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Ser feminista no implica renunciar a las princesas Disney

Hubo un momento en el que una generación de niñas entendieron que crecer significaba dejar atrás a las princesas de Disney. Abrazar el feminismo, y más en el marco del 8-M, implicaba renunciar a Bella, desconfiar de Ariel y mirar con distancia aquel beso que prometía amor eterno a Blancanieves. Durante años pensaron que aquellas películas no eran más que manuales encubiertos de aprobación masculina y sumisión. Sin embargo, al leer ‘La princesa que nunca fui‘ de Sara Ruiz Sardón (Roca, 2026), se descubre una verdad más incómoda —y liberadora—: el problema no es haberlas amado, sino haber dejado que otros decidieran cómo debían interpretarlas. Quizá Cenicienta no era solo la joven que esperaba ser rescatada por su príncipe, sino una mujer inteligente, irónica, consciente de la clase social que ocupa y capaz de tejer alianzas incluso desde la precariedad. Tal vez la tarea no sea quemar el cuento, sino reapropiarnos de él.
Sara Ruiz Sardón lleva años analizando las ficciones que moldean el imaginario colectivo. Formada en cine y artes escénicas, y con una década de trayectoria que atraviesa la interpretación, la dirección y la divulgación cultural en redes sociales, ha construido una comunidad que revisa desde una mirada feminista sagas como Disney, Marvel o Star Wars. Ahora traslada ese análisis al ensayo y lo hace con una tesis clara: “Ser feminista no implica renunciar a las princesas Disney”. Más bien al contrario, propone mirarlas de frente sin demonizarlas, entender el contexto en el que nacieron y redignificar la herencia cultural de madres y abuelas. Porque un pueblo que olvida su historia, está condenado a repetirla.
Pregunta. El título, ‘La princesa que nunca fui’, ya es una declaración de intenciones. ¿Quién es esa princesa que nunca fuiste?
Respuesta. Esa princesa que nunca fui es la que no pude ser por tener que cumplir expectativas ajenas. A las mujeres que nacimos con estos personajes y crecimos con el feminismo nunca nos dejaron disfrutar de estos personajes que realmente son las princesas Disney. eníamos que ser todo lo contrario. Cuando eres mujer siempre te dicen cómo tienes que ser: de pequeña callada, buena, elegante; de adolescente, si abrazas el feminismo, reivindicativa, seria, luchadora. Siempre te van guiando, porque si no cumples esas cosas, ya no encajas.
P. Dices que las historias son enseñanzas que escucha la niña para la adulta que será. ¿Qué adulta te ayudaron a construir?
R. En una adulta segura de sí misma. Cuando abrazas estas películas y las haces tuyas, te das cuenta de que hay un montón de personajes femeninos ayudándote a convertirte en la versión que quieras ser. Puedes ser elegante, rebelde, parecerte más a Cenicienta, a Blancanieves, a Aurora… o de repente cambiar y ser una Mulán o una Vaiana. Me han dado una base para saber que, si me caigo, habrá alguien recogiéndome.
P: ¿Nos han hecho más daño o más fuertes?
R: Más fuertes, pero no como creemos. Nos hicieron ser habitantes conscientes de lo que nos rodea. Si miramos la perspectiva geopolítica global, nosotras estamos participando bien poquito en la destrucción de este mundo. Eso sí, tienes que saber identificar el mensaje porque Disney, sin querer queriendo, nos decía “esto es el amor”, y nosotras estamos diciendo: “No, esto no es solo el amor, nos estás vendiendo protagonistas muy chulas que nos van a hacer proteger al débil y defender la injusticia. Situarnos siempre al lado del otro”.
P. La gran pregunta clave: ¿deberíamos seguir viendo estas películas con las nuevas generaciones?
R. Sí, porque muchas proceden de cuentos populares que eran como las mujeres, sobre todo, transmitían la saniduría. Son parte de nuestra herencia cultural. Deshacernos de esa herencia y perder la oportunidad de aprender de ella es terrible. En el mundo de la cultura siempre intentan hacernos creer que somos seres aislados, que aparecemos de la nada como Eva en el Edén, pero no; somos hijas de nuestras madres, de nuestras abuelas… somos las nietas de las brujas.
