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Síndrome de Houdini, cuando el miedo al compromiso afecta las relaciones y el bienestar emocional
Desvanecerse, desaparecer o evanescer como lo hacen los ilusionistas. Así se comportan quienes padecen el llamado síndrome de Houdini, un patrón que se distingue por huir o distanciarse de las complicaciones.
“El síndrome de Houdini recibe su nombre en honor al famoso mago y escapista húngaro-estadounidense Harry Houdini, quien en los inicios del siglo XX se hizo célebre por sus notables habilidades en el escapismo. En circunstancias consideradas imposibles, como estar atado con cuerdas, esposas, candados o camisas de fuerza bajo el agua, él lograba escapar con éxito”, comparte Alejandra Bruzzo, licenciada en Psicología y Magister de la Fundación Aiglé, con Infobae.
“Este fenómeno se presenta en relaciones donde uno de los miembros de la pareja tiende a escapar, tanto emocional como físicamente, eludiendo el diálogo. A medida que el compromiso en la relación se profundiza, también se intensifica la necesidad de huir del ‘escapista’, quien corta la relación bruscamente y desaparece sin ofrecer explicaciones. Es importante mencionar que aunque se le denomine síndrome, no está catalogado en ningún manual diagnóstico ni ha sido reconocido por la Organización Mundial de la Salud (OMS)”, apunta la experta.
En una línea similar, Alexis Alderete (MP 85367), licenciado en Psicología y especialista en Trastornos de Ansiedad y Entrenamiento en Habilidades, así como en Sexología Clínica, destacó a Infobae que “este síndrome describe el patrón de conducta de una persona que, al estar en una relación amorosa, ante la menor señal de conflicto con su pareja o en otra relación emocional, elige evitar el enfrentamiento, prefiriendo huir, esquivar o distanciarse emocionalmente”.
El psicólogo advirtió que este comportamiento se observa frecuentemente en jóvenes, “quienes aún no cuentan con mucha experiencia en relaciones sexo-afectivas y, por ende, no han desarrollado las herramientas necesarias para solventar los conflictos que enfrentan en sus relaciones, ya sea de pareja o familiares”.
Por supuesto, este fenómeno también puede presentarse en adultos, “quienes, debido a su historia personal, han enfrentado malas experiencias en relaciones previas, como violencia o conflictos, prefiriendo evitar cualquier malestar para no intensificar la situación o escalar en violencia”.
Además, Bruzzo enfatizó: “En esta era, en la cual la sociedad está marcada por el individualismo, se emplea el término síndrome de Houdini para referirse a personas con tendencias escapistas. Las relaciones de hoy son difusas, frágiles y carecen de vínculos serios, como si la gente fuera fácilmente reemplazable. Dentro de este síndrome, estos individuos sienten que su libertad está amenazada; estar en una relación es visto como una carga y los vínculos son percibidos como complicados, lo que los lleva a intentar proteger su libertad”.
Los individuos que padecen el síndrome de Houdini tienden a huir no solo de las parejas, sino también de empleos y responsabilidades. Generalmente, se involucran de manera acelerada en actividades o relaciones, pero a medida que aumenta el compromiso, también crece su necesidad de escapar.
Este síndrome a menudo sigue un ciclo de fases, iniciando con una entrega total y compromiso completo, culminando en el rechazo y la desaparición de la relación.
Según Bruzzo, múltiples factores pueden influir: “Inmadurez emocional, donde las personas no saben manejar sus emociones. También está el miedo al compromiso en relaciones a largo plazo, lo que origina un distanciamiento como forma de evadir la profundización en la pareja. A esto se suman experiencias pasadas que pueden alimentar el temor a sufrir o a ser abandonado, y la incapacidad para manejar conflictos que lleva a evitar confrontaciones”.
Y agregó: “En resumen, este síndrome representa una manifestación de ansiedad y miedo al compromiso que impacta a muchas personas en diversos ámbitos de su vida. La evasión opera como un mecanismo adoptado para no sufrir”.
De acuerdo con Alderete, las causas de este síndrome son diversas, incluindo el desarrollo de un apego evitativo. “Se refiere a conductas que llevan a acercarse a otros, realizando esfuerzos para mantener la proximidad. Sin embargo, al desarrollar apego evitativo o miedoso, los individuos internalizan que la intimidad provoca miedo. Como resultado, creen que confiar o mostrar afecto a los demás conlleva el riesgo de daño o sufrimiento emocional”, explica Alderete.
También puede influir la falta de aprendizaje o el desarrollo de una buena gestión de sus emociones: “Si son jóvenes con escasa experiencia en relaciones, es posible que no sepan cómo manejar esos momentos incómodos o no hayan aprendido a expresar sus sentimientos, permitiendo que su pareja hable sobre lo que siente en relación a la misma. Si han escapado de esos conflictos o no brindaron explicaciones a la otra parte involucrada, esto refuerza la idea de que ante un malestar emocional es mejor huir”, señala Alderete.
Según los expertos, la forma de superar este patrón es aprender a reconocer el comportamiento que el “escapista” está reforzando. “Para esa persona, dicha conducta es automática y puede que no se dé cuenta de que siempre huye de los conflictos emocionales”, comenta Alderete.
Propuso además iniciar un proceso terapéutico para explorar las raíces de este comportamiento. “Debería aprender habilidades emocionales para manejar de forma más eficaz la resolución de conflictos emocionales”, enfatiza el experto.
Por su parte, Bruzzo sugiere enfrentar esta situación mediante una autoevaluación:
- Reflexionar sobre los vínculos y patrones de comportamiento en las relaciones
- Identificar miedos y creencias limitantes
- Reconocer las respuestas de huida como mecanismos de evitación del miedo
- Detectar las razones que originan la necesidad de escapar
- Contar con apoyo social
- Buscar ayuda profesional de psicólogos o psiquiatras.
- Solicitar apoyo a la pareja, aceptando y reconociendo la soledad y la tristeza
- Aumentar la autoestima
Alderete sugirió a las parejas no presionar “para evitar generar un mayor rechazo por parte de quien experimenta el síndrome, lo que podría llevar a un distanciamiento aún mayor”.
También recomendó realizar conversaciones profundas en momentos de calma. “Discutir sobre qué límites establecerán, cómo llevarán la relación, y cuáles son los temas que causan más ansiedad. La pareja también necesita expresar cómo se siente al intentar resolver problemas de manera efectiva. Es esencial que las personas en la relación comprendan que el compañero escapista puede no entender la evitación, lo que provoca ansiedad e incertidumbre en quien se queda, al buscar el origen de la conducta y generando más dudas que respuestas”, concluyó el especialista.
Según Bruzzo, tanto el ‘escapista’ como su pareja deben trabajar en:
- Escuchar activamente y validar las emociones de la pareja
- Fomentar la comunicación asertiva y ser honestos
- Reflexionar sobre lo que se desea y merece en una relación
- Conocer nuevas formas de establecer relaciones sanas y duraderas
- Buscar nuevas estrategias de respuesta, más saludables y positivas
- Establecer límites saludables
“Si esto no resulta o no es suficiente, se podría considerar una terapia de pareja o individual”, aconsejó.
Para finalizar, el licenciado Alderete concluyó: “Es fundamental internalizar que una relación sana implica la capacidad de afrontar diversos desafíos y que ambos miembros de la pareja eligen enfrentarlos juntos. Son estos retos que resuelven en conjunto y la habilidad que desarrollan para manejar el malestar emocional y conductual lo que, en última instancia, refuerza la relación”.






