Colombia
un pueblo entero en Magdalena protestó para defender a un campesino acusado de matar a una bebé

El degollamiento de la pequeña Luciana Piña extrema al centro del Magdalena. La niña, de apenas un año y medio, fue hallada sin vida en una finca de Apure y, casi al mismo tiempo que se conoció el crimen, se anunciaba la captura del Por supuesto responsable.
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La versión oficial presentó a Omar José Castellar de Orocampesino de Sabanas de San Ángel, como el hombre que habría matado a la bebé obsesionado con la madre de la menor, una adolescente de 15 años que, según se dijo, no correspondía a sus insinuaciones.
En cuestión de horas, Omar dejó de ser el jornalero conocido por trabajar en fincas de la vereda Basural para convertirse en “el asesino de la bebe“. Las redes lo condenaron, la comunidad lo repudió y un juez lo envió a prisión preventiva. Hacia afuera, el mensaje era claro: la justicia había respondido. Pero en su casa, y en el pueblo donde creció, empezó a tomar fuerza otra narrativa que ponía al hombre como un chivo expiatorio.
“No lo defendemos por familia, lo defendemos porque es inocente”
En la vivienda de los Castellar de Oro no se habla de renuncia, sino de injusticia. Sus familiares, golpeados por la exposición mediática, repiten la misma idea de que a Omar lo encarcelaron sin pruebas sólidas.
Omar José Castellar, el campesino señalado del crimen. Foto:Suministrada por la familia
Un pariente cercano asegura que el dolor no les ha quitado la claridad: “no lo defendemos porque sea de la familia, lo defendemos porque hay evidencias reales que demuestran que no estaba allí”.
Los vecinos refuerzan ese relato. Describe a Omar como un hombre de campo, acostumbrado a madrugar y pasar el día entre ganado, tierra y sol. Una mujer que lo ha visto crecer lo resume con una frase que se escucha en muchas esquinas de Sabanas de San Ángel: “Le dañaron la vida y ni siquiera han investigado bien”.
Para ellos, lo que hay aquí no es la caída de un criminal, sino la destrucción de la reputación de un campesino que, aseguran, jamás habría sido capaz de tocar a una niña.
La abogada Diana Zorro Llegó a este escenario cuando la familia ya había juntado lo poco que tenía para pagar defensa. Cuenta que, al acercarse a la Fiscalía, le dijeron que era un caso claro, que había flagrancia y que la discusión jurídica estaba cerrada antes de empezar. Sin embargo, bastó revisar las primeras declaraciones para que, dice ella, la historia empezara a desarmarse.
¿Dónde estaba Omar cuando mataron a Luciana?
Según la defensa, el día del crimen Omar no estaba en la casa donde fue asesinada la niña, sino en otro punto del corregimiento, a varios kilómetros. La versión la sostienen vecinos que han aceptado declarar bajo juramento. Roberto, compañero de trabajo, asegura que estuvo con él desde antes de las dos de la tarde.
Se pide que valoren testimonios y pruebas que, según ellos, demuestran la inocencia del campesino. Foto:Suministrada por la familia
Horacio Rafael, dueño del restaurante mi patriarecuerda que a esa hora conversaban sobre la construcción de un portón y que el campesino incluso le regaló limones y mazorcas. El abuelo del bebé, quien llegó a la vivienda en medio de la tragedia, afirma que encontró a Omar sentado, calmado, no huyendo.
Esas declaraciones, según la abogada, desmontan la idea de una flagrancia incuestionable. Pero, insiste, no fueron valoradas con el peso que merecían cuando se tomó la decisión de enviarlo a prisión.
La versión que no cuadra con las pruebas.
El eje de la acusación es el testimonio de la madre de la menoruna adolescente de 15 años. Ella sostiene que Omar entró a la casa, le arrebató a la niña de los brazos, la apuñaló y salió corriendo. Lo describe con una vestimenta específica y dice que se llevó el cuchillo manchado de sangre. Pero al contrastar su relación con las evidencias y los informes técnicos aparecen fisuras profundas.
Familias completas se unieron a la protesta pacífica. Foto:Suministrada por la familia
Según la abogada, la ropa que ella asegura que él vestía no coincide con la que tenía cuando fue detenido. El arma homicida no fue hallada en manos del campesino ni en el camino de huida, sino sobre una repisa de la propia vivienda. La joven habla de dos heridas, mientras Medicina Legal reportó tres.
Afirma que él llegó y huyó a caballo por un camino hacia el ríopero los vecinos aseguran que nadie oyó galope alguno y que ese trayecto es casi imposible para un animal. También ha cambiado de versión sobre el lugar de la casa en el que ocurrió el ataque y sobre una supuesta discusión previa entre Omar y el abuelo de la niñaque este último niega.
Para la defensa, estas contradicciones no son detalles menoressino señales de alarma que debían obligar a revisar la historia desde el principio, más aún tratándose del relato de una menor de edad.
Una madre adolescente, un bebé vulnerado y un Estado ausente
Al revisar el contexto, la abogada se encontró con un vacío en el seguimiento institucional a la madre ya el bebe antes del crimen. En la vereda se habla de un adolescente con posibles dificultades cognitivas, de episodios de comportamiento extraño y de una maternidad cruzada por carencias extremas. Vecinos recuerdan antecedentes de desnutrición en la niña y mencionan rumores de un intento anterior de hacerle daño que nunca fue esclarecido.
Habitantes de Sabanas de San Ángel, marchando vestidos de blanco. Foto:Suministrada por la familia
Para Zorro, este contexto revela un abandono estatal doble. Primero, hacia una joven madre y su hija, que vivían en condiciones de riesgo sin protección efectiva. Después, cuando el crimen se hizo mediático, hacia el derecho a un proceso serio: la reacción fue rápida, pero, según ella, dirigido a mostrar un “resultado” más que a buscar la verdad de fondo.
La marcha que puso al pueblo del lado del acusado
La tensión acumulada terminó desbordándose en las calles. Cientos de habitantes de Sabanas de San Ángel marcharon vestidos de blanco, con pancartas en las que se leía “Omar es inocente”, “No más falsos positivos judiciales” y “La justicia no se improvisaAlgunos lloraban mientras caminaban; otros avanzaban en silencio, como si acompañaran a un sentenciado hacia el cadalso.
Un comerciante que cerró su negocio para unirse a la movilización lo dice sin rodeos: “A cualquiera de nosotros nos puede pasar”. Un amigo del campesino es aún más directo: “Si lo dejamos solo, lo matan dos veces: en la cárcel y en la opinión pública”.
Hoy, Omar sigue en una celda, presentado como resultado de una investigación. Su familia, sin recursos, ha tenido que vender y empeñar lo poco que tiene para pagar abogados. La defensa asegura que ya hay soporte testimonialtécnico y jurídico suficiente para desmontar la acusación y sostiene que la propia Fiscalía sabe que Será difícil mantenerlo detenido por mucho tiempo más.
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En Sabanas de San Ángel, sin embargo, nadie habla de victoria anticipada. Saben que, aun si recupera la libertad, el nombre de Omar ya quedó asociado al Crimen más doloroso que recuerdan.
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Pagaba una pena de 28 años. Foto:
Por Roger Urieles, para EL TIEMPO Santa Marta. En X @rogeruv







