expectativas con dos o tres adjetivos que ni comprenden? Es la más pura definición de ‘revictimización’.
Así pasan los días los Jhon Durán, Neiser Villarreal y tantos soñadores que tal vez aún ni conocemos, pero que justo ahora están cayendo rendidos ante el destello del oro de algún mercader. Lo fácil es decirles que tienen la cabeza llena de aserrín. Lo hipócrita es que seamos nosotros los que les vendemos ese relleno con el rótulo de ‘éxito’.
Neiser Villarreal Foto:Efe
¡Larga vida a César Torres!
Por eso llena de ilusión ver a un entrenador como César Torres, que da el paso al frente al costo que venga. Su defensa de un jugador como Villarreal, al que no le creyeron ni en su club (Millonarios), pero que explotó en un Sudamericano con 8 goles y 4 asistencias y puede ser, si su salud se lo permite, una de las figuras del Mundial Sub-20 que está por comenzar en Chile, es alucinante.
Entender que no todos los talentos vienen en el traje del intachable Luis Díaz, esforzarse por hacerlo entrar en el molde del juicio público sin pasar por encima de su individualidad, respetando hasta sus precariedades, apostando todo a riesgo de perder tanto, es exactamente lo que se espera de un auténtico ‘formador’. No tiene que venderle la idea de que es perfecto, tiene que enseñarle a levantarse cuando descubra que no lo es, cuando lo derrote el personaje.
Ojalá se atravesara en el camino de Durán un valiente así, uno que no se obsesione no con controlar su carácter sino con convertir ese fuego en liderazgo, en rigor, en disciplina. Uno que pueda ver esa mina de talento detrás de esa imagen de niño problema que hasta él parece haberse creído y que se juegue la vida por encarrilarlo, sabiendo que se puede vivir con la idea de haber fallado pero no con la deuda de no haberlo intentado.
César Torres, técnico de la Selección Colombia Sub-20. Foto:Staff Images. Conmebol
Lamentablemente a todos nos gana el miedo a equivocarnos, a pasar del anonimato al meme sin escalas, a fracasar como si fuera en realidad tan importante. Mejor nos quedamos en lo que sabemos hacer bien que es defenestrar a nuestros talentos. Y así nos va… Salvo a usted profe Torres, usted ya es un maestro.
Opinión
Jenny Gámez
Editora de Futbolred
@JennyGamezA
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