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En Santa Fe creyeron que, con aquello de la garra, el corazón y la épica iban a clasificar otra vez a la final. Pensaron que el bicampeonato era posible. Se entusiasmaron con los goles de Harold Mosquera para clasificar, con las proezas de Hugo Rodallega y las atajadas de Marmolejo, pero en el fondo, en secreto o en susurros, los santafereños sabían bien que este equipo tenía más coraje que fútbol.
Este equipo queda eliminado porque fue víctima de sus propias circunstancias y decisiones, como que se fuera el DT Jorge Bava a mitad de campeonato y que el club decidiera encomendarle el barco a Pacho López, un servidor siempre presto a aportar, pero que no es el técnico indicado.
Hugo Rodallega Foto:Néstor Gómez – El Tiempo
Queda eliminado porque en el grupo B, el que era más cómodo que el A, no estuvo al nivel; Tolima lo aterrizó en dos partidos.
Queda eliminado porque su juego en todo el torneo fue más de chispazos que de certezas, con partidos en los que parecía tener más de lo que realmente tenía.
Harold Santiago Mosquera Foto:Néstor Gómez – El Tiempo
Queda eliminado porque le costó mucho producir: a Harold Mosquera le tocó muy solo, hasta que se lesionó; Rodallega, que recién reapareció en septiembre, tardó en entrar en racha goleadora; Alexis Zapata fue intermitente; Frasica se lesionó en un momento clave, y Edwar López, pues… tuvo muy buena voluntad.
Edwar Lopez. Foto:César Melgarejo / EL TIEMPO
Así que Santa Fe no tuvo un ataque sólido ni confiable, como tampoco fue confiable su defensa: Pacho López, llevado por la necesidad, decidió un día jugar con tres centrales y eso coincidió con resultados favorables, pero el equipo atrás no se veía cómodo: muchas desatenciones. De no ser por Marmolejo, ni clasifica.
Este Santa Fe, que no era muy distinto del que fue campeón, llegó más lejos de lo que se pensaba. Le sobra, como siempre, garra y coraje, pero le falta fútbol…
PABLO ROMERO
Redactor de DEPORTES
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