La vivencia personal narrada en el reciente artículo de opinión de James Cifuentes Maldonado, que describe un devastador pero hipotético terremoto en Pereira, pone en relieve la siempre presente vulnerabilidad de Colombia ante los sismos en Colombia. Un sismo, también conocido como terremoto, es un movimiento brusco y repentino de la corteza terrestre, causado por la liberación de energía acumulada en las fallas geológicas. Este tipo de eventos, como el descrito por Cifuentes, donde la tierra “bramaba” y edificios crujían en cuestión de 114 segundos, recuerdan la rapidez con la que un desastre natural puede cambiar la realidad de una ciudad y sus habitantes.
¿Qué significa la alta actividad de sismos en Colombia para sus ciudadanos?
La ubicación geográfica de Colombia la sitúa en el Anillo de Fuego del Pacífico, una de las zonas de mayor actividad sísmica y volcánica del planeta. Esta posición, con la interacción de las placas tectónicas de Nazca, Caribe y Sudamericana, genera una frecuencia considerable de sismos en Colombia, desde temblores leves hasta terremotos de gran magnitud. Esto implica para los colombianos la necesidad ineludible de adoptar una cultura de prevención y preparación constante. El país ha vivido tragedias como el terremoto de Pereira en 1995 y el de Armenia en 1999, que dejaron cientos de víctimas y cuantiosos daños materiales, evidenciando la fragilidad de las estructuras y la falta de preparación en ese momento.
Para mitigar el riesgo de los sismos en Colombia, es fundamental la correcta implementación y el cumplimiento estricto de las normas de construcción sismorresistente. La experiencia descrita por Cifuentes, donde el Hotel Victoria se inclinaba y el Edificio de Rentas perdía ladrillos, subraya la importancia de que las edificaciones puedan soportar las fuerzas de un terremoto. Además de las estructuras, la preparación personal y comunitaria es esencial.
Algunas medidas clave para la preparación ante un sismo incluyen:
Elaborar un plan familiar de emergencia: Establecer puntos de encuentro y roles para cada miembro de la familia.
Identificar zonas seguras: Dentro y fuera del hogar, alejadas de ventanas o elementos que puedan caer.
Tener un kit de emergencia: Con agua, alimentos no perecederos, botiquín, linterna y radio portátil.
Participar en simulacros: Practicar la evacuación y el “agáchese, cúbrase y agárrese”.
Organismos como la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) trabajan continuamente en la promoción de una cultura de prevención y en la coordinación de la respuesta ante desastres. Según la UNGRD, la educación y la concientización ciudadana son pilares fundamentales para reducir el impacto de los fenómenos naturales.
La reflexión de Cifuentes, si bien ficcional, actúa como un potente recordatorio de que la memoria de los eventos pasados y la conciencia de nuestra vulnerabilidad deben traducirse en acciones concretas. Es un llamado a que cada colombiano asuma su rol en la construcción de una nación más resiliente ante los desastres naturales. Para más información sobre la gestión del riesgo en el país, consulte nuestra sección de noticias de Colombia.
