Empapado, con el rostro serio y la bicicleta temblando sobre el asfalto mojado, Vingegaard levantó los brazos con una mezcla de rabia y alivio. Pidcock y Ameida, que no contó con la ayuda de un Ayuso quedado, entraron por detrás. La etapa riojana, que devolvía a la Vuelta una cima con historia, Vingegaard despejó cualquier duda y demostró que es el gran rey de esta Vuelta.
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