P. Haces un repaso de lo que nos enseña Cenicienta, Ariel, Mulán… ¿Qué tienen que aprender las niñas de las princesas de ahora?
R. Vaiana nos enseñó a proteger la tierra; Raya nos enseñó que en un mundo hostil dominado por el odio, confiar en la comunidad es lo único que salva al mundo. Todas, desde Blancanieves salvando a un pajarito hasta esta última, nos enseñan a defender y agarrarnos a la tierra, sin recurrir a la lucha armada. Si algo nos debe enseñar una princesa hoy es a actuar en comunidad. Que no sea una única princesa aislada, sino que veamos a unos ‘Avengers’ hechos princesas.
“El peor enemigo de una princesa es su padre”
P. Hablamos de valores, pero no olvidemos que Disney es una compañía con intereses económicos. Tú dices en el libro que “nunca hace nada sin querer”. ¿Hasta qué punto son una herramienta ideológica más que entretenimiento?
R. Siempre lo fueron. Al principio del cine, Blancanieves y Cenicienta eran herramientas ideológicas puras y duras para mandar un mensaje: “vuelve al hogar”. Ahora, en una sociedad hipercapitalista, el estudio tiene que vender y las mujeres demandamos personajes que no nos adoctrinen. Pero la ideología en un mundo capítalista es muy efímera. Es un momento voluble; con las políticas actuales de Trump en EE. UU., muchas marcas están perdiendo sus iniciativas de igualdad y Disney ha dicho que va a dejar su “cultura woke” para dedicarse a no sabemos qué. Con esto puede volver a derivar a que el entretenimiento tenga una carga ideológica fuerte.
P. Planteas que cada princesa responde a una ola del feminismo estadounidense. ¿Las demonizamos hoy sin entender el contexto histórico en el que nacieron?
R. Es un análisis que hago yo, desde la directiva de Disney no había nadie tomando conciencia de ello. Si tu público femenino está pidiendo en las calles cambios como los que pedían en los años 60, por ejemplo, no te vale una Aurora, tiene que ser una Ariel. Cogen las actualizaciones del movimiento feminista y las utilizan a su favor. No es un abanderado del movimiento, es cauto. Si quieres una princesa que quiera salir del mar, porque quiere ver mundo, genial, pero que acabe en otro castillo.
P. ¿Hemos sido demasiado duras con ellas?
R. Lo hemos sido cuando teníamos que serlo. Debíamos romper con la cultura de la princesa y del amor romántico. Sin embargo, hemos mantenido esta dureza durante demasiado tiempo. Ahora que el eje no es el personaje o el creador masculino y las mujeres han entrado en muchos campos, es el momento de recoger estas historias y hacerlas nuestras. Utilizar la narrativa a nuestro favor. Ser feminista no implica renunciar a las princesas Disney.
P. No obstante, ahora siguen habiendo críticas con las revisiones de los live action, como las que hay contra Ariel o Blancanieves racializadas. ¿Por qué molesta el cambio, si la factoría tampoco ha sido fiel a los cuentos de los que provienen?
R. Pensamos que la cultura con la que hemos crecido es “the one and only”, aunque los cuentos hayan sido modificados en las películas. Los live action tienen que revisitar la historia porque si no, no tienen sentido. Ojo, también creo que no se han ejecutado de la mejor manera posible, pero debemos de dejar de quejarnos ya del color de piel de los actores.
P. La única princesa negra que hay es Tiana y es un sapo en más de media película.
R. Preferimos ver un animal en pantalla, así somos los blancos (bromea). La sociedad necesita personajes femeninos que no sean altas, guapas, delgadas, fuertes; deben tener otras corporalidades, otra orientación sexual, provenir de otros continentes…
“Desde la cultura, intentan hacer creer a las mujeres que somos seres aislados”
P. Los diseños de sus cuerpos también son criticados. Es muy notable el salto de las princesas angelicales a la hipersexualización de Ariel. ¿Fue el momento más problemático?
