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Trump: “El primer deber del Gobierno es proteger a los ciudadanos estadounidenses, no a los inmigrantes ilegales” | Inmigración en Estados Unidos

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Durante su discurso sobre el estado de la Unión, Donald Trump ha dejado clara la prioridad de su política migratoria. “El primer deber del Gobierno es proteger a los ciudadanos estadounidenses, no a los inmigrantes ilegales”, ha dicho ante el Congreso este martes. Su afirmación ha llevado al momento más tenso de la noche: el presidente ha pedido a los congresistas que se pusieran de pie si estaban de acuerdo con lo que acababa de decir. Solo se han levantado los republicanos, que han aplaudido durante varios minutos. “Debería darles vergüenza”, ha apuntado el mandatario sobre los demócratas, sacudiendo la cabeza.

Trump ha aprovechado la escena, mientras los demócratas permanecían inmóviles y mudos, para exigir que se apruebe la financiación del Departamento de Seguridad Nacional, cuyo presupuesto expiró a mediados de este mes después de que el partido azul se negara a financiar la agencia encargada de la policía migratoria sin antes reformarla. Las negociaciones para acabar con el cierre parcial del Gobierno continúan sin visos de un acuerdo a corto plazo. Este martes se ha producido la última votación en el Senado para tratar de desbloquear la situación, pero las posturas siguen alejadas y los analistas creen que el cierre se prolongará hasta al menos principios de marzo.

Para aprobar el financiamiento del departamento, los demócratas exigen que se imponga una serie de límites al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), el brazo ejecutor de la campaña de detenciones y deportaciones masivas de Trump y cuyos agentes se han convertido en el rostro violento de esa cruzada. Entre sus peticiones, exigen que se impida que los agentes vayan enmascarados y sin identificaciones visibles, se acaben las redadas aleatorias y que se exija que los oficiales tengan órdenes judiciales para realizar arrestos. También quieren prohibirles hacer redadas cerca de colegios, hospitales y otros centros públicos, considerados “lugares sensibles” donde no se podían realizar arrestos hasta que Trump volvió al poder el año pasado y acabó con la norma.

El único punto en el que ambos partidos están de acuerdo es en que los agentes lleven cámaras corporales, pero la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, ya había anunciado que lo harían después de la muerte de Alex Pretti, un enfermero de intensivos de 37 años matado a tiros por agentes migratorios en enero pasado mientras protestaba contra las redadas.

La muerte de Pretti y la de otra estadounidense, Renee Good, madre y poeta de la misma edad del enfermero, en la ciudad de Minneapolis —que el mes pasado se convirtió en el epicentro de la ofensiva migratoria de Trump con un megaoperativo de miles de agentes— dio pie a protestas masivas en todo el país y llevó al debate para reformar el ICE y la Patrulla Fronteriza, también dependiente del Departamento de Seguridad Nacional.

Una frontera sellada

En un discurso de dos horas, Trump ha vuelto al tema de la inmigración una y otra vez. Además de repetir lo que ha venido diciendo desde la carrera presidencial de 2024 —que la inmigración equivale a un aumento de la delincuencia y que su predecesor, Joe Biden, llenó Estados Unidos de criminales, violadores y asesinos durante su mandato—, el republicano ha celebrado su campaña de detenciones y deportaciones masivas y ha asegurado que, bajo su liderazgo, las fronteras del país están más seguras que nunca. “Lo único que se interpone entre los estadounidenses y una frontera totalmente abierta en este momento es el presidente Donald J. Trump y nuestros grandes patriotas republicanos en el Congreso”, ha afirmado.

Durante su primer año de vuelta en la Casa Blanca, el republicano ha sembrado el terror y el caos entre las comunidades migrantes de todo el país, habiendo tomado como objetivo grandes ciudades demócratas como Los Ángeles, Chicago o la propia capital, Washington, con operaciones masivas de control de la inmigración. Bajo su mando, el ICE ha más que duplicado sus filas con un histórico presupuesto aprobado en verano pasado, por lo que no se ha visto afectado por el cierre del Departamento de Seguridad Nacional. Los arrestos de migrantes se han disparado y los centros de detención están desbordados. Unas 2,2 millones de personas se han autodeportado y más de 675.000 han sido expulsadas por el Gobierno, según los últimos datos oficiales de finales de enero.

Además, el Gobierno ha puesto fin a las protecciones legales de cientos de miles de personas que llegaron a EE UU con permisos de trabajo y que ahora pasan a engrosar la lista de indocumentados deportables. Es un hecho que Trump ha preferido obviar durante su discurso al afirmar: “En los últimos meses, no se ha admitido a ningún inmigrante ilegal en Estados Unidos. Pero siempre permitiremos la entrada legal a aquellas personas que amen nuestro país y que trabajen duro para mantenerlo”.

Al discurso de este martes han acudido como invitados de los congresistas demócratas más de una docena de personas afectadas por la política migratoria de Trump. El senador por Nueva York Chuck Schumer, líder de la minoría, invitó a Raiza Contreras, cuyo hijo, Dylan López Contreras, fue el primer estudiante de una escuela pública de la ciudad de Nueva York en ser detenido por agentes de inmigración el año pasado. Junto a la representante de Minnesota Ilhan Omar, que ha sido blanco de los ataques de Trump, acudieron cuatro testigos del megaoperativo migratorio lanzado en el Estado. Marimar Martínez, una mujer de Chicago que recibió cinco disparos de un agente de la Patrulla Fronteriza, acompañó al representante de Illinois, Jesús García.

Por su parte, Trump invitó a familias que han perdido a seres queridos por delitos cometidos por inmigrantes, como parte de su estrategia para equiparar la inmigración con la criminalidad, a pesar de que los datos no demuestran que los migrantes cometen más crímenes que los nativos. Entre sus invitados estuvo la familia de Dalilah Coleman, una niña de cinco años que en 2024 resultó herida en un choque múltiple causado por un migrante que conducía un camión comercial de 18 ruedas en California. Según el presidente, el hombre era “un extranjero ilegal admitido por Biden” y el accidente provocó que la niña no pudiera caminar o hablar durante un tiempo. Citando su caso, Trump anunció que instaría al Congreso a aprobar “la Ley Dalilah, que prohíbe a cualquier Estado conceder permisos de conducir comerciales a inmigrantes ilegales”.

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