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“Pasiones Enlazadas: El Último Tango de Jorge Barraza”

Fue como ingresar al Louvre o al Prado y conmoverse con La Gioconda o Las Meninas… Como aquel recital de Freddie Mercury en Wembley… Como Ennio Morricone interpretando Cinema paradiso en Venecia… Como E. T. cuando se eleva con la bicicleta y escapa de los malvados… Como “Tengo un sueño”, el discurso de Martin Luther King… Como Marlon Brando y Al Pacino dialogando a solas en El Padrino… Como una película de Darín o Francella que te hace reír o reflexionar… Fue Gardel entonando Volver en la cubierta del vapor… Fue Frazier y Ali festejando el combate de la historia en el Madison Square Garden… Fue Piazzolla mirando intensamente el bandoneón y arrancándole Adiós Nonino… Fue el Barcelona de Xavi, Iniesta y Messi…
Se asemejó a todo eso. Un espectáculo increíble, la sublimación del “tómala vos, dámela a mí”, del Tiki Taka, una obra maestra de aquellos chicos que la rompían en el campito de su barrio, ya transformados en adultos, en profesionales que ganan millones, pero que no han perdido la esencia lúdica del potrero.
De vez en cuando renovamos el concepto: somos peregrinos de una fe inquebrantable, la de la pelota. Podemos soportar diez años de encuentros desalentadores y resistirlo. Nos inspira el espíritu del garimpeiro, que sobrevive años escarbando las entrañas del Amazonas buscando la veta de oro que lo justifique todo, que reconozca su miseria, su obstinación. Somos garimpeiros del fútbol. Atravesamos copas, cruzamos torneos, navegamos eliminatorias, escalamos Mundiales, casi perecemos en supercopas y recopas, en ligas holandesas o belgas, sobrevivimos a días, semanas, meses de monotonía futbolística, todo por descubrir un filón que nos brinde felicidad. De repente, notamos un destello bajo la capa de barro. Lavamos la piedra con ansiedad y aparece este Argentina 4-Brasil 1 del martes, el lingote por el que tanto esperamos, la maravilla que compensa tanta ilusión.
Un triunfo que vale oro, por puntos y por juego
Cuando se encuentran la clase, el carácter, la contundencia y el deseo, suceden cosas como las de Argentina la otra noche. Eso fue lo que durante décadas conocimos como “la nuestra”. Desde pequeños nos repetían: “Hay que regresar a la nuestra”. La nuestra es el toque, la circulación, mover el balón, jugarlo para aquí, para allá, como táctica de desorientación del adversario. Pero jugarlo al pie, con maestría y precisión. Y con el pase fuerte, tal como menciona Bielsa: “El pase, contundente, luego la técnica de control”. Fue un festival que vale el doble porque enfrente estaba Brasil, un Brasil afectado ahora, pero dueño de una historia única y de una cultura de saber jugar, la patria de Pelé y Garrincha que jamás pierde el estatus de superpotencia. De haberlo logrado ante cualquier otro también valía, pero la Verdeamarilla añade marco dorado.
Hace menos de un mes le dedicamos una columna a Alisson, el impresionante arquero brasileño del Liverpool. Cuando un futbolista tiene una actuación tan extraordinaria como la suya ante el Paris Saint-Germain, merece una mención especial. No es una situación común en el fútbol. El mundo quedó sorprendido. “Creo que es una de las mejores actuaciones de un portero que he visto en mi vida”, afirmó, maravillado, Peter Schmeichel, el sensacional guardameta danés del Manchester United en los 90. Lo mismo sucede con esta victoria de Argentina sobre Brasil. El marcador de 4 a 1 es anecdótico; trascienden las formas. Fue un espectáculo para recordar toda la vida. Es indudablemente, la actuación más brillante de la Selección Argentina en sus 123 años de historia, tanto por juego, mentalidad y espíritu colectivo. Es imposible jugar mejor.