R. Es un cambio terrible. Ariel y Jasmín, en este sentido, tienen problemas por todos los lados. Entre los años 40-60, muestran un modelo de mujer ideal que en los 90 se transforma. Aceptamos que la sociedad cambia y no se pueden dibujar igual, pero lo que Disney elige es representar a una princesa adolescente, La Sirenita tiene 16 años, con planos tan sexualizados. ¿De verdad es lo que las niñas deben aprender?
P. Formas muy distintas a las masculinas. ¿Por qué ellos pueden ser diversos -arrugas, altos, bajos, delgados, gordos- y las princesas siguen atrapadas en un mismo molde corporal?
R: Nosotras somos una y ellos son los hombres. Dentro de la colectividad, ellos tienen capacidad para ser como quieran, además representan el mundo en el que quieren entrar. Pintan a las mujeres que idealizan. El ideal del cuerpo de la mujer va cambiando, pero siempre bajo la mirada masculina. Si no encajas en la norma, te enseñan a ser alguien que no moleste. Es terrible. Incluso en ‘Wish’, que cambia un poco esta narrativa, el personaje con un cuerpo no normativo sigue siendo la amiga. ¿Por qué no tenemos protagonistas así? Ningún estudio se atreve a hacerlo.
P. ¿Cuál es la gran asignatura pendiente de Disney?
R. La diversidad, en el amplio sentido de la palabra. La corporal, que ya vamos 20 años tarde; la cultural, no en personajes también en el equipo que los diseña; y salir de la heteronormatividad.
P. Hablamos mucho de lo que tienen que hacer las mujeres, pero ¿cómo crees que se puede acercar un hombre (el perfil hegemónico) a tu libro?
R. Se lo he pasado a amigos con ese perfil y dudo que alguno se lo lea (risas). Los hombres tienen que hacer un ejercicio de posicionarse a un lado que les cuesta mucho. Tienen que espabilar y aceptar que la pérdida de privilegios y dejar paso es necesario. Aunque el libro no apele directamente a ellos, forman parte de esta cultura. Tienen que dejar de entender la “cultura de las mujeres” como algo ajeno. Tú eres la persona que eres hoy porque esas películas han existido y las mujeres a tu alrededor han bebido de ellas.
P. Durante décadas, han sido ridiculizadas como “cosas de chicas”, pese a que reforzaban un modelo patriarcal. ¿Resulta paradójico que ellos desprecien un relato que, en el fondo, sostiene su status quo?
R. Totalmente. Pero es parte de cómo mantienen el poder. Miran desde una superioridad moral algo que entieneden que no tiene que ver con ellos. Piensan: “Mientras las mujeres decidís si os quedáis en vuestro mundo o entráis en el nuestro, seguimos gobernando”. Por eso, cuanto más unificadas estemos aquí abajo (en la “cultura de chicas”, LGTBI, etc.), más fuerza tendremos.
“La gran asignatura pendiente de Disney es la diversidad”
P. Están totalmente interpelados porque son parte activa de las historias. ¿Qué pasa con los personajes masculinos?
R. Hay que partir de la base de que casi todas las pelis de princesas están ideadas y creadas por hombres. Son una parte fundamental del relato porque están en todas partes, pero no asimilan que puedan interesarles estas cintas. Para ellos, lo normal es que el mundo sea masculino. No les sorprende que Ariel viva rodeada de personajes masculinos y casi ninguno femenino. Llegas a una oficina, a una comisaría… y la mayoría son hombres. No hay una resonancia en estas pelis porque para ellos el mundo es así. En cambio, pon a varias mujeres en una “película de hombres” o dales protagonismo real (más allá de la acompañante), y verás cómo los tildan de “woke” o de apropiación cultural. Me parece curioso que no se sientan interpelados por pelis que, realmente, están hechas por ellos mismos.
