Colombia
Universidad del Magdalena regula ventas ambulantes de estudiantes por desorden y denuncias de microtráfico en el campus
Durante años, camina por los pasillos de la Universidad del Magdalena ha significado encontrarse con algo más que clases, ambientes académicos o actividades culturales. Entre aulas y zonas verdes crecieron de forma descontrolada un fenómeno de rebusque estudiantil.
Al menos 500 estudiantes ya habían encontrado en las ventas ambulantes una forma de sostener su vida universitaria. Dulces, comidas rápidas, accesorios, bebidas y todo tipo de productos circulan diariamente dentro del campus, sin restricciones formales. Para muchos, era la única alternativa.
“Yo vendo porque si no, no podría pagar transporte ni materiales. Mis papás ayudan, pero no alcanza”, cuenta Laura Sánchez, estudiante de séptimo semestre, quien durante dos años comercializó postres caseros entre clases.
Hasta este año, esa dinámica fue tolerada. Pero la situación cambió.
La decisión que subió el debate
El rector de la institución, Pablo Vera Salazar, decidió intervenir tras recibir quejas y denuncias que, según explicó, evidenciaban que el fenómeno había dejado de ser exclusivamente estudiantil y con un fin beneficio.
Pablo Vera, rector de la Universidad del Magdalena. Foto:Prensa Universidad del Magdalena
De acuerdo con la Rectoría, actores externos comenzaron a infiltrarse en el campus utilizando a estudiantes para comercializar productos sin control e incluso, en algunos casos, intentar distribuir sustancias psicoactivas.
“Esto había necesariamente que controlarlo y no con una política de prohibición, sino de formalización y regulación.”, afirmó el rector.
La medida incluyó nuevas reglas para las ventas y la creación de una Zona de Emprendimiento, un espacio diseñado para organizar la actividad comercial sin afectar el entorno académico.
La decisión generó aplausos y críticas casi inmediatas.
Formalizar para ordenar
La Universidad construyó un espacio de 730 metros cuadrados, con 64 módulos equipados, energía eléctrica, ventilación y conectividad wifi, mediante una inversión cercana a 998 millones de pesos, con apoyo del Gobierno Nacional.
El lugar busca concentrar los emprendimientos estudiantiles y evitar que las ventas se realicen en salones, pasillos o zonas destinadas a actividades académicas.
Jóvenes emprendedores ofrecen sus productos en módulos organizados dentro del campus. Foto:Unimagdalena
“Formalizar no es prohibir, es ordenar”, reiteró Vera Salazar en comunicados y videos difundidos tras la polémica.
Actualmente, cerca de 70 unidades productivas estudiantiles operan en esta zona, acompañadas por el Centro de Innovación y Emprendimiento, que ofrece mentorías y asesorías para convertir las ideas en negocios sostenibles.
Según datos institucionales, los proyectos formalizados generan en promedio 99 empleos mensuales, registran un crecimiento del 20 por ciento en clientes y alcanzan ventas superiores al millón de setecientos mil pesos por unidad.
Para algunos estudiantes, el cambio ha sido positivo.
“Antes vendía caminando todo el día. Aquí tengo un punto fijo y más confianza de los clientes. Mi negocio se ha potenciado”, afirma María Camila Gutiérrez, emprendedora estudiantil que logró formalizar su proyecto económico.
La otra cara: preocupación e incertidumbre
Sin embargo, no todos celebran la regulación.
Los voces de vendedores ambulantes reconocen la necesidad de organización, pero advierten que los espacios disponibles no alcanzan para todos.
“El problema es que muchos somos más. Si solo algunos pueden entrar, ¿qué pasa con los demás?”, señala Andrés Rojas, estudiante que vende sándwiches artesanales.
En este espacio se espera formalizar las ventas dentro del campus. Foto:Unimagdalena
La preocupación principal es económica: muchos dependen totalmente de estas ventas para continuar estudiando.
Además, algunos críticos recordaron en redes sociales que el propio rector, en sus inicios, fue vendedor ambulante en playas y calles de Santa Marta, argumento que avivó el debate público.
El directivo respondió directamente:
“Sabemos que muchos estudiantes venden para apoyarse económicamente y eso es legítimo. Yo lo hacía. Precisamente por eso queremos que lo hagan en condiciones adecuadas y segurass”.
Seguridad y control institucional
Más allá del emprendimiento, la Universidad sostiene que la regulación responde a una necesidad mayor: proteger el campus.
Estudiantes y docentes habían manifestado inquietudes por el ingreso de personas ajenas a la comunidad universitaria que intentaban aprovechar el desorden comercial para operar dentro del recinto.
Por ello, la institución avanzó el fortalecimiento de controles de acceso e identificación.
“Quien ingresa debe ser estudiante, profesor o visitante autorizado. No es burocracia, es protección colectiva”, explicó el rector.
La administración insiste en que la medida no busca restringir oportunidades, sino blindar el entorno académico frente a riesgos externos.
Entre la necesidad y el orden
El caso de la Universidad del Magdalena refleja una realidad extendida en la educación superior colombiana: estudiantes que estudian mientras sobreviven económicamente.
La formalización intenta equilibrar dos tensiones inevitables: el derecho al rebusque y la obligación institucional de garantizar seguridad y orden académico.
Mientras algunos jóvenes ven en la Zona de Emprendimiento una oportunidad de crecimiento empresarial, otros aún buscan un espacio dentro del nuevo modelo. La disputa sigue abierta.
Porque detrás de varios puestos de ventas improvisadas había algo más que un rebusque: había matrículas por pagar, pasajes diarios, sueños profesionales y una generación que convirtió el campus en su lugar de lucha económica.
Ahora, la universidad apuesta por transformar ese rebusque en empresa. El reto será lograr que nadie quede por fuera del proceso.
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