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Arrasó a Millonarios en su propia cancha y estuvo a un paso de una goleada histórica.

Santa Fe afiló sus colmillos, incrustó sus garras afiladas, cazó a su oponente de azul y se lo llevó entre su mandíbula. Millonarios vivió una tragedia que pudo haber sido peor, encontró fuerzas de algún lugar para evitar una goleada y, con mucho orgullo y con 10 hombres, casi logra empatar al final. Sin embargo, el triunfo fue para el equipo rojo, una victoria merecida de un Santa Fe que quiere demostrar que jugársela con los leones no es cosa fácil.
Desde el primer instante, Santa Fe buscaba devorar a Millonarios, comenzó como un león liberado de su jaula, listo para mostrar su furia; quería despedazar a su oponente, lo acorraló y empezó a llegar tantas veces que merecía celebrar pronto. Zapata lo intentó en un tiro libre que el portero Arboleda desvió, luego fue Rodallega quien remató en dos ocasiones. Posteriormente, Zapata casi convierte un gol olímpico. El asalto cardenal no cesaba, pero faltaba el tanto.
Fue en ese momento que Zapata envió un pase filtrado hacia Mafla, quien no logró alcanzarlo; sin embargo, el portero Arboleda, que salió a enfrentarlo, dio un rebote con tan mala fortuna que Yilmar Velásquez se encontraba atento a la jugada, evaluando el terreno, como un aventurero en plena carga, y se encontró frente al arco enorme que estaba desguarnecido, remató y rompió la suerte azul: 1-0. ¡Justicia!
Millonarios estaba aturdido, desorientado, como el boxeador que recibe un primer golpe y no sabe cómo levantarse para continuar peleando, mientras descifraba sus errores, Santa Fe le volvió a clavar los colmillos en la yugular. Fue un tiro de esquina, la pesadilla azul, y Johan Torres, que no puede presumir de su estatura, se elevó y remató de cabeza para poner el 2-0. ¡Más justicia!
Santa Fe era imponente
Santa Fe vs. Millonarios Foto:Sergio Acero Yate / EL TIEMPO
No parecía que se acercara el final; Santa Fe seguía imparable, deseando aplastar a su confundido oponente. Zapata ejecutó un zapatazo y Arboleda, aún en estado de shock a pesar de sus paradas, voló como pudo para evitar que la derrota se convirtiera en tragedia.
Los aficionados rojos no podían creerlo, se frotaban las manos, y no era solo por el frío, era de emoción, se preguntaban, inocentes, ¿será que les marcamos más goles?, justo en ese instante Millonarios encontró una resurrección cuando Olivera incurrió en imprudencia y cometió un penalti contra Arévalo. Leonardo Castro, el infalible, no se dejó intimidar, a pesar de la desventaja en el partido, permanecía sereno, confiado y pateó con la seguridad de siempre: 2-1, en 41 minutos. Millonarios revivió. ¿O no?
Santa Fe vs. Millonarios en la Liga Betplay. Foto:Sergio Acero Yate / EL TIEMPO
Al comenzar la segunda mitad, Santa Fe volvió a establecer las condiciones. Monroy cabalgó, llegó a la zona final, al límite donde concluye la cancha, y lanzó un pase hacia atrás, como si presintiera que por ahí venía un compañero, y efectivamente lo encontró, su cómplice era uno que había buscado mucho el gol: Zapata y 3-1. ¡Tres dosis de justicia en El Campín!
Y era justicia porque al minuto 54 Millonarios no estaba jugando el clásico, lo estaba sufriendo. No lograban hacerse con el balón, no podían contener la rápida salida de Santa Fe,no contaba con una alternativa que le rescatará la vida. Sus aficionados, quienes estaban presentes como testigos de una pesadilla, clamaban con lo que podían, a ver si sus jugadores se despertaban y actuaban.
Más tarde llegó el instante de la tensión. Rojos y azules en duelo. Empujones, puñetazos, gritos, confrontaciones. Todo se desbordó cuando el árbitro expulsó a Leonardo Castro, una tarjeta roja que encendió la chispa. El juez revisó la jugada y el VAR dictó sentencia: no era expulsión para él, pero sí para Pereira quien golpeó en el abdomen a Mosquera y salió por la puerta de atrás.
Si lo de Millonarios no era ya un infierno, se le asemejaba. Santa Fe se encontraba con ventaja, ganando, con mejor juego, y mucho tiempo restante. Los aficionados rojos se volvieron a frotar las manos y se incentivaron a gritar, primero de manera tímida y luego en un coro que resonó en casi todo el estadio: “ole”.
Incertidumbre al final en el clásico
Celebración de Santa Fe vs. Millonarios en el clásico. Foto:Sergio Acero Yate / EL TIEMPO
Sin embargo, los clásicos son imprevisibles. Millonarios, con un jugador menos y sustentado únicamente en su orgullo, logró conseguir el segundo gol, nuevamente con Castro, para añadir dramatismo al desenlace del partido, como recordándole a la afición de Santa Fe que para reír hay que padecer. Millonarios presionó en la parte final e incluso logró acercarse al empate con un cabezazo de Llinás, pero su juego no daba para invocar un milagro. No lo merecía.
Santa Fe, mientras Jorge Bava toma el mando como su nuevo entrenador, y con Francisco López realizando hazañas sorprendentes, obtuvo un triunfo claro y justo en el clásico, para demostrar que con los leones no se juega.
PABLO ROMERO
Redacción DEPORTES
@PabloRomeroET
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