P. Se hacen a sí mismos, ¿cuál es para ti el peor príncipe?
R. ¡Aladdín! Es un mentiroso y un manipulador (risas). De pequeña me parecía increíble y es un personaje increíble, pillo y que consigue mucho de la nada; pero analizando ahora para el libro… ¡le está mintiendo a Jasmín todo el rato! La canción que más me ha decepcionado con el revisionado es ‘Un mundo ideal’. Para todo el mundo era el amor hecho canción, pero ahora la escucho y digo: “¡Que te está mintiendo, Jasmín, no le hagas caso!”. Aladdín y John Smith, el de Pocahontas.
P. Cierto, no lo pones ni en el apartado de “amigos” en el libro.
R. Bueno, lo metí en el de villanos directamente porque es tan villano que ni lo considero príncipe. Qué peligrosos los príncipes porque nos condicionan mucho el pensamiento y las expectativas.
P. Ahí está el amor y la invención del beso de amor verdadero. Resulta que en el cuento real de Blancanieves, la primera princesa, no existe como nos han querido hacer creer y se ha trasladado de película en película. ¿El ideal romántico millennial es un invento narrativo de Disney?
R. Muy probablemente. En ninguna versión anterior de esta historia existía ese beso; ella despierta por casualidades. Disney bebe de cuentos como ‘La princesa y el sapo’, donde sí hay, pero decide ponerlo en todas sus cintas y hacerlo algo como si fuera algo obvio que siempre hubiera sido así. Es la empresa la que se inventa que toda historia de princesa debe acabar con un beso de amor verdadero.
P. Además, también nos enseña a enamorarnos de la idea del príncipe porque su personalidad apenas está definida. ¿Cómo de peligroso enseñar a amar una idea en vez de a una persona?
R. Mucho, aunque ha cambiado con el tiempo. Los primeros príncipes no existen, son un concepto: no hablan, no sabes quiénes son ni cómo se llaman. Las niñas de los 50-60 anhelan ser rescatadas por “el príncipe”, sea como sea, y ahí entran todos los hombres. En los 90 vemos un cambio: Eric (‘La Sirenita’) tiene que ser dulce, divertido, leal y tener aspiraciones. Hay una progresión hasta nuestros días con Kristoff (‘Frozen’) y Flynn Rider (‘Enredados’), que apoyan a la mujer y están ahí para lo que ellas necesiten. Ese cambio de perspectiva pone las expectativas de las niñas muy altas ahora, que gracias a los cuentos saben qué quieren de los hombres, no vale cualquiera. Así que los chavales lo tienen más complicado porque ahora buscamos a alguien que no quiera encerrarnos, sino ayudarnos a conseguir nuestros objetivos.
“Los hombres tienen que dejar de entender la ‘cultura de las mujeres’ como algo ajeno”
P. Es un hecho ya en la sociedad que las mujeres reclamamos otro tipo de hombres que no abundan y genera frustración en ambas partes. ¿Se puede explicar por la falta de referentes, ya que los niños siguen sin ver películas de princesas?
R. Nosotras hemos encontrado el punto de buscar algo que queremos querer y no lo que nos han dicho que debemos querer, mientras ellos siguen en ese camino. Pero es que aceptar esas nuevas expectativas hace que se tambalee todo el sistema. Parece una tontería, pero cuando los hombres entiendan que deben cambiar y bajar del privilegio para tener un mundo más igualitario y relaciones más sanas, se cae el sistema.
P. ¿Cuándo empieza Disney a cuestionarse el amor romántico que ellos han inventado?
R. El primer momento donde se planteó algo distinto fue en ‘La Bella y la Bestia’, quizá porque es la primera escrita por una mujer (Linda Woolverton). Crearon al “hombre ideal” anterior (Gastón) y lo convirtieron en villano, que es malo por su masculinidad que es la que atormenta a Bella. Pero luego Disney se estancó hasta ‘Brave’ y ‘Frozen’. Con Mérida volvemos a cuestionarlo, desde el rechazo porque ella lucha por no casarse. Y el concepto cambia para siempre con Anna y Kristoff.
P. Las mujeres han brillado por su ausencia en los equipos técnicos de estas películas y a otras directamente se las invisibilizó. ¿Es un ejemplo de cómo en la industria se reproduce lo que vemos en pantalla?