“No es exagerado plantear que el fútbol de Argentina contra Brasil fue el mejor que el ámbito internacional de este deporte ha presenciado en años”, escribió Michael Fox, reconocido analista.de The Athletic. “Argentina comenzó y conservó el esférico durante dos minutos antes de que los visitantes conseguirán su primer contacto. Esos 42 pases continuos desde el arranque fueron una clara manifestación de sus intenciones. Como comparación, ha habido 289 enfrentamientos de la Premier League esta temporada, y ningún equipo ha logrado completar más de 11 pases consecutivos desde el inicio… Esto fue algo excepcional. Argentina estaba dejando en claro su plan y preparándonos para una de las más impresionantes exhibiciones futbolísticas de selecciones que se puedan presenciar”, prosiguió.
Ya había proporcionado una notable exhibición superando a Uruguay en Montevideo cuatro días antes, aunque no tan brillante. Sin Messi y Lautaro Martínez, demostró nuevamente el carácter de un conjunto formidable, que no se relaja, no se desmotiva y desea seguir triunfando. Si el Mundial se realizara en junio sería realmente complicado arrebatarle el título, pero 2026 es otra historia, en un año y tres meses pueden suceder muchas cosas en el fútbol. Sin embargo, la impresionante personalidad de cada uno de sus miembros permite volver a ubicarlo como candidato principal. De Paul, Mac Allister, Cuti Romero, Otamendi, Dibu Martínez, Tagliafico, Julián Álvarez, Enzo Fernández, Paredes, Thiago Almada… cracks de pierna firme y temperamento sólido. De corazón ardiente.
Argentina vs. Brasil Foto:EFE
Es un equipo impresionante que priva al adversario de hacerse con el balón, sabe encontrar el gol y gestiona excepcionalmente las emociones durante los partidos. Tiene la astucia de un cazador en la pradera. Ya han logrado todo, pero aspiran a más. Liderando el pensamiento, Scaloni se asemeja al rey Salomón en sabiduría, prudencia y equidad. Así como esta selección superó a las de 1978 y 1986, el director técnico de Santa Fe ha superado a Menotti, Bilardo, Labruna, Bianchi, Bielsa, Pekerman, Juan Carlos Lorenzo, Basile, Pastoriza, Gallardo, Simeone…
Horas antes del clásico, en el pódcast de Romario, Raphinha, un poco instigado por el exgoleador, afirmó: “Les vamos a dar una paliza, dentro del campo y, si es necesario, afuera también”. Eso le marcará para siempre, fue carne de memes. Como escribió un tuitero español: “Scaloni no necesita decirles nada, la labor de motivación ya la realizó Raphinha”. Exactamente. Los albicelestes salieron con la determinación y los atropellaron, los avasallaron. “Fue una vergüenza”, el término que ratificó toda la prensa brasileña. “Deshonra”, “baile”, “catástrofe”, otros.
Raphinha, jugador de la Selección de Brasil. Foto:AFP
Muchos exfutbolistas brasileños estaban consternados tras la derrota: “Hubo una diferencia enorme entre ambos equipos. Fue 4 a 1, pero podría haber sido más. Un equipo muy bien preparado, de jugadores que se conocen, que desean jugar, que lucharon cada centímetro del campo, y otro que… es complicado hablar”, manifestó escuetamente Felipe Melo. El ahora comentarista de televisión, Denilson, opinó con tristeza: “Me siento avergonzado. Desde el minuto 3, los hinchas ya estaban coreando ‘Ole’. Brasil estuvo mucho tiempo sin tocar el balón. No recuerdo un partido de la Selección Brasileña tan deficiente técnica y tácticamente”. Neto, aquel número 10 del Corinthians, fue categórico: “El 4-1 no refleja el 7-1, es un reflejo de jugadores que solo se enfocan en la Champions League. Si les preguntan a los jugadores argentinos si prefieren la Champions League o la Copa América, ellos quieren abrir…la Copa América. Si les consultan a ellos si están fatigados de jugar en la selección, ellos llegan con la pierna rota”. Y Marcelinho Carioca estaba indignado: “¿Golpiza a ellos…? ¿(Raphinha), un niñato que no hizo nada, que carece de trayectoria, se atreve a hablar contra los argentinos en una instancia de estas…? ¿Usted sabe contra quién se enfrentó hoy…? Contra el monarca mundial. Un conjunto organizado, repleto de calidad, que maneja la pelota. De Paul, Mac Allister, todos… Está loco… Una deshonra”.
Último tango…
Jorge Barraza
Para EL TIEMPO
@JorgeBarrazaOK
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