Deportes
Solo se requiere su voto… (opinión)
El próximo 8 de marzo Colombia volverá a las urnas para elegir Cámara y Senado, y en medio de discursos cruzados y promesas repetidas hay un electorado que pocas veces ocupa el centro del debate: el del deporte.
No es un grupo menor. Son millones de ciudadanos que entienden el deporte no como espectáculo ocasional, sino como proyecto de vida, una herramienta de transformación social y como parte del mejoramiento de la salud mental. Todo eso solo requiere un voto, su voto.
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El deporte debería tener peso en la campaña electoral
Si los candidatos y candidatas quieren conquistar a los indecisos, deben dejar de ver el deporte como un asunto decorativo de campaña y asumirlo como una política estructural que requiere decisiones legislativas de fondo, donde senadores y representantes a la cámara tienen verdadero poder. Su trabajo no solo es posar con los medallistas.
El primer gran compromiso debería ser la modernización integral de la Ley 181 de 1995 (ley del deporte). Han pasado más de tres décadas desde su promulgación y, aunque ha tenido algunos ajustes, el país deportivo de hoy es muy distinto al de entonces.
Las dinámicas del alto rendimiento, la profesionalización de la gestión, la transparencia en federaciones, el papel del deporte escolar y universitario, e incluso la irrupción de nuevas disciplinas, exigen un marco normativo renovado.
No se trata de maquillar artículos, sino de repensar el sistema deportivo colombiano con una visión moderna, articulada y coherente con los desafíos sociales actuales. Repensar tampoco fue crear el Ministerio del Deporte.
El presupuesto para el deporte, otra discusión
Lo más cierto de todo esto es que ninguna reforma será real si no está acompañada de dinero, se necesita inversión. El Congreso tiene en sus manos una herramienta poderosa: la aprobación del Presupuesto General de la Nación.
Presupuesto general Foto:Archivo ELTIEMPO
En los últimos años el deporte ha sufrido recortes que se sienten en la base, en los procesos formativos y en el mantenimiento de escenarios. Acá la apuesta debe ser por quien se comprometa a defender un aumento progresivo y sostenido del presupuesto, entendiendo que el deporte no es un lujo sino una inversión en salud pública: ayuda en la prevención de la violencia, de la drogadicción y hasta podría ayudar en la reconstrucción del tejido social, tan quebrantado en Colombia.
A esto se suma la evidente desconexión entre el Ministerio del Deporte y los entes territoriales. En los municipios se desarrollan programas fundamentales para el buen uso del tiempo libre y la promoción de la salud, esto ya no para el deporte de alto rendimiento, sino para la comunidad en general: el vecino, la señora de la tienda, los recién pensionados.
El resultado es dispersión de esfuerzos y oportunidades perdidas. El Senado debe ejercer control político para garantizar coordinación real, apoyo técnico y llegada efectiva de los recursos a donde más se necesitan: los barrios, las veredas y las escuelas. Si se quiere prevenir en salud acá hay una herramienta poderosa.
Además, fuera del alto rendimiento y las medallas, la actividad física y recreativa cumple un papel silencioso pero decisivo en la salud mental de las personas. Participar en torneos comunitarios o asistir a clases grupales en un parque no solo mejora la condición física, sino que baja la ansiedad, combate la depresión y fortalece los vínculos, es una posibilidad de relacionamiento en una sociedad cada vez más conectada, pero menos presente.
Actividad física Foto:Istock
En un país donde el estrés cotidiano, la incertidumbre económica y la violencia impactan el bienestar emocional, promover el ejercicio regular desde lo comunitario es una estrategia de prevención en salud mental de bajo costo y alto impacto. No se trata de formar campeones, sino de garantizar espacios seguros y accesibles donde niños, jóvenes y adultos encuentren en el movimiento una herramienta para liberar tensiones, construir comunidad y recuperar el equilibrio emocional.
Modernizar la ley, fortalecer el presupuesto y reconectar la política nacional con los territorios no son consignas de campaña, son tareas legislativas concretas, no promesas. El 8 de marzo no solo se elegirán nombres; se decidirá si el deporte sigue siendo una promesa recurrente o se convierte, por fin, en una prioridad de Estado.
Opinión
Camila Espinosa Aristizábal
Para EL TIEMPO
@Camilanoticia