R. Somos consecuencia de nuestras ficciones. Al principio de Walt Disney Animation Studios, muchas fueron silenciadas. Como las coloristas, que no eran mujeres con nombre y apellidos que participaban en un trabajo que hoy en día es un Oscar; o Mary Blair, creadora conceptual de ‘Cenicienta’ o ‘Alicia en el País de las Maravillas’. Pero no está tan lejos, era muy conocido que, bajo la dirección de John Lasseter en los 2000, se hacía menos caso a las ideas de mujeres.
P. ¿Cómo afecta la falta de puntos de vista femeninos a las historias?
R. Los personajes que mandan mensajes a las niñas tienen que tener por lo menos una mujer en guion y/o dirección. Influye mucho a la hora de posicionar a esa princesa en el mundo. Ellos crean a una mujer que es única y especial. Cuántos no han mencionado que tienen madre y hermanas, que es como decir: “Las respeto porque hay una o dos mujeres en mi vida que merecen ese trato”. Esta individualidad de la mujer se ve plasmada, la protagonista es la excepción.
P. Como pasa en ‘Mulán’.
R: Es el gran hito, pero por desgracia, trata de cómo pide continuamente la aprobación masculina. Luego deconstruye ese universo, obviamente. Hasta ‘Breve’, las mujeres están aisladas en un mundo de hombres. Cuando nosotras entramos en el guión, es cuando podemos ver a Mérida con su madre o a Elsa y a Anna.
“Los príncipes son peligrosos porque condicionan el pensamiento y las expectativas”
P. Estos títulos colocan la relación madre-hija y hermana-hermana en el centro. ¿Qué tiene Disney contra las relaciones de apoyo entre mujeres?
R. Una mujer aislada, sin la herencia cultural de sus madres o abuelas, no recuerda. Eso de que el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla, para nosotras ha sido una realidad. Si todo ha estado contado por los hombres, la visión de la mujer se pierde. No sabe lo que decían sus antepasadas. Disney lo recoge y lo convierte en estrategia, porque una mujer aislada es maleable.
P. Además, durante años, el mayor enemigo de una mujer era otra: madrastras, brujas, hermanastras… ¿El estudio ha moldeado la sospecha hacia las mujeres poderosas?
R. Absolutamente. Ha contribuido a que las poderosas sean las enemigas de las mujeres. La madrastra de Blancanieves era todo lo contrario a lo que debería ser: formada, estudiosa y científica. Así te enseñaban que lo ideal era dedicarse a la casa y al amor.
P. En las princesas actuales, ¿hay hueco para las amigas?
R. Sí, pero tenemos que ser avispadas a la hora de mirar qué tipo nos están vendiendo. La primera relación horizontal viene con Raya y la dragona Sisu. Se pone de ejemplo a Tiana y Charlotte, aunque realmente no son amigas. Son personajes que no conocen la vida del otro. No compremos como pulpo cualquier amistad, nos merecemos que las princesas estén acompañadas de verdad.
P. ¿Quién es él o la peor villano/a?
R. El peor enemigo de una princesa es su padre. Es terrible como todas las princesas tienen que huir de la figura paterna. Jasmín tiene que enfrentarse para no casarse con quien le obligan, Tritón quiere tener controlada a Ariel…
“Disney se inventó que toda historia de princesa debe acabar con un beso de amor verdadero”
P. ¿Cuál es la razón para representar de forma tan negativa este tipo de relaciones?
R. Creo que los hombres tienen muy entendido que les aman incondicionalmente (risas). Es curioso como las historias se contradicen con la realidad que quieren vender. Pienso que los guionistas se representaban más en los príncipes que en los padres.
P. Después de todo este viaje para escribir el libro, ¿cómo son las princesas Disney?
R. Son las protagonistas más guais que he conocido en la ficción. Hacer este revisionado me ha ayudado a enfrentarme al mundo de forma distinta. Espero que al resto también les impulse a reconciliarse con esa niña que creció con ellas.







