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Las baterías son el corazón de cualquier coche eléctrico. Su salud define la autonomía, las prestaciones e incluso el valor residual del vehículo. Por eso, cualquier aviso relacionado con uno de los componentes más sensibles de un eléctrico es noticia importante en la industria. Y eso es exactamente lo que acaba de ocurrir: EV Clinic, uno de los talleres especializados en reparación de vehículos eléctricos más reputados de Europa, ha encendido las alarmas en torno a un tipo concreto de batería montada por Tesla.
EV Clinic, con sede en Croacia y considerado un referente técnico en el diagnóstico y la reparación de sistemas de alto voltaje, ha detectado fallos generalizados y daños “catastróficos” en las baterías NCM811 fabricadas por LG Energy Solutions en la planta china de Nanjing. Estas baterías se montan en determinados Model 3 y Model Y de Gran Autonomía y Performance destinados a Europa ya una parte del mercado asiático.
El problema no es menor: según las conclusiones del taller, existe una diferencia de calidad muy significativa entre estos módulos energéticos y las baterías NCA fabricadas por Panasonic en Estados Unidos, también utilizadas por Tesla.
EV Clinic resume su análisis con contundencia: las baterías NCA de Panasonic suelen superar los 400.000 km antes de presentar fallos relevantes, y además son reparables, lo que permite extender su vida útil. Las baterías NCM de LG, por el contrario, comienzan a mostrar signos de fatiga severa en torno a los 240.000 km, y lo más preocupante es que en el 90% de los casos son irreparables.
La razón es la forma en la que fallan. La degradación es uniforme y afecta a todas las celdas, de modo que sustituir un módulo defectuoso no es viable. Una vez reparada una parte, las demás celdas remanentes suelen fallar poco después, haciendo que la intervención no sea sostenible ni técnicamente ni económicamente.
La expresión utilizada por el taller no deja lugar a dudas: “La degradación es tan severa que hablamos de daños catastróficos. Estas baterías tienden a caer en cascada”.
De ser cierto a gran escala, este patrón representaría un desafío importante tanto para Tesla como para los propietarios de los modelos equipados con estas baterías.
La industria global de las baterías está dominada por seis grandes proveedores. CATL y BYD controlan más de la mitad del mercado, y empresas como Panasonic y LG completan el dominio internacional. Tesla utiliza varias de ellas para abastecer su enorme demanda.
De hecho, en julio pasado Tesla y LG firmaron un acuerdo de 4.300 millones de dólares, válido de 2027 a 2030, para garantizar el suministro de módulos energéticos. La relación entre ambas ya era estrecha, pero la advertencia de EV Clinic pone el foco en un punto concreto: la diferencia entre fábricas y composiciones químicas.
Tesla no ha emitido un comunicado al respecto, pero el aviso llega en un momento en el que muchos compradores empiezan a preocuparse por la segunda vida de las baterías y por el coste de su reemplazo, que puede superar ampliamente los 10.000 euros.
Si se confirma el diagnóstico del taller europeo, los propietarios de modelos con paquetes NCM811 podrían enfrentarse a dos problemas. Una vida útil más corta de lo previsto, especialmente para conductores de alto kilometraje y una posible imposibilidad de reparación, obligando al reemplazo completo en caso de fallo severo.
En un mercado donde cada vez más vehículos eléctricos comienzan a acumular kilómetros, el trabajo de centros como EV Clinic se vuelve imprescindible para entender cómo envejecen estos sistemas.
La advertencia no significa que todos los modelos equipados con baterías LG vayan a fallar, pero sí evidencia algo importante: no todas las baterías de Tesla son iguales, y su comportamiento a largo plazo depende de su química, su origen y su uso.
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