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Tom Hanks improvisó esta frase de ‘Forrest Gump’ sin saber que sería una de las más recordadas

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¿Sabías que una de las frases más icónicas del cine de los años 90 no estaba en el guion y nació de una improvisación? Ese pequeño gesto explica bastante bien por qué Forrest Gump arrasó en su estreno y por qué, más de tres décadas después, sigue ocupando un lugar privilegiado en la memoria colectiva del cine.

Estrenada en 1994, la película no solo fue un éxito rotundo de taquilla, sino un fenómeno cultural. Ganó seis premios Oscar, incluidos mejor película, mejor director y mejor actor, y confirmó a Tom Hanks como uno de los intérpretes más sólidos y carismáticos de su generación. La clave estuvo en un protagonista aparentemente sencillo que, sin buscarlo, acaba logrando cosas extraordinarias.

Forrest no es un héroe al uso. No destaca por su inteligencia ni por su ambición, no persigue la fama ni el poder. Simplemente avanza. Corre. Escucha. Ama. Y esa forma limpia y directa de enfrentarse a la vida conectó con millones de espectadores. En una época dominada por grandes efectos especiales y héroes invencibles, la historia de un hombre bueno que atraviesa la historia de Estados Unidos casi por casualidad fue un soplo de aire fresco.

Dirigida por Robert Zemeckis, la cinta supuso la primera colaboración entre el cineasta y Hanks, una dupla creativa que más tarde repetiría en Náufrago y Polar express. Zemeckis apostó por una combinación arriesgada de drama, comedia y una tecnología entonces pionera para integrar al personaje en imágenes reales junto a presidentes y acontecimientos históricos. En su momento fue revolucionario y, visto hoy, sigue funcionando con una naturalidad sorprendente.

Y es aquí donde entra en juego la frase improvisada. La escena ocurre cuando el protagonista se alista en el ejército y conoce a Bubba, quien se convertirá en su mejor amigo. Tras presentarse con su nombre completo y explicar el origen de su apodo, la respuesta llega sin pensar: «Me llamo Forrest Gump. La gente me llama Forrest Gump». Esa línea no figuraba en el guion. Fue una ocurrencia espontánea de Tom Hanks durante el rodaje. A Zemeckis le bastó escucharla una vez para saber que no debía cortarla: en una sola frase estaba condensada toda la esencia del personaje, su literalidad, su inocencia y su honestidad desarmante.

Forrest Gump se presenta a Bubba

No fue el único detalle que nació casi por accidente. El característico acento sureño también fue una aportación del actor, inspirado en el niño que interpreta al personaje en su infancia. Y la famosa pluma que abre y cierra la historia, flotando sin rumbo, se convirtió en uno de los símbolos más reconocibles del cine de los noventa, aunque su significado sigue dando pie a múltiples interpretaciones.

La película está repleta de frases que ya forman parte del imaginario popular. Desde el eterno «¡Corre, Forrest, corre!» hasta la inolvidable lección de su madre: «La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar». Esta última sí estaba escrita y terminó definiendo la filosofía emocional del relato. También hay curiosidades menos conocidas. El banco donde el protagonista cuenta su historia fue retirado tras el estreno para evitar que se convirtiera en un lugar de peregrinaje constante. Además, muchas de las escenas de carrera se rodaron sin permisos, con transeúntes reales que no sabían que estaban apareciendo en una película.

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