Si nos tomamos un momento para analizar la oferta monetaria nacional, en Colombia están en circulación seis tipos de billetes, desde los $2.000 hasta los $100.000. 

Sin embargo, ¿qué ocurriría si en un día esos mismos papeles que tiene en su billetera se convirtieran en $2 y $100, o, en cambio, en $2.000.000 y $100.000.000? Este fenómeno, donde una moneda modifica el número de ceros que la acompaña, se denomina redenominación.  

La redenominación es una técnica que se aplica en la economía para modificar el valor nominal de los billetes y monedas en circulación. Las motivaciones de un país para llevar a cabo esta alteración pueden ser diversas, incluyendo el comportamiento de la inflación, la unión monetaria o mejoras en la seguridad o el diseño. 

Ahora bien, añadir o eliminar ceros a una divisa no significa un cambio en el valor real del dinero, sino en la unidad de cuenta, es decir, la manera en que se expresan los costos, los salarios o las cifras contables. 

En otras palabras, en una redenominación, todos los valores (ingresos, deudas, ahorros y precios) se ajustan de forma proporcional. Por ejemplo, si se eliminan tres ceros, un salario de $3’000.000 se transformaría en $3.000 ‘nuevos pesos’, y un café que costaba $5.000 ahora costaría $5. Así, el poder adquisitivo seguiría siendo exactamente el mismo. 

Más y menos ceros

Para comprender mejor este concepto, estableceremos dos situaciones (A y B): una en la que se le restan tres ceros al peso colombiano y otra en la que se le añaden la misma cantidad. 

Como parte de este análisis, se utilizó la inteligencia artificial para presentar estas situaciones y su impacto, tanto para la economía nacional en general, como para el ciudadano común. Para ello, se consideró el contexto económico actual.  

  • Escenario A: reducir tres ceros al peso (transformar $1.000 actuales en un nuevo peso) podría ser una decisión viable en un contexto de estabilidad económica, baja inflación y fortalecimiento del peso. Su objetivo principal sería simplificar la contabilidad, los costos y las transacciones cotidianas, sin modificar el valor real del dinero. En la práctica, no alteraría el poder adquisitivo ni las deudas, ya que todo se ajustaría proporcionalmente.  

La IA indica que, en este escenario, la medida podría aumentar la confianza si se comunica adecuadamente y se alinea con una política fiscal y monetaria responsable.

Sin embargo, su implementación exigiría una ley de redenominación, doble marcación de precios durante un periodo de transición, adaptación de sistemas financieros y una amplia campaña de educación para prevenir confusiones o abusos por redondeo.

  • Escenario B: agregar tres ceros, es decir, hacer que los precios y salarios se reflejen con mil veces más dígitos, no tendría justificación económica y sería perjudicial. Aunque el valor real del dinero no se alteraría, la medida complicaría la contabilidad, los pagos y la vida diaria, además de enviar una señal de desorganización monetaria o desconfianza. 

Los países que enfrentan problemas inflacionarios suelen eliminar ceros, no añadirlos. Implementarlo requeriría el mismo esfuerzo logístico que una redenominación tradicional, pero sin beneficio alguno, ya que habría que modificar billetes, sistemas y precios, causando confusión y posibles errores. En resumen, la IA menciona que sería una decisión innecesaria y dañina para la percepción de estabilidad del peso.

Monedas colombianas Imagen:iStock

Los antecedentes

La propuesta de modificar la denominación del peso colombiano no es algo reciente. Este debate ha sido recurrente en el Congreso sin alcanzar una resolución.  

En 2018, un proyecto de ley fue presentado ante el Legislativo para simplificar la contabilidad y mejorar la eficacia de la moneda nacional, además de identificar recursos cuyo origen no estaba claro. La medida fue impulsada por el gobierno de esa época y estuvo motivada por la inflación controlada. 

La sugerencia fue hecha por el exministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, con la intención de emplear la nueva serie de billetes, que comenzó a circular desde 2016, para educar sobre la posible eliminación de los ceros, ya que no están impresos, sino que contienen la palabra mil, lo que facilitaría la transición.    

La iniciativa generó opiniones encontradas, especialmente porque los gastos operativos para adaptar todos los sistemas de información podrían conllevar inversiones significativas que no compensarían los beneficios a corto plazo.

En efecto, no fue la primera ocasión en que se promovió una propuesta semejante.

En 2011, el Congreso recibió una iniciativa de ley con un objetivo similar. Sin embargo, esta fue rechazada en el segundo debate con 15 votos a favor y 14 en contra.

Monedas colombianas Imagen:iStock

Y ahora… ¿es factible?

Como se mencionó previamente, las políticas para eliminar ceros de las monedas tienden a ser adoptadas por naciones que enfrentan altos niveles de inflación o que buscan restaurar y fortalecer la confianza en su moneda y en su política monetaria.

En el contexto colombiano, Hernando Zuleta, decano de la facultad de economía de la Universidad de los Andes, destacó que actualmente no enfrentamos un problema de inflación elevada, por lo que esta acción no cumpliría tal objetivo. Adicionalmente, los gastos de su implementación serían altos, lo que haría que no valiera la pena realizarlo. 

“Una de las razones por las cuales, a pesar de haberlo debatido extensamente, no se ha concretado, es su alto costo. Para poner en práctica esa medida, sería necesario retirar todo el dinero correspondiente y producir nuevos billetes y monedas. Se podría hacer de forma gradual, pero igualmente se requeriría inversión en ajustes a la maquinaria de impresión de billetes y para acuñar monedas”, aclaró el especialista. 

En la misma línea, Julio Enrique Duarte, decano de la facultad de ciencias económicas y administrativas de la Universidad de San Buenaventura, expuso lo que debería ocurrir posteriormente si este cambio se implementara. 

En primera instancia, el Banco de la República debería llevar a cabo una transición progresiva para permitir la adaptación de los sistemas, tales como cajeros automáticos, software contable, contratos y reportes estadísticos y contables. Además, de implementar una campaña educativa masiva para evitar confusiones y malas prácticas. 

Concretamente, el Emisor ya había realizado años atrás una estimación del costo logístico. Este se calculaba alrededor de $400.000 millones, o el 0,04 % del PIB, cifra que incluía la reconversión de parte del material físico de las monedas. 

“Es evidente que la propuesta de eliminar tres ceros del peso colombiano es técnica, factible y respaldada por principios económicos; no obstante, requiere condiciones macroeconómicas más sólidas, un amplio consenso político, y una transición bien planificada”, concluyó Duarte.  

JESSIKA RODRIGUEZ M. 

Periodista de Portafolio