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Colombia

“Melodías de Media Tarde: El Sueño Capricorniano y la Intrépida Mosca en el Cristal”

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“Una canción para la siesta”: un objetivo capricorniano y una mosca chocando contra un vidrio

En el evento de Una canción para la siesta, la actriz y escritora Laura Nevole me preguntó si existía alguna imagen que me inspirara. En realidad, no había una imagen que iniciara la novela, pero sí había una que había estimulado mi proceso de escritura: una mosca golpeando un cristal durante tres meses. Yo era la mosca y el cristal simbolizaba la voz de Juan Forn.

Así fue en 2020. Pasaba 16 horas diarias en la universidad, aprovechando cualquier rato libre para seguir creando música y escribir. En ese marco, una tarde, mi colega Hernán regresó a casa y, al saber que era una especie de admiradora silenciosa de Juan Forn, me mencionó que había tenido una junta con él para un proyecto. “Él tiene un taller”, dijo, y me facilitó un correo.

Escribí de inmediato y él me respondió, indicándome que había un lugar disponible en su taller. Siempre estaré agradecida a esa persona despistada que dejó pasar esa oportunidad.

Así que empecé con un objetivo algo irracional: organizar todos mis cuentos anteriores y editarlos, como si la literatura tuviese que ver con ser minuciosos. Presenté el primer cuento y fracasé. Una mosca estrellándose contra un vidrio, durante tres meses. Cada relato que llevaba era otro golpe contra ese vidrio impenetrable. ¿Qué deseas narrar, Victoria? Ante la insistente pregunta y la necesidad de aportar algo al taller para dejar de lastimarme, surgió un personaje que llevaba tiempo rondando en mi mente. Una canción para la siesta no es autobiográfica, pero es una historia que me ha estado acechando como esos perros que deambulan por el campo. No sabía por dónde empezar, así que organicé 13 notas sobre este personaje y su entorno. Escribí velozmente, revisé y eliminé para que fluyera aún mejor. Eso fue lo que llevé.

"Una canción para la siesta",
“Una canción para la siesta”, de Victoria Gandini

Leí y, aunque no recuerdo las palabras exactas de Forn, supe que era mi puerta de entrada a algo genuino. Así empezamos. Quisiera hacer un paréntesis en este punto. Soy educadora desde los 16 años, colaborando en las clases de equinoterapia en un centro equino local; continué dando clases de piano durante muchos años y actualmente enseño en la universidad. Sin embargo, participar en esas clases observando a Forn fue una vivencia diferente. Su dedicación es asombrosa. Y al llegar a la quinta lectura, en junio de 2021, Forn falleció inesperadamente, justo en el cumpleaños de mi hermano.

Acto seguido, hice lo que mejor sé hacer: redacté un proyecto y lo presenté al Fondo Nacional de las Artes. Gané la Beca Creación en letras. Estaba frente a la pantalla esperando el anuncio de los ganadores. ¿Y ahora qué? ¿Con quién comparto este camino? Tenía claro que no podría hacerlo sola.

No dudé en pensar en Mauricio Kartun. Busqué su correo en Google y le escribí. “Hola… es mi primera novela… acabo de recibir esta beca…”, etc. En menos de una hora, me respondió un email diciéndome que la escritura era sólida y natural. Era motivador, pero también me alertaba que su perspectiva sería desde un lugar diferente. Luego me preguntó cuáles eran las dificultades que me llevaron a buscar una supervisión. Se lo expliqué.

La novela narra la historia desde cuatro voces femeninas en primera persona que iluminan diferentes aspectos de la trama. Busqué un enfoque polifónico, mas no jerárquico. Cada voz debía tener su propio ritmo y timbre. La cuestión era: ¿cómo hacer que el lector escuche el tono de una voz leída? Eso era lo que necesitaba explorar. Tuvimos tres encuentros que se convirtieron en los mejores.

días de mi existencia. No es frecuente tener tal fortuna. No es normal recibir tanto apoyo.

Juan Forn (Martín Rosenzveig)
Juan Forn (Martín Rosenzveig)

Se transcurrieron casi dos años de ajustes, lo cual contrasta con el año que me llevó golpear ese cristal y escribir. Retomé una de las cuestiones de Forn: ¿A qué autores invitarías a tu mesa? No titubeé. Seleccioné Amuleto, de Bolaño, La analfabeta, de Agota Kristof, y Corazones, de Forn. Opté por Bolaño debido a esa voz femenina que se desplaza como un espectro a lo largo de la narración, guardiana de una memoria, creativa, juguetona y sumamente aguda. Kristof, porque no hay otra voz que combine crudeza y dulzura de forma tan sobresaliente. Forn, porque su obra, contada en segunda persona, crea una conexión tan profunda que te atrapa desde la primera hasta la última palabra. Cada vez que me sentía desorientada o cuando el lenguaje se volvía complicado, abría el libro que me motivara, leía en voz alta un fragmento y regresaba a mi escrito. Esta fase de revisión tuvo dos pautas: 1. (que yo misma establecí): Proteger los rincones de la narrativa, enriquecer el texto con imágenes que permitieran a los personajes decidir cómo lidiar con sus pasados y presentes. 2. (sugerencia de Kartun): Mantener alerta la moral, evitando emitir juicios sobre el sufrimiento. No es tu responsabilidad determinar lo que es correcto o incorrecto en la vida de los personajes.

Después de eso, llegó el instante de lanzarse a la piscina desde un noveno piso y esperar que alguien conectara con tu narración. En mi caso, solo necesitaba que Larría Ediciones se presentara para abrir esa ventana y dejar que la mosca volara hacia donde quiera que vayan las moscas.